Ligia Helena Borrero

LIGIA HELENA BORRERO

Las Memorias conversadas® son historias de vida escritas en primera persona por Isa López Giraldo.

Soy una mujer producto de cruces de caminos, de historias, de oportunidades y vivencias, con un entorno familiar sólido en el que la presencia femenina ha sido determinante. Tengo un carácter fuerte, soy valiente, extrovertida, firme y racional, pero también vulnerable y apasionada en todo lo que emprendo. Me acompañan hoy la serenidad y sabiduría que da la edad, por lo menos eso espero, y también la satisfacción del deber cumplido.

ORÍGENES – RAMA PATERNA

El apellido Borrero proviene de Alosnos, Andalucía, España. Llegó a América por Ecuador y a Colombia por la Plata, Huila. Algunos se establecieron en Cali y otros en el Huila, en Gigante y Neiva. Tuvimos general, Arturo Borrero, de quien tengo una foto en la Embajada de Colombia en Lima en 1921 con José Eustasio Rivera; pintor, Ricardo Borrero Álvarez; un buen precursor del Impresionismo; y dos presidentes. Paremos ahí.

Mi bisabuelo, Joaquín Borrero Salazar, tuvo fincas muy grandes en Neiva, su casa estaba dominada por un patio central y era abierta, según me contaban mis tías abuelas.  Las tierras eran su patrimonio y se perdieron.  

Mi bisabuela se llamaba Luisa Perdomo. Mi abuelo, Guillermo Borrero, siempre vistió de lino y zapatos blancos y fue el único hijo varón entre mujeres: Blanca, Elisa que fue la mamá de Misael Pastrana Borrero, Inesita y Solita.  Sobre las dos últimas decíamos que eran las tías macondianas por sus historias y su forma de vida.

Recuerdo las tardes calurosas en su casa de Neiva meciéndome en una mecedora vienesa que ahora conservo en mi casa, contándome las historias de la familia y de todo Neiva cada vez que las visitaba. Hoy me arrepiento de no haber tomado nota de todas sus anécdotas.   

También recuerdo sus muebles, las cómodas, el radio, el teléfono blanco de marfil y un cuadro que contenía una copia del grabado del telón de boca del Teatro Colón.

Tenían una empleada, Rosa, quien era obsesiva con el agua: todo el día se mojaba y se lavaba las manos y la cara. De noche la escuchábamos en el patio echarse y echarse agua. Era como un fantasma. No pudo trabajar más por esto, pero se quedó viviendo con ellas hasta el final. Mis tías murieron muy ancianas.

Vivieron rodeadas de gatos propios y ajenos, como Hemingway en Key West. Cuando llegábamos de visita, nos daban peto con leche muy fría y alfandoque. Nos compraban en la plaza badeas, fruta que me encanta. No nos faltaban los bizcochos (achiras) y las cucas.

Le tenían mucha fe al “santo venezolano”, José Gregorio Hernández, de quien decían les dejaba todas las noches una sustancia blanca en una copita de vidrio que semejaba una pastilla hecha polvo para la tía Inesita y un vaso de agua especial para la tía Solita. Eran remedios para sus dolores.

Mi abuelo, quien nunca salió del país, fue profesor de inglés del Colegio Santa Librada de Neiva. Fue obsesivo con el tiempo y con los relojes, también muy puntual.

A mi abuela, Tulia Buendía Trujillo, hija de Augusto Buendía Arciniegas y Cornelia Trujillo, la recuerdo como una esposa sumisa, un ama de casa. Preparaba deliciosos dulces que le enseñó a hacer a mi mamá.  La cocina de mi casa fue la antesala de la cocina fusión entre la comida paisa y la opita. El sancocho que yo preparo, por ejemplo, es una prueba de ello.

Mis abuelos vivieron con mis padres los primeros dieciocho años de su matrimonio.

LUIS AUGUSTO BORRERO BUENDÍA

Luis Augusto Borrero Buendía, mi papá, a quien todo el mundo le decía Tutín, fue el mayor de los hijos. Muy cercano en su crianza con su primo Hernando Pastrana Borrero, psiquiatra que vivió y murió en Buenos Aires.

Tutín fue un hombre esencialmente bueno, de sonrisa franca, cumplidor de su deber. Fue fatalista, entonces nos sobreprotegió. También de una bondad sin límites, mejor dicho, eso que uno llama un  “buena gente”, todo un opita.

A sus once años fue a vivir por una temporada a Honda con su tío materno Alejandro Buendía que tenía un almacén ubicado en la calle de Las Trampas. Vendía víveres importados  que llegaban por el río Magdalena. Entonces mi papá aprendió a llevar la contabilidad y con lo que ganaba ayudó a educar  a sus hermanas.

Mi papá fue contador juramentado, es decir, no estudió la carrera, pero el Decreto 2373 de 1956 que reglamentó la profesión de la Contaduría permitió que se juramentaran quienes ejercían la contabilidad y que  pudieran ejercer como un titulado.

Me contó que ayudó a la Fundación del Instituto de Contadores Públicos y fue el contador de hijas, de sueños y de estrellas, como le dijo un día, a sus ochenta años, uno de sus nietos.

Sirvió  con rectitud y lealtad  a toda prueba  a sus clientes. Entre ellos se cuentan los dueños de  arroz Roa y de Florhuila, también la familia Cabrera de la firma Caesca, uno de ellos fue un gran cardiólogo, Reynaldo Cabrera.

Mi papá tuvo dos máquinas de escribir de carro largo para hacer las declaraciones de renta, las mismas que hoy contemplo en mi oficina. Pero lo que más aprecio fue la herencia del buen nombre y la honradez que nos dejó para toda la vida y  para las generaciones venideras.

RAMA MATERNA

Mi abuelo, Alejandro Restrepo Velásquez, de raíces Asturianas, liberal de Medellín, se casó con Sofía Sierra Ortega, conservadora de Girardota y perteneciente a la familia de Pepe Sierra. Tuvieron que esperar dieciocho años para casarse porque sus padres no permitían el matrimonio de un liberal con una goda.

Cuentan que mi abuelo tuvo una mina de oro, pero que se la robaron, por lo que mi abuela lidió con la pobreza. Dicen que era muy buen mozo, apuesto, coqueto, buena gente, jugador de tute, apostador de gallos y dados, es decir todo un dicharachero. Creo que mi abuela no la tuvo fácil.

No conocí a mis abuelos maternos, pues Sofía a quien le decíamos Mamá Fia, murió a los cinco días de haber nacido yo, y mi abuelo a los diez meses.

Mi abuela todo lo reciclaba y lo utilizaba. Mi mamá me decía que hacer una siesta no era de buen recibo, porque había que estar haciendo destino, u oficio. Perder el tiempo era pecado. 

Como solía ocurrir por tradición, una de las hijas debía quedarse a cuidar o acompañar a los papás, entonces no podía trabajar ni casarse. Esta fue la suerte de una de nuestras tías, quien me decía que tuvo que abandonar su sueño de ser enfermera, pero era la que ponía las inyecciones en la familia.

De mi abuela heredamos la receta familiar de la sopa de Mamita fía que aún preparamos y comemos en familia.

GRACIELA RESTREPO SIERRA

A mi mamá, Graciela Restrepo Sierra, mi abuela le cambió el nombre por Cielo, no en la fe de bautismo, sino en el diario vivir, pues Graciela era una novia que había tenido mi abuelo.

Siendo la menor, se instaló en una pensión en Medellín, estudio bachillerato comercial y, con tan solo dieciséis años, consiguió trabajo como secretaria de Jaime Sanín Echeverri. Fue así como digitó su novela Una Mujer de Cuatro en Conducta. Siempre recordó con gran cariño y gratitud a Noemí, esposa de Jaime, por lo mucho que la cuidó al verla tan joven.

Me contó mi mamá que tuvo el gran orgullo de ganarse una beca  para estudiar medicina en la Universidad de Antioquia, con la que hubiera cumplido su sueño, pero no aceptó para sostener a su familia.

SUS PADRES

Mamá trabajó en la Administración de Impuestos de Medellín donde conoció a mi papá cuando era visitador de impuestos.

Como mi papá era tan tímido se le declaró con una foto y le pidió matrimonio después de cruzarse cartas durante cuatro años. Una vez casados se instalaron en Neiva, ella de veinticinco años y él de treinta.

Viajaron en la aerolínea Taxi Aéreo Opita – TAO. Cuando aterrizaron y, quienes fueron a recibirlos, dijeron que no habían visto una mujer más linda y altiva. Aterrizando mi papá le dijo: “¡Ay, te tengo que decir una cosa, vamos a vivir con mis papás!”.

Así ocurrió hasta que tuvimos que mudarnos a Bogotá cuando mi hermana mayor entró a estudiar medicina en la Universidad Javeriana, pues en Neiva no había universidades. Mi abuela entonces se fue a vivir a Ibagué a la casa de una de sus hijas.

CASA MATERNA

Mi madre no era de visitas, ella prefería recibir a todos en su casa. Era una mujer muy católica, muy de su casa, tenía unas manos prodigiosas para bordar. Se sabía todas las puntadas. No obstante, también le ayudaba a mi papá de noche a llevar contabilidades.  Por su trabajo a un cliente le pidió como remuneración una pequeña tierra en un sitio que mi papá adoraba, San Antonio de Anaconia, finca a la que tuvimos que renunciar pues por la violencia no pudimos volver. De esa finca tengo hermosos recuerdos, muchas fotos y un pleito eterno.

Mi mamá cosió hasta pocas horas antes de morir, lo hizo sin usar gafas, pues era muy vanidosa y no quiso ocultar nunca sus hermosos ojos azules que cambiaban de tonalidad según la luz del sol o de la ropa que usara.

Confeccionó para nosotras manteles bordados en lino, ropa de cama con monograma como parte del ajuar de matrimonio hecho en tela género, de esa que dura toda la vida.  Completaron cincuenta años de casados durante los que mi papá le llevó muchas serenatas para disculparse por cada borrachera. No faltaron nunca las canciones de “Negrita” y “Solamente una vez”, que eran sus himnos.

HERMANAS

Mis hermanas son muy importantes en mi vida. Cielo, pediatra que vive en Valledupar, casada con vallenato, también pediatra, a quien conoció en el Hospital Lorencita Villegas de Santos.

Margarita es odontóloga y epidemióloga, casada con ingeniero químico.

Gloria María es abogada, hizo parte de la Corporación Excelencia a la Justicia, fue ministra de Justicia durante el primer año del presidente Iván Duque, Actualmente es cónsul de Colombia en Madrid. Se casó con uno de los últimos cachacos que he conocido. Enviudó hace ya varios años.

María Eugenia es una mujer muy dulce, ingeniera civil, experta en pavimentos, trabajó en Invías y en la Aerocivil hoy es contratista en el sector público y privado. También enviudó hace algunos años.

Todas han sido servidoras públicas y aún ejercen su profesión con lujo de competencias y gran reconocimiento.

Somos muy unidas y nuestros hijos saben que en esta familia encontrarán siempre el respaldo y las alas para volar muy alto. Somos un gran clan de cinco hermanas, once hijos-sobrinos y Sofía, Eva, Analía y Matías que son la nueva generación.

INFANCIA

En mí se mezclan dos razas y costumbres, así como la fuerza de mi mamá con la rectitud de mi papá. Nací en Neiva, a diferencia de mis hermanas que son paisas. Al ser la menor de cinco hijas, todos apostaban a que sería el varón que preservaría el apellido.

Fui muy irreverente, solía instaurar el desorden, hacía llorar a mis hermanas, me escondía para asustarlas. Me gustaba recitar y disfrazarme.

Me contaban como gran anécdota que mi abuela Tulia alguna vez me dijo: “Mijita, por favor, si su abuelo pregunta por mí, dígale que estoy en esta diligencia”. Dieron las doce, hora del almuerzo, y mi abuelo se desesperó pues la abuela no llegaba. Cuando por fin apareció me preguntó si era que no le había dicho nada y mi respuesta fue: “Usted me dijo que le dijera si preguntaba, y él no preguntó”.

Solo tengo desarrollados dos sentidos, justo aquellos que ataca el Covid, el olfato y el gusto, que son los que me permiten distinguir los sitios por sus aromas y sabores. Sé a qué huele la tierra colorada, recuerdo a qué olía mi mamá, su armario de linos y el de mis tías de Medellín, porque sé lo que es el olor del comino crespo y el sabor del roble en los vinos. Me encanta la cocina porque en el paladar identifico los ingredientes, los recuerdos, los momentos importantes de la vida.

Me encanta el olor del sereno, el de los mirtos a las cinco de la tarde, el olor de los jardines de La Alhambra. Mi mamá decía: “Hay viento de agua”. Y es que uno huele cuando va a llover.

Sabía cuando mis hermanas se ponían mi ropa, precisamente, por el olfato. Tengo un reloj viejo de colección, adoro darle cuerda pues, cuando abro su puerta, puedo oler la madera de la que está hecho.

VIDA FAMILIAR

Mi papá fue nuestro despertador, nos levantaba por las mañanas y no comenzaba su día hasta no despacharnos al colegio o a la Universidad, porque no permitía que faltáramos bajo ninguna circunstancia.

Recuerdo que nos sentábamos a la mesa a las doce en punto para almorzar y no nos podíamos reír, pues molestábamos con esto a mi abuelo que era muy estricto. Eso hacía que muy seguido nos castigaran mandándonos a comer a otro sitio, porque, por supuesto, no aguantábamos los ataques de risa.

Mi abuelo nos llevaba a las cinco de la tarde a la estación que quedaba a pocas cuadras de nuestra casa en el barrio El Altico desde donde alcanzábamos a escuchar cuando el auto ferro pitaba y lo veíamos pasar. 

Viví en Neiva hasta mis ocho años y conservo de esa época los más gratos recuerdos.

PILARES DE FAMILIA

Crecimos con unos preceptos hoy pasados de moda. Cuando íbamos a otra casa era prohibido abrir la nevera, sentarse en las camas, abrir closets o entrar al baño sin permiso.

Mis padres fueron muy sencillos, religiosos, serviciales a través de las obras de misericordia. Cumplidores del deber, honestos, trabajadores. Consideraban que nada debía ser regalado.

Nos enseñaron a devolverle a la vida lo que esta nos dio, por eso mi vida ha estado marcada por la Parábola de los Talentos en la que no hay que enterrar nada, sino explotar y devolver multiplicado lo que se reciba.

Nuestra primera comunión se celebraba con las niñas del orfanato de Neiva que nos visitaban en la casa. Con ellas bailábamos Sanjuanero, comíamos ponqué con pastillaje y les dábamos regalos.

PRIMEROS AÑOS ESCOLARES

Como mis papás no pudieron estudiar, cosa que siempre añoraron, tuvieron muy claro que sus hijas teníamos que ser profesionales, y lo consiguieron con creces.

Estudiamos en el colegio de las monjas de La Presentación en el que mi mamá nos dejaba en la puerta cada día.

En Neiva, al finalizar la tarde, todos los vecinos sacaban sus sillas mecedoras para ventiarse y contemplar el atardecer y las estrellas durante las noches mientras los niños jugábamos descalzos en la calle sin pavimentar.  Esto era así luego de hacer las tareas del colegio, pero también las de la casa porque nos enseñaron a hacer oficio: barrer, trapear, sacudir, lavar, planchar, cocinar.

Mi mamá nos daba en las noches clases de ortografía, nos hacía dictados y nos acostaba con un libro entre las manos. Mi papá nos empastaba los comics para que leyéramos. También tuvimos varias enciclopedias y los tomos completos de El mundo de los niños y el Tesoro de la Juventud.  

No aceptaban que pidiéramos nada prestado, ni libros ni nada.  Nos conseguían todo cuanto requeríamos. Pero curiosamente entre nosotras heredábamos todo, entonces cuando los libros me llegaban a mí que era la última, estaban marcados con los nombres de todas mis hermanas. Usábamos los lápices y colores hasta acabarlos, las hojas blancas mi mamá las juntaba y grapaba con las pastas usadas para hacer nuevos cuadernos. 

Durante las vacaciones viajábamos por el país en carro y nunca olí ventana, ni probé pechuga de pollo. Así se gana en personalidad.

BOGOTÁ

Cuando llegamos a Bogotá sentí muy fuerte los olores de la ciudad, muy especialmente el del gas por las pipetas que estaban en las zonas comunes de los edificios o en las casas, pero también el del varsol y el de la viruta. Tal vez por esto me identifiqué mucho con el libro El Perfume, de Patrick Süskind.

Inicialmente vivimos por un año cerca a la clínica de Marly, luego en la sexta con cincuenta y cinco, cerca al Pan Fino de la séptima. Mas tarde nos ubicamos en una casa en Pasadena, barrio del que nunca he salido pues siempre viví cerca de mis padres. Fue en esa casa en donde liberaron por azar a Maruja Pachón después de su secuestro. Hace poco revivimos en los noticieros esa que fue la gran noticia del 21 de mayo de 1991 y volví a ver a mis papás y mi casa.

ACADEMIA

Fui la menor y la ñoña del curso durante toda mi vida académica, con lo bueno y lo malo que eso trae. Comencé en primero de primaria pues mi abuelo me había enseñado, desde los tres años, a leer con los avisos de las calles cuando íbamos de paseo. Aprendí a sumar y a restar viendo a mis hermanas.

Me iba bien en todo: Me gustaron las matemáticas, la historia, la geografía, la poesía, también sabía declamar. Recuerdo que gané un premio recitando “Los motivos del Lobo”, de Rubén Darío. 

Para mí la física y la química son magia como el que encienda un bombillo o suene un radio. Aunque aprobé los exámenes, nunca lo acabé de entender. Pero esto tiene algo de bueno y es que por esto conservo día a día la capacidad de asombro con las pequeñas cosas.

Conocí lo que hoy llaman el bullyng. Como no era popular, entonces no me invitaban a los juegos. En deportes fui una morsa por lo tanto no me incluían en los equipos. Los deportes ni se mencionaron en la casa. En lo único en que mi mamá insistió, sin éxito, fue en la música, y eso que en Neiva estudié piano en el conservatorio. No logré interpretarlo, pero hoy tengo un hermoso piano en la sala de mi casa. Como las historias se repiten, también hice el intento con mis hijas.

COLEGIO DE LA PRESENTACIÓN SANS FAÇON

En Bogotá también estudié inicialmente en el Colegio de  La Presentación de Chapinero que quedaba en la Calle 72 donde hoy está la Universidad de Santo Tomás. Luego, cuando lo cerraron, nos pasaron a todas al Sans Façon.  

No me arrepiento de haberme educado en un colegio femenino porque permite afianzar la personalidad y a concentrarse en el estudio. Hoy, cuando veo a mis condiscípulas, pienso que fue un colegio de mujeres valientes que han sabido responder a vidas exigentes. Son profesionales, muchas de ellas cabeza de familia, guerreras, admirables.

DECISIÓN DE CARRERA

Mi decisión de carrera fue un poco por el descarte de las pocas opciones que se abrían en aquel entonces. Consideré medicina, pero al ver el ritmo de estudio que tenía mi hermana mayor, decidí estudiar Derecho como lo hizo mi hermana Gloria. No olvido que mis primeros libros de literatura porno fueron los de medicina de mi hermana médica.

Me gradué del colegio a los dieciséis años y de inmediato comencé la carrera.

UNIVERSIDAD JAVERIANA

Estudié Derecho y Economía en la Universidad Javeriana donde hice parte de la generación que educó el padre Giraldo. Los profesores generalmente me querían porque fui una buena alumna. Hice muy buenos amigos y fue allí donde conocí a mi esposo, pues estudiamos juntos.

Tuve como profesores y compañeros a ministros, alcaldes, congresistas, magistrados, superintendentes y expresidentes. Eran famosas las tertulias que se llevaban a cabo después de las siete de la noche en la decanatura donde concurrían al final del día los profesores. Se dice que allí se tomaron grandes decisiones del país.

PRIMERA EXPERIENCIA LABORAL

Comencé a trabajar en cuarto año visitando juzgados, haciendo investigaciones, así fui adquiriendo experiencia, pero desde el colegio ganaba plata pasando trabajos a máquina con la que pude darme mis gustos.

JUAN CAMILO RESTREPO

Juan Camilo Restrepo fue prácticamente mi primer jefe, como quiera que los otros trabajos habían sido temporales.  Es una persona que quiero y respeto mucho.

Lo conozco como un hombre inteligente, honesto, culto, buen lector y con sentido de lo importante. Colombia se lo perdió, lamentablemente, como presidente.

Fue determinante en mi vida profesional, me abrió puertas y me brindó oportunidades que cambiaron mi destino. Despertó en mí el amor por el servicio público al que he dedicado mi vida desde diferentes entidades. Con él aprendí a tener foco, a no distraerme. Trabajando con él en la Comisión Nacional de Valores aprendí que es mejor pedir perdón que permiso; que no hay que presentar problemas, sino soluciones porque uno está para resolver.

Llegué a trabajar con Juan Camilo gracias a que Álvaro Gómez Hurtado me hizo una carta de presentación por solicitud de un amigo y compañero de Universidad quien era su más inmediato colaborador, Jaime Infante, yerno de  Ardila Lulle

Una de las cosas que más recuerdo de esa época son los libros que hice sobre la Legislación Concordada del Mercado de Valores en Colombia, jurisprudencia y doctrina, proferidos desde la creación de dicha Institución por medio de la Ley 32 de 1979 con ocasión del escándalo de los fondos de Inversión Grancolombiano y Bolivariano.

Creo que mi vida profesional desde ese entonces ha estado marcada por estar presente en el lado correcto de la historia y con las personas correctas durante las principales crisis financieras de finales del siglo XX y comienzos del XXI.

MATRIMONIO

Luis H. Aristizábal fue mi compañero de estudio. Un buen día, en cuarto año de carrera, se acercó a mí en la cafetería de la Universidad para decirme: “Conozco niñas más lindas que tú, otras más inteligentes, pero ninguna tiene la mejor mezcla. Por eso te quiero invitar a que participes conmigo en el programa Cabeza y Cola”.

Este era un programa que hacía Fernando González Pacheco, de cultura general que, entre otros premios, entregaba uno a las parejas que respondían el mayor número de preguntas. Se trataba de una cena en el restaurante del peruano Eduardo Quispe quien decía que admiraba mucho a las personas que sabían cosas, y ese era su homenaje. ¡Cómo disfrutamos esos premios! Llevamos nuestras familias y nuestros amigos, fueron cenas inolvidables. Fue la primera vez que probé varios platos y licores, por ejemplo, el Bloody Mary. Casi lo devuelvo porque era salado.

Fuimos la primera pareja joven que se presentó y lo hicimos en dos ocasiones. En la primera duramos hasta el octavo programa y en la segunda hasta el noveno. En estos meses nos enamoramos.

Soñaba con salir del país, ver otros mundos, estudiar y vivir por fuera. Cuando tenía veinticuatro años fui a Brasil a un curso de Comisiones de Valores en Rio de Janeiro.  Allí me quedé en la casa de Juan Lozano Provenzano, el padre de Juan Lozano, pero mi verdadera incursión en otro continente lo hice al casarme con Luis H. Aristizábal, quien ya estaba viviendo en París. Entonces renuncié a mi trabajo, armé maletas y me fui.

PARIS

Viajé a Paris en donde disfruté a plenitud mi vida de estudiante. Viví en la Cite Universitaire, en la casa Franco Británica, donde, por cierto, fui invitada muchos años después a inaugurar su remodelación.

Para poder vivir allí hice muchas cosas. Trabajé como femme de ménage: una española vinculada a la IBM me contrató para asearle su casa y llevarle la niña al colegio. Les lavé y remendé ropa a los jesuitas. Cuidé niños y perros. Hice de todo un poco, pero también estudié hasta sacar un DSU, Diplomado Superior de Universidad en Derecho Privado en Paris 2,  la Sorbonne, con profesores muy importantes en el área que más me gusta, Le Droit Civil, el verdadero fundamento clásico del Derecho.

Por esa época, 1985, Colombia iba a presidir la reunión de las comisiones de valores en Paris y Juan Camilo Restrepo no pudo viajar, entonces fui designada para la reunión preparatoria.

Me transformé cual Cenicienta.  Mi amiga española Maribel me prestó ropa, así que cambié los jeans por ropa elegante y representé a mi país. Recuerdo que los señores, todos hombres, por cierto, de los mercados de valores del mundo, muy mayores todos, me confundían con las traductoras. Cosas propias de los ambientes machistas de la época, que hoy perduran.

Teníamos programado trasladarnos a Londres por un año con financiación de mis suegros, pero esos sueños se quedaron dentro de las calles estrechas del Barrio Santa Cruz de Sevilla cuando un ladrón se llevó el cinturón que contenía los billetes de mi suegro que, como buen boyacense, llevaba los recursos del viaje en efectivo.

CÁMARA DE COMERCIO DE BOGOTÁ

A mi regreso al país trabajé durante tres meses en la Cámara de Comercio de Bogotá – CCB en la época de Néstor Humberto Martínez y Mario Suárez Melo, pero Néstor Humberto fue nombrado en la Superintendencia Bancaria.

Luego regresé por unos meses a la Comisión de Valores como directora Jurídica. En mi fugaz paso por la Cámara obtuve un premio por un cuento que escribí durante las horas de almuerzo asomada a la ventana de la calle dieciséis con carrera novena, inspirada en el olor al viudo de pescado de los viernes. Pero cuando recibí el premio ya no estaba vinculada. Puedo asegurar que nadie se enteró de mi paso por la institución.

FEDERACIÓN NACIONAL DE CAFETEROS

Cuando me retiré de mi segunda temporada de la CNV, Juan Camilo Restrepo, en ese entonces gerente comercial de la Federación Nacional de Cafeteros, me invitó a trabajar en la entidad que estaba dirigida por Jorge Cárdenas Gutiérrez, el subgerente era Don Hernán Uribe Arango.

Luego, como gerente administrativo llegó Emilio Echeverri Mejía quien años después fue gobernador de Caldas. También estuvieron por aquella época  Luis Carlos Villegas,  secretario general. Diego Pizano, asesor. Pedro Niño, gerente financiero. José Fernando Jaramillo Hoyos, quien fuera después presidente de la Agrícola de Seguros. Víctor Beltrán quien había sido director de Crédito Público y gerente de Telecom en la época de Jaime García Parra.

Era la época en que la Dirección Jurídica estaba reservada para hombres y exmagistrados de las altas Cortes. Por allá pasaron Gaspar Caballero, ex consejero de Estado y sobreviviente del Palacio de Justicia. Jorge Arango Mejía, magistrado de la Corte Constitucional. Hernando Yepes, magistrado del Consejo Superior de la Judicatura y ministro de Trabajo.

Como abogada de la Federación tuve la oportunidad de ayudar en el diseño e implementación de soluciones complejas como fue el desmonte de la retroactividad de las cesantías con ocasión de la expedición de la Ley 50 de 1990 y los temas de la seguridad social con la expedición de la ley 100 de 1993.

La Federación ha sido una entidad muy importante e influyente para el país durante sus noventa y tres años de historia. Recuerdo que, por aquella época, todos los jueves en la mañana se realizaba el Comité Nacional de Cafeteros, cual consejo de ministros, pues asistían el ministro de Relaciones Exteriores, el de Hacienda, el de Agricultura, el de Desarrollo que después fue de Comercio Exterior. Allí conocí al cofrade Alfonso Palacio Rudas. Yo era la abogada “cincuenta y ocho” en medio de hombres, pues no había mujeres en los altos cargos de la entidad.

No conocí a Don Arturo Gómez Jaramillo, pero sí a Jorge Cárdenas Gutiérrez quien ha sido el patriarca del café, ejemplo de diplomacia, cuenta con una excelente memoria a la que invoco de tiempo en tiempo para que me cuente los detalles de esa historia que para otros pudiera estar perdida. Es una persona que a todos les hacía sentir que decía que sí, aunque claramente su respuesta era no.

Hernán Uribe Arango era quien manejaba los asuntos al interior de la Federación y tuvimos mucha empatía. Siempre me atendía y escuchaba. 

Los grandes temas de la Federación eran manejados por abogados externos, entonces me aburría. Así fui conociendo otras áreas y a otras personas que me fueron asignando tareas en temas societarios y de resolución de problemas y conflictos. Yo tenía una especialización también en Derecho de Sociedades de la Javeriana que me permitió ayudar a resolver unos cuantos entuertos de las empresas del gremio cafetero ya que, por los 80 y 90, tenían inversiones en el Banco Cafetero, Concasa, Caisa, la Agrícola de Seguros y otras.

Por ejemplo, tuvimos que resolver un problema de una sociedad que tenía la Federación con el gobierno venezolano. Jorge Cárdenas me contactó con el entonces ministro de Comercio Exterior, Juan Manuel Santos, con quien, a través de la creación de una zona franca fronteriza transitoria, pudimos vender a un ingenio de Louisianna una maquinaria abandonada en el Zulia. Esos eran los temas se manejaban en aquella época.

FUNDACIÓN MANUEL MEJÍA

La Fundación Manuel Mejía, la Universidad del café de los caficultores, fue creada en 1961 en honor a Don Manuel Mejía Jaramillo, gerente de la Federación. Su gran protector y mecenas fue Hernán Uribe. Fue su niña consentida. Con gran sorpresa recibí de él la noticia de que me habían nombrado secretario / tesorero, que era el cargo equivalente a un administrador. Así, en masculino, como se denominan la mayoría de los cargos en la Federación.

Me correspondió manejar su portafolio e inversiones para salvaguardar y proteger el patrimonio con el que la Fundación debería sobrevivir en los años venideros. Era la primera vez que una mujer ocupaba ese cargo en la Fundación. Recuerdo el recibimiento que todas las mujeres que laboraban allí me brindaron.

Lo primero que hice fue retirar los letreros de la piscina que tenían horarios diferentes para mujeres y para hombres, porque no se podían encontrar ni bañar juntos. Hombres 9 a. m. a 11 a. m. Mujeres 2 p. m. a 3 p. m. Hace cinco años, el 2 de julio de 2016, me recibieron en la Fundación con copia del Acta de mi nombramiento (Acta No. 78 del 12 de noviembre de 1993) y fotos de aquella época.

GLOBAL FIDUCIARIA

Posteriormente me promovieron para ser la presidente de la Fiduciaria de la Corporación Financiera de Caldas y de la Corporación Financiera de Occidente, Global Fiduciaria, cargo al que llegué teniendo treinta y cinco años.  

Dada la regulación y la realidad económica de la época, las fiduciarias privadas viables eran las que tenían una matriz bancaria. Durante cuatro años aprendí a fondo el negocio fiduciario desde sus entrañas, logré ponerla a punto de equilibrio y, previa la crisis financiera de 1998, logré venderla a la Corporación UCN liderada por un banquero de profesión, Carlos Alberto Hernández, a quien había conocido años atrás en la Corporación Financiera Suramericana.

Durante esta transacción de compra quisieron que hiciera parte del negocio, pero, no siendo ya la Fiduciaria de la Federación, preferí retirarme una vez se consolidó el negocio.

La Corporación pasó a manos del Banco Uconal que posteriormente fue intervenido y fusionado con el Banco del Estado, en donde, por vueltas de la vida, en plena crisis y como delegada del ministro de Hacienda, fui miembro de la Junta Directiva.

MINISTERIO DE HACIENDA

Cuando Juan Camilo Restrepo fue nombrado ministro de Hacienda me invitó a trabajar con él. Era 1998, ya había tenido a mis hijas, entonces consideré que era el momento de volver al servicio público que tanto me ha gustado y llenado de orgullo.

Fui su secretaria privada, una gran experiencia, la época de la crisis financiera y de la reestructuración de la banca pública. En esto trabajé muy de cerca de Sara Ordoñez, una de las mujeres más inteligentes, brillantes y divertidas que he conocido en mi vida que había llegado del BID para ser superintendente Bancaria, en la época del presidente López había sido ministra de Comunicaciones y ministra de Salud. 

En esa época trabajé muy de cerca también con Jorge Castellanos, director de Fogafín. Fanny Kertzman, directora de la Dian. Juan Mario Laserna y Francisco Estupiñán viceministros de Hacienda. Miguel Urrutia y Leonardo Villar, del Banco de la República. Jaime Ruiz en DNP.

Como secretaria privada debía pasar para la firma del ministro cada orden de intervención de un banco, de una Corporación o de una de una cooperativa. Se adoptaron medidas difíciles, valientes y complejas. Acompañé al ministro a los debates en el Congreso y vi cómo Juan Camilo Restrepo se transformaba en este recinto, en el que fue distinguido como mejor congresista.

En definitiva, aprendí de la verdadera política pública del país.

En el 2000 hubo una crisis de gobernabilidad muy profunda en la administración de Pastrana y se empezó a hablar de la revocatoria del Congreso. Para ese momento Juan Camilo fue nombrado embajador de Colombia en Francia y reemplazado por Juan Manuel Santos en el Ministerio Hacienda.

Me quedé como secretaria privada del ministro Santos un par de meses para hacer el empalme a mi sucesor Juan Carlos Pinzón.

EMBAJADA DE FRANCIA

Juan Camilo Restrepo me invitó a ser su segunda a bordo en la Embajada de Colombia en Francia, cargo que acepté. El presidente Santos me dijo: “Ahora sí le acepto la renuncia, pues París bien vale una misa”.

Llegué con mi familia el 1 de diciembre de 2000 y asumí como ministro plenipotenciario.

Quise que mis hijas durante este tiempo tuvieran la oportunidad de conocer lo que era la educación y la cultura francesa.  Ellas venían del Marymount, entonces no conocían el idioma, pero se les facilitó pues estaban muy pequeñas: Laura tenía diez años y Ángela María seis. Desde ese momento entendieron que el mundo es ancho y ajeno.

Tuvimos el privilegio de vivir a pocas cuadras de la Embajada, en la Rue Jean Mermoz, que conectaba la Rue St Honoré y Les Champs-Elysées, en un apartamento de un edificio de oficinas por donde paso cada vez que voy.

Nos dimos a la tarea con el embajador de mostrar esa otra Colombia que todo el mundo desconocía. Luego la agenda cambió cuando secuestraron a Ingrid Betancourt por el impacto que tuvo este hecho dentro de los franceses.

Esta experiencia fue muy interesante por las relaciones bilaterales, por el trabajo con los empresarios, pero también porque mucha gente pasa por París. Para mis hijas fue maravilloso pues estando allá compartieron con Shakira, con el maestro Fernando Botero y se enamoraron de la música francesa. Programas como Star Académie o el concierto anual de Les Enfoirés, aun persisten en nuestras vidas y memorias. Cada calle o cada rincón en Paris tienen una gran historia.

Sin excepción, a diario, cuando dábamos una vuelta caminando por el vecindario y llegábamos a la avenida de Champs Elysées, les decía tomándolas de las manos:

— Miren a la izquierda, ¿qué ven?

La “Concorde”

— ¿Y a la derecha?

El “Arc de Triomphe”.

— ¿Para dónde vamos?

— Para la casa.

— Disfrútenlo, pero que no se les olvide, esto es prestado.

Un tiempo después se reavivó la vena política en Juan Camilo y decidió volver a Colombia para participar en las elecciones presidenciales. Entonces quedé mucho tiempo encargada de negocios en la Embajada hasta que llegó Marta Lucía Ramírez, quien, al poco tiempo, fue nombrada por el presidente Uribe como ministra de Defensa.  Volví a quedar encargada hasta que llegó Miguel Gómez Martínez y le entregué mi cargo a la actual ministra de Comercio Exterior, Ximena Lombana.

Fue una gran experiencia trabajar con Marta Lucia Ramírez. Es una persona con una   fuerza y una persistencia impresionantes, muy trabajadora, de excelentes relaciones públicas que generó importantes vínculos para nuestro país.  Con ella desarrollamos un trabajo con la  OCDE, semilla del ingreso de Colombia a esta Organización.

Durante el tiempo que estuve en la embajada, acompañé muchas visitas de funcionarios colombianos como la del fiscal Osorio, la de la ministra María Consuelo Araujo, la de la Paca Zuleta. Tuvimos también la visita del presidente Pastrana y del presidente Uribe. Acompañé también al ministro Rómulo González (q.e.p.d) en la instalación del Gafi Sud. Al Presidente Uribe durante su visita de Estado recuerdo que lo convencí a detener la caravana y le hice mi tour a la Catedral de Notre Dame con sacristán colombiano incluido.  Por cierto, la embajada de Colombia en Francia ubicada en el 22 Rue de l’Elysée hace ya parte de la literatura Universal. Está citada en el libro de García Márquez: “El rastro de tu sangre en la nieve”.

En Paris todo gira alrededor de historias y de anécdotas. Cada esquina te puede dar una sorpresa, como encontrarte en la panadería a tu vecino que resultó ser Roman Polansky, o ver llegar en una moto a la galería del lado de tu casa a Gerard Depardieu. O pasar por cada calle y leer las placas de quienes allí estuvieron.

Durante un homenaje que hizo la Fundación Giscard d·Estaing a la princesa Rania de Jordania y Nhora Puyana de Pastrana en el Palacio de Versalles. me correspondió representar a Colombia.

Por temas de protocolo me sentaron al lado de una mujer muy simpática. Conversamos toda la noche y seguimos en contacto por un buen tiempo. Resultó ser Mouna Ayoub, nacida en Kuwait, con la mayor colección de alta costura del mundo y con un museo de zapatos. Me contó que uno de sus hijos estudiaba en los Estados Unidos con la hija del expresidente de Colombia César Gaviria.

Días después me llamó, para mi sorpresa, a invitarme al almuerzo de Navidad en el hotel en donde vivía, tenía todo un piso. Asistí con mi familia, estaban sus hijos y su peluquero. Meses después me acompañó a inaugurar un desfile de modas que se organizó en Galeries Lafayette con Pilar Castaño.

Por cosas de la vida al año siguiente el presidente Juan Manuel Santos me pidió ayuda para hacerle una reservación en Le Fouquet’s, para pasar el fin de año con su familia, restaurante que tenía un gran significado para su padre. Estaba lleno para esa fecha. Mouna Ayoub fue quien lo hizo posible pues su novio era el dueño.

Representando a Colombia en Mónaco en 2002 durante la votación para elegir la sede de la Feria Universal que le correspondió a Shanghai en 2010, tuve la suerte de conocer a Mijail Gorbachov quien estaba de paso para la carrera automovilística, solo habían transcurrido menos de tres lustros desde el inicio de la Perestroika.

REGRESO A COLOMBIA

Fue maravilloso el reencuentro con mi vida en Colombia, con mi mamá que me esperaba, con mis hermanas y sobrinos. Mi papá murió estando yo en Francia.

SUPERINTENDENCIA BANCARIA

A mediados del 2003, Jorge Pinzón Sanchez, quien fuera superintendente de Sociedades y uno de los mejores abogados del país, me invitó a trabajar con él en la Superintendencia Bancaria como delegada de Pensiones, Cesantías, Fiduciarias y Casas de Cambio.

Fue así como me correspondió la supervisión del Seguro Social, de Cajanal, Caprecom y de los fondos privados de ese entonces: Santander, Porvenir, Horizonte, Protección, Skandia. Es decir, supervisé el sistema general de pensiones, tanto público como privado, durante su consolidación en Colombia después de diez años de expedida la Ley 100 de 1993. Fue un trabajo técnico, de mucho aprendizaje, en el que consolidé mis conocimientos en derecho, economía, Hacienda y Políticas Públicas. 

Gracias a las conexiones y al trabajo hecho en Francia pude lograr que Colombia fuera aceptada como país observador no miembro del grupo de Pensiones y de Seguros de la OECD. Fueron más de tres años de un trabajo intenso de intercambio de información que siempre recordaré con gran satisfacción.

Igualmente se emprendió un trabajo importante de intercambio de información con la Asociación de Organismos de Supervisión de América Latina – AIOS de la que ya hacíamos parte.

Fui invitada por varias organizaciones multilaterales a dictar conferencias sobre el tema pensional y compartí conocimientos con los otros superintendentes de pensiones de varios países. Solange Berstein de Chile, una de las mejores y de quien aprendí muchísimo.

Se hizo también un trabajo muy importante de depuración de la información de los afiliados a los fondos de pensiones con la activa participación de los presidentes de los fondos de pensiones privados y el presidente del ISS.

COLPENSIONES

En el 2010 fui llamada por Claudia Jiménez para considerar mi nombre para presidir Colpensiones. Fui nombrada por el presidente Álvaro Uribe como su primera presidente. En parte creo que esto se debió al conocimiento que tenía de la institución y de su problemática desde mi trabajo en el Ministerio de Hacienda en 1998 y luego desde la Superintendencia en donde también acompañé la creación de la Nueva EPS y la de Positiva de Seguros.

Fue una etapa muy difícil. Hubo que organizarla de ceros. Tramitar el primer decreto de creación, el primer certificado de la cámara de comercio, el RUT, la cuenta bancaria.

Una vez me posesionó el presidente de la República, procedí a posesionar a sus primeros tres empleados. Nuestra primera oficina fue sufragada por nosotros mientras la pudimos poner en marcha. 

Fue a través de la aseguradora Positiva y con el apoyo de Gilberto Quinche que pudimos comenzar a operar en sus instalaciones gracias a un convenio interadministrativo pudimos funcionar durante toda la veda impuesta por la ley de garantías.

También firmamos con la Universidad de los Andes un contrato para hacer la arquitectura empresarial de Colpensiones. Se hizo una auditoría a las bases de datos del ISS con la ayuda de Jaime Bueno Miranda de KPMG. Con una empresa caza talentos comenzamos la selección del primer personal directivo. Carlos Duque diseñó su logo.

Con Julio César Carrillo, mi profesor de Filosofía del Derecho en la Javeriana, hicimos una primera aproximación a los estándares necesarios para evitar que la corrupción se apoderara de la nueva empresa. Igualmente pedí el acompañamiento de los entes de control, Procuraduría, Fiscalía y Contraloría. En esta última acababa de ser elegida Sandra Morelli, Emilio Echeverry y Víctor Beltrán, mis antiguos jefes y amigos de la Federación.

Con ocasión del cambio de gobierno en el 2010, tuve la oportunidad de trabajar algunos meses con los miembros de su nueva Junta: María Lorena Gutiérrez, Juan Carlos Echeverry y Mauricio Santamaría.

CONTRALORÍA GENERAL DE LA REPÚBLICA

Al renunciar a Colpensiones la contralora Sandra Morelli me invitó a vincularme a la Contraloría. Ingresé como delegada de Gestión Publica e Instituciones Financieras. Posteriormente me nombró vice contralora General de la República. Acompañé su gestión durante los cuatro años.

Sandra Morelli es una mujer inteligente, gran profesional y muy capaz, con una preparación académica incomparable. Considero que su gestión se vio afectada al haber investigado a personas muy poderosas.

La Contraloría General de la República es una entidad muy especial. He trabajado con dos de las tres instituciones nacidas como producto de la misión Kemmerer en 1923. La Superintendencia Bancaria y la Contraloría.

Mi paso por entes de control me ha llevado a reflexionar sobre la necesidad de replantear la forma en que Colombia está ejerciendo todo este poderío de las “ias”, y los ingentes recursos aplicados a esto, vis a vis, los resultados sobre la corrupción. El poder que tiene la Contraloría es muy grande y asimismo debería ser su impacto en los resultados y en la credibilidad de la población.

Cuando entré a trabajar en la Contraloría sus funcionarios estaban laborando en condiciones deplorables.  Se trabajó por recuperar la dignidad y altura de la Institución y de su gente.

Estas entidades deben tener buenas instalaciones, como en cualquier país civilizado, invertir en capacitación logrando consolidar un equipo de altísimas competencias técnicas, que infunda respeto, como ocurre en la Superfinanciera.

Por esta razón era imperativo cambiar las instalaciones, pues recuerdo que la gente no cabía en el edificio, los funcionarios amarraban su silla con cadenas para que no se las llevaran porque no alcanzaban para todos, los baños eran impresentables, no circulaba el aire, no funcionaba el aire acondicionado, no podían abrirse las ventanas, los ascensores estaban a punto de desprenderse. Es decir, no había condiciones de seguridad para permanecer en el trabajo ni menos aún para evacuar el edificio ante una emergencia. 

La contralora logró el cambio a la sede donde hoy funciona el Ministerio del Transporte y por ello le montaron injustamente un caso penal. En este expediente tan voluminoso y absurdo hubo hasta falsos testigos. Ya la Corte Suprema de Justicia tendrá la última palabra, que no espero sea otra que la de exonerarla de toda conducta indebida.

Al terminar el período constitucional de la contralora quedé encargada de la Contraloría y me retiré cuando hice la entrega y transición luego de la elección y posesión del contralor Edgardo Maya Villazón.

ASESORÍA EN PENSIONES

En 2014 volví a mi casa con muchos impedimentos legales y conflictos de interés lo que me limitaba para trabajar en los temas que sabía.  Reflexionando sobre qué podría hacer para mi subsistencia, concluí que iba a dedicarme a asesorar en pensiones.

Conté con esos amigos de siempre y de todas las horas que me invitaron muy generosamente a asesorarlos en sus trabajos sin tener necesidad de ello. Siempre los llevaré en mi corazón por nunca desampararme.

Continué dictando clases en la Universidad Javeriana en la especialización y maestría de Derecho Laboral y Seguridad Social. Esto fue así hasta que Roberto Vélez, buen amigo con quien nunca perdí contacto desde que nos conocimos en 1985 en la Federación de Cafeteros, fue nombrado gerente general.

FEDERACIÓN NACIONAL DE CAFETEROS

Regresé a la Federación y desde aquí me levanto día a día observando un país hermoso, de gente buena, trabajadora, que todos los días me maravilla con su obra, con su cultivo del mejor café del mundo, el café de Colombia.

Nunca me imaginé regresar a esta que hoy es mi casa donde actualmente soy directora Jurídica.

La Federación continúa en la misma dimensión y tiene la misma importancia, pero sin los oropeles de antes. Es la ONG más importante y generadora del tejido social que haya podido conocer. Congrega quinientas sesenta mil familias cafeteras de las cuales el 82% hacen parte del Sisbén. Más del 90% tienen menos de hectárea y media de café, a través de una estructura que va a alcanzar cien años de historia que en conjunto produce, como he dicho, el mejor café del mundo.

Hemos contado con la buena suerte de una época de buenos precios, con un equipo técnico, comercial y financiero que conformó Roberto Vélez, se ha logrado una producción sostenible y en ascenso, subiendo en productividad. Por supuesto, no ha faltado fenómeno de la Niña ni del Niño, broca, inundaciones, sequías, pero los resultados han sido buenos en términos generales gracias a los fundamentales de la caficultura que se han cumplido.

El café representa cerca del 25% del PIB agropecuario y el año pasado el país recibió alrededor de nueve billones de pesos por exportaciones.

Entrada la pandemia se diseñó el mejor esquema de bioseguridad para continuar con la caficultura desde estructuras familiares, se hicieron bolsas de empleo en sitios cercanos a la cosecha evitando desplazamientos y contagios, la regulación expedida permitió continuar con la cadena de suministro y que llegara el café hasta el puerto y  así se han podido recoger las cosechas producidas desde marzo de 2020.

El servicio de extensión se volcó hacia los cafeteros de manera virtual para no abandonarlos, pero sin contagiarlos.

Este gremio es tan impresionante que cuenta con un centro de investigación que investiga desde el genoma del café para obtener la mejor semilla, la más resistente a todo, las mejores prácticas de cómo se siembra hasta cómo hacer un germinador. Se estudia el comportamiento y control de la maleza alrededor de los cafetales, la retención de pases, cómo beneficiar el café, cómo secarlo y trillarlo.

Los ingenieros agrónomos expertos le enseñan al caficultor cómo surtir su proceso de mejor manera para lograr un parque cafetero productivo, organizado, sin roya, sin broca, bien soqueado, que, debidamente renovado, permita producir catorce millones de sacos de alta calidad a lo largo y ancho del país.

Como dice un buen amigo, Alejandro Venegas, la Federación es un Estado pequeño, tiene poder ejecutivo a través de la gerencia y directores ejecutivos de comités departamentales, un legislativo que es el Congreso Cafetero, su Tribunal Disciplinario y un sofisticado sistema electoral en donde, a través del voto directo, se elige a los representantes de los caficultores de todo el país para los comités departamentales y municipales.

Tiene un órgano de Gobierno que es el Comité Nacional de Cafeteros, en el que siguen participando los ministros de Hacienda, Comercio Exterior, Agricultura, y el director del DNP. 

Es el órgano de concertación por excelencia, en donde se generan los grandes consensos para la política cafetera del país.  Roberto lleva seis años durante los cuales   ha continuado dándole brillo a esta Institución y ha recordado los tiempos de Jorge Cárdenas Gutiérrez y de Arturo Gómez Jaramillo.

La Federación continúa dándole propósito a mi vida, me anima a levantarme a diario para aportar con ideas, para construir, para buscar ser una mejor persona.

PROYECCIÓN

Quiero trabajar hasta el último día de mi vida en cosas con propósito aportando mi conocimiento y experiencia. Pero también me quiero dejar sorprender de la vida con lo que tenga destinado para mí.

Amo mis rosas, el olor de mi planta de romero que tengo al otro lado de la ventana de mi cuarto, mis orquídeas, mis matas. Renuncié al sueño de un restaurante de cinco mesas, pero no a cocinar en mi casa para mi familia y amigos en medio de tertulias. Espero que esta pandemia nos dé tregua pronto.

FAMILIA

Luis H. y yo somos muy individuos y muy independientes, una pareja particular que cuenta con cuarenta y cinco años de conocerse desde ese primer día de universidad en 1977. Es alguien con quien tengo de qué conversar, hemos llorado y reído juntos, hemos visto nacer nuevas generaciones, hemos enterrado juntos a nuestros padres y, sobre todo, compartimos dos hermosos tesoros, nuestras hijas.  Ha disfrutado de mis logros y se los ha gozado como cuando fue primera dama en Paris, pues era el “príncipe con suerte”, como él lo define. Les ha dado un buen equilibrio a nuestras hijas poniéndolas a pensar en cosas raras.

Laura y Ángela María me enseñaron lo que es el amor de verdad. Me permitieron conocer esa faceta de la vida tan indescriptible. Soy la mamá de mis hijas, no aspiro para nada a ser su mejor amiga. Porque como dice el dicho “madre no hay sino una”.

Ellas tienen inteligencias muy diferentes, están comprometidas con su país, con la humanidad, con el medio ambiente y con ellas mismas.

He podido abrir espacios para disfrutar con cada una de manera independiente, pero también otros en que compartimos las tres. Busco estar en todos sus momentos, pero sobre todo en aquellos en los que ellas quieren que esté.

Laura es un reto para la mente, es perfeccionista, muy exigente con ella misma, se mantiene alerta, tiene mucha energía. Está dedicada, desde @jobtips_a buscarles empleo a los jóvenes y a capacitarlos sin las barreras de desigualdad y discriminación que existe en nuestro país.

Angelita es música para el alma, sosegada, alegre, tranquila, reflexiva. Le quedó su nombre a la perfección. Está dedicada a buscarle un futuro a la humanidad en el FHI de Oxford.

De las dos he aprendido muchas cosas: ser amigable con el medio ambiente y más tolerante y comprensiva con el otro.  No me cansaría de hablar de ellas, de los hermosos seres humanos que son, de sus logros en su corta vida y de lo orgullosa que me siento.

REFLEXIONES

Me gusta el trayecto, siempre y cuando sea avanzando. Me gusta ver el paisaje, detenerme en el camino sin perder el foco, pero disfrutando.

Siempre quise surgir, hacer cosas con trascendencia y tener independencia económica.

Me parece una vida muy estéril cuando esta no se dedica a transformar al mundo, a aportar a su país ayudando a otros haciendo todo de la mejor manera y cada vez mejor.

  • ¿Qué es el tiempo en tu vida?

El medio para hacer las cosas. Me gusta estar en actividad, pero también invertirlo en descansar, en vida familiar, en viajes y en mi trabajo.

  • ¿Cómo manejas la adversidad, cómo superas la frustración?

Con verraquera. Nunca hay que cansarse. Soy una persona de dichos, unos propios y otros apropiados: la gota vence la roca, el que se cansa pierde, cultiva tus defectos que es lo único que te distingue de los demás, todo paraíso tiene su serpiente. Hay más.

Cuando salen mis serpientes pienso que estoy en el paraíso y que es el precio que debo pagar. Pueden ser una o varias, pero mi paraíso sigue estando ahí y es mío.

  • ¿Normalmente estás en equilibrio?

No me queda tiempo de ser depresiva. Si necesito endorfinas me tomo un buen vino o un buen chocolate. Tengo clarísimo qué me gusta y qué no, bien sea en cuestiones de arte, de música, de literatura o de poesía. Me gusta leer poesía, Neruda con los versos del capitán, Darío Jaramillo, Machado, De Greiff con un verso que me trae buenos recuerdos: “He venido del más lontano país lontano a besar la estrella de cinco puntas de tu mano”.

  • ¿Cómo te gusta descubrir el mundo?

A través de los aromas.

  • ¿Qué hay en tus silencios?

Ideas, recuerdos.

  • ¿Cuál es tu código de ética?

Portarme bien.

  • ¿Cuál es tu sentido de la existencia?

Servir, devolver.

  • ¿Cómo te gustaría ser recordada?

Con una sonrisa, como un buen ser humano, respetable. Bueno, uno también tiene que reservarse un par de enemigos.

  • ¿Cuál debería ser tu epitafio?

Quien siempre estuvo para nosotros.