Nicolás Gómez Banoy

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NICOLÁS GÓMEZ BANOY

Soy un médico, investigador, migrante. Alguien dedicado a la ciencia. Empático, buen amigo, persistente, de fuerte carácter. Me gusta el deporte, juego fútbol, tenis, pero también disfruto viendo a los profesionales jugar. Me encanta la música, voy con frecuencia a conciertos. Amo los animales y con mi esposa tenemos una perrita que es muy importante en nuestras vidas.

ORÍGENES

RAMA PATERNA

Mis abuelos son de Cucunubá, Cundinamarca. Esta es una familia matriarcal. Libardo Gómez, mi abuelo, fue un campesino de fuerte carácter, por lo que entiendo no muy cercano a sus hijos. Josefa Gómez, mi abuela, fue el centro de la familia, quien sacó adelante a sus nueve hijos como contadora pública. Es una mujer muy digna, responsable, comprometida. Vive muy pendiente de su descendencia.

Luis Hernán Gómez Gómez, mi papá, nació en Cucunubá donde estudió sus primeros años. Desde pequeño fue muy inquieto, bromista, curioso, inteligente. Parte de su bachillerato lo hizo en un internado en Chocontá. Esta fue una experiencia muy difícil para él al verse separado de su mamá, de sus hermanos, al encontrarse en otro pueblo, aunque lo preparara para la vida.

Terminó en Ubaté y luego se trasladó a Bogotá donde adelantó su pregrado en la Escuela Colombiana de Ingeniería y una maestría en sistemas en la Universidad Nacional. Es ingeniero como lo son varios de sus hermanos y tíos, quizás por la influencia tan grande que tuvo en Pedro Gómez, quien es primo de mi abuela.

RAMA MATERNA

Luis Eduardo Banoy, mi abuelo, nació y creció en Bogotá, aunque su familia es de alguna región de Cundinamarca. Según entiendo, su apellido tiene un origen filipino. Claudina Ávila, mi abuela, fue ama de casa, la típica mamá y abuela, amorosa, cuidadora, cocinando delicioso. Sus hijos son el mayor orgullo de su vida.

Adriana Banoy, mi mamá, es una mujer alegre, llena de energía, entusiasta por la vida, muy cercana a sus hermanos, protectora de sus hijos. Ella es la persona más importante en mi vida. Es administradora de empresas de la Javeriana, estudió al mismo tiempo en que trabajó en Pedro Gómez donde conoció a mi papá.

SUS PADRES

Como mencioné, mis papás se conocieron trabajando en la firma constructora de Pedro Gómez. Entonces, como mi papá era bueno en matemáticas, le ayudó a mi mamá con sus proyectos de la universidad. Se enamoraron y muy rápidamente se casaron. Somos tres hijos: Nicolás, seguido por mi hermano que lleva el nombre y la profesión de mi papá, Luis Hernán, y María José, once años menor que yo, es estudiante de Derecho.

PILARES DE FAMILIA

Viví una infancia muy feliz, con unos padres amorosos, tolerantes, dadores. Los dos volcaron sus vidas hacia sus hijos. Mi papá fue el más exigente en términos académicos y de ocupación de tiempo. Siempre quiso que practicáramos algún deporte, tocáramos algún instrumento. Tuvo altas expectativas de los tres. 

Mi mamá fue la cariñosa, la que escuchaba, la que estaba ahí en la adversidad, una fuente de amor constante. A pesar de que era más comprensiva y tolerante, mi mama también tenía muchas expectativas de sus hijos y siempre nos educó para ser seres humanos antes que buenos estudiantes o profesionales.

Mis papás siempre nos llevaron con ellos a sus viajes. Mi papá interesado en la historia de los lugares que eran nuestro destino y que compartía con nosotros esperando que aprendiéramos. Mi mamá, por el otro lado, se enfocaba en que disfrutáramos al máximo las nuevas experiencias y que siempre quedara una historia o un recuerdo para contar.

ACADEMIA

SAN CARLOS

Estudié en el colegio San Carlos desde transición hasta mi grado. Mis padres quisieron que sobresaliéramos en lo académico, entonces estuvieron muy pendientes que hiciéramos nuestras tareas, que aprendiéramos lo que nos habían enseñado.

Nunca fui el mejor de la clase, pero siempre me esforcé para que me fuera bien. Mi grupo de amigos más cercano se caracterizó por ser gente inteligente, estudiosa y capaz.

En mi adolescencia me importó menos la academia, sin descuidarla. Me empezaron a interesar otras cosas. Me tomé en serio el deporte: hice parte de la selección de futbol, jugué tenis a diario.

VOCACIÓN

La lectura ha sido una herramienta fundamental en mi vida profesional. Recuerdo con cariño y gratitud a dos profesores en particular. Juan Carlos, profesor de español y literatura, también nos motivó a disfrutar de la lectura. Lo recuerdo en el salón cuando leía para el curso. Lo hacía de manera muy emotiva, sentida, con una pronunciación y entonación muy particulares. Me hacía sentir parte de la historia.

Marilyn, mi profesora de inglés quien nos inculcó el amor por la lectura en ese idioma y nos ayudó en el proceso de elección de carrera. Recuerdo que, en décimo y gracias a un proyecto que desarrollamos en su clase, escogí dedicarme a la medicina.

Marilyn nos puso a hacer un proyecto de investigación sobre un tema de interés para nosotros. Debíamos escribir una reseña y presentarla ante el grupo. Resulta que mis clases preferidas eran biología y física al punto de llegar a considerar adelantar mi pregrado en esta última.

Mi mamá en alguna ocasión comentó que ella había leído que los científicos estaban en capacidad de editar los genes del organismo y que por medio de esta modificación genética podían curar enfermedades. Este era un ejercicio complejo para un estudiante de dieciséis años, pero hice mi mejor esfuerzo. Fue una experiencia que me marcó positivamente, la encontré fascinante, y me condujo a considerar la medicina como profesión.

La medicina es una carrera que combina la rigurosidad de las ciencias biológicas con la la vocación de las humanidades. En ese momento me sentí inclinado a conocer mi país y contribuir desde lo social, por lo cual medicina me pareció la elección perfecta.

UNIVERSIDAD NACIONAL

Soy médico de la Universidad Nacional. Para escoger universidad surtí un proceso de generación de conciencia. Fueron varias las razones para hacerlo. Estas comienzan con mi papá quien siempre quiso que tuviera la experiencia y me recalcó la importancia de la educación pública. También quería descubrir el mundo. Había crecido en una burbuja, rodeado de gente muy parecida a mí, no tenía idea de lo que significa una sociedad más integral.

Desde el comienzo decidí hacer una inmersión completa en esa nueva realidad, quise vivir la universidad, la educación pública, de manera muy comprometida. Aunque al llegar viví un choque, un cambio grande. Pero fueron seis años y medio magníficos, llenos de experiencias.

Una situación que marcó este período fue el paro estudiantil que se dio en el 2011, año muy complejo por variedad de circunstancias. Los estudiantes de medicina no teníamos un sitio fijo para hacer nuestras prácticas. Este era un problema para nuestra Facultad desde el cierre del Hospital. El objetivo del paro era tener un hospital. Con este se lograron ciertas cosas como moldear la voluntad política en las directivas de la Universidad.

El rector era Moisés Wasserman, seguido por Ignacio Mantilla quien designó un presupuesto importante para su mantenimiento. En este contexto conocí al médico José Félix Patiño, uno de los líderes intelectuales del paro. José Félix nos apoyó y nos recibió en su casa repetidas veces para orientarnos al considerar que nuestra causa era justa y al ser él un gran doliente del San Juan de Dios como consta en su libro de memorias que escribiste.  

Hacer parte de este paro me enseñó muchísimo. Estando en quinto semestre me involucré con los de noveno y décimo, quienes se veían afectados. Empecé a tomar la vocería de mi semestre y me uní a los líderes del movimiento. Aprendí la manera como funciona un hospital, el sistema de salud en Bogotá y en el país, de la interacción de los médicos con el sistema y en qué consiste este, la salud pública en Colombia. Mis mejores amigos de la universidad nacieron de ahí. Uno de los grandes orgullos de mi vida es poder contar que, gracias a ese movimiento estudiantil, ahora la Universidad Nacional cuenta con un Hospital Universitario propio.

Durante el último año de carrera trabajé muy intensamente en investigación, fue la etapa más productiva desde el punto de vista académico. Tuve la fortuna de encontrarme con mi mentora Ismena Mockus, endocrinóloga, profesora de biología molecular de la Facultad de Medicina. Me fascinó su materia, me cautivó desde el comienzo. Nos enseñó el principio de lo que ahora soy como profesional. Desde quinto semestre comencé a trabajar con ella haciendo parte de su grupo de investigación hasta que me gradué.

Ismena empezó a orientar mi carrera de médico y científico, porque hago ambas cosas. Busqué entender los mecanismos más biológicos básicos detrás de las enfermedades metabólicas, para así desarrollar estrategias que permitan tratarlas.  Un médico/científico ve pacientes en la clínica y se hace preguntas todo el tiempo.

Muchas veces las respuestas están en los libros o en los artículos de investigación, pero en muchas ocasiones hay vacíos en el conocimiento. Es ahí donde la ciencia entra a jugar un papel importante, pues el siguiente paso es ir al laboratorio a desarrollar experimentos para entender los mecanismos básicos sobre cómo funcionan las hormonas, las células, la manera como se comunican unos órganos con otros y qué pasa con estos mecanismos cuando se presenta la enfermedad

Por ese tiempo comencé a hacerme preguntas, como por qué las personas que sufren de diabetes desarrollan enfermedad de los riñones. Para responder este interrogante desarrollamos estudios clínicos pequeños. En ellos estudiábamos los niveles de ciertas hormonas y moléculas que pudieran explicar esta conexión entre tener el azúcar alta y desarrollar daño renal. Aunque eran estudios de pequeña escala, gracias a esta experiencia y a mi mentora, me di cuenta de que quería dedicarme a hacer ciencia y medicina.

CORNELL UNIVERSITY

Me gradué como médico en diciembre de 2015. El siguiente paso era llegar a un sitio que me permitiera adquirir conocimientos a un nivel mucho más profundo.

Resulta que durante el paro conocí a gente de todos los semestres y supe que algunos de los médicos que iban más adelante viajaban a los Estados Unidos donde se podía desarrollar una carrera en ciencia y medicina.

Puedo nombrar a algunos que nos abrieron camino. Juan Carlos Osorio, médico de la Universidad Nacional y oncólogo en el mejor hospital de cáncer de Nueva York, el Memorial Sloan Kettering Cancer Center. María Angélica Pabón, también médica de la Nacional y actualmente cardióloga en el Brigham and Womens Hospital de la Universidad de Harvard. María Angélica fue precisamente quien, cuando estaba terminando mi carrera de medicina y decidiendo cual sería mi siguiente paso, me envió una oferta de trabajo que me llevó a mi siguiente mentor, el doctor James Lo de Weill Cornell Medicine, la facultad de Medicina y Ciencias Biológicas de la Universidad de Cornell.

El doctor James Lo me vinculó a su laboratorio en enero del 2016. Llegué con el título de postdoc, pero la verdad es que el mundo del laboratorio y la biología básica era completamente nuevo para mí. El primer año en el laboratorio fue realmente muy duro pues James y su grupo estaban haciendo ciencia de otro nivel, experimentos muy avanzados con tecnología de punta. Sin embargo, eso era lo que yo había venido a aprender y me metí de lleno en esta nueva experiencia.

Nuestra investigación se enfocaba en  la diabetes. Estudiamos las células del páncreas que producen insulina, la razones por la cual se dañan en las personas con diabetes, y por qué estos pacientes eventualmente necesitan terapia con inyecciones de insulina. Descubrimos mecanismos y hormonas que protegen las células productoras de insulina en el páncreas. El siguiente paso es, a partir de este conocimiento, desarrollar medicamentos que puedan modular la vida y la función de estas células tan importantes, y de esta manera tratar la diabetes.

Durante cuatro años y medio aprendí lo que significa ser un científico. Nuestros descubrimientos durante estos cuatro años fueron publicados en Nature Medicine, revista científica de muy alto impacto. También patentamos un compuesto que describimos en este trabajo de investigación.

Gracias a estos años de trabajo en investigación pude aplicar a una posición en la residencia de medicina interna y fellow de endocrinología, en un formato especial para médicos científicos.

Actualmente estoy terminando mi subespecialización en endocrinología, trato pacientes con diabetes y enfermedades metabólicas un par de veces por semana. La mayor parte de mi tiempo la dedico a desarrollar investigación con el objetivo de establecer mi propio grupo de investigación independiente.

PROYECCIÓN

En este momento estoy establecido en Rockefeller University, un centro de investigación de impacto mundial que está ubicado cerca a Weill Cornell Medicine. Mi investigación sigue estando enfocada en diabetes, obesidad, y enfermedades metabólicas, pero ahora tengo preguntas distintas.

Mi mentor actual es Paul Cohen, médico científico y cardiólogo. Estudiamos las células del tejido graso, y como la obesidad se asocia a enfermedades metabólicas. Con el apoyo de Paul, Rockefeller University y el departamento de Endocrinología de Weill Cornell Medicine, estoy estableciendo mi propio grupo de investigación, y de esta manera entrenar la siguiente generación de científicos, médicos y postdocs.

ESPOSA

Daniela Pedraza es mi esposa. La conocí como la mejor amiga de mi mejor amiga de la Nacional. Aunque eso fue desde el principio de la carrera, comenzamos a salir justo poco antes de que yo viajara a los Estados Unidos.

Después de un año a distancia, en el 2016 decidimos casarnos, pues el amor fue más fuerte. Ella es abogada del Rosario, estudió su maestría en NYU y trabaja en una fundación por los derechos de las mujeres. Daniela ha sido el pilar de mi vida, sin su soporte, sin su cariño, sin su acompañamiento esta experiencia en los Estados Unidos hubiera sido muy difícil, creo que imposible.

Como mencioné al comienzo, tenemos hija perruna. Mora fue rescatada al sur de Texas, la adoptamos hace dos años y es muy consentida.

CIERRE

Todo mi proceso de crecimiento ha sido sobre hombros de gigantes. Otras personas han abierto el camino para mí.

El papel de mis mentores ha sido fundamental en mi vida. Empezando por mi mamá, pasando por mis profesores del colegio, mis amigos de la universidad, los de Nueva York que son mi familia, hasta mis mentores en Cornell. Me retan a diario para buscar ser mejor profesional, me apoyan y respaldan. Sin ellos sería muy difícil, sin Daniela sería imposible.

Soy la suma de todas las personas que me han rodeado. Por lo mismo, intento retribuirles logrando conformar mi propio equipo, respondiendo preguntas y haciendo descubrimientos científicos aplicables.

También quiero abrir el camino a otros estudiantes con curiosidad científica y ganas de generar conocimiento.  Sin duda, quisiera volver a mi Universidad para establecer un programa que forme médicos científicos. Aunque todavía falta mucho para eso.