Víctor G. Ricardo

VÍCTOR G. RICARDO

Las Memorias conversadas® son historias de vida escritas en primera persona por Isa López Giraldo.

– ¿Por qué terminó vinculado a la cosa pública?

Tenía dos alternativas, o que la odiara o que la amara y para fortuna mía, me gustó. ¿Por qué digo eso? Porque la vinculación con el sector público no viene de mí, viene de mis antepasados.

En el caso de mi padre, Víctor G. Ricardo, fue ministro de Justicia, de Trabajo en dos ocasiones, de Minas y Energía, contralor general de la república, creador del Seguro Social cuando era ministro de trabajo. Después fue el segundo director de ésta entidad pues al salir del Ministerio hubo cambio de gobierno y el Presidente que entraba le ofreció el cargo pues al haberlo él creado debería manejarlo. Fue secretario jurídico de la Presidencia, parlamentario siendo muy joven, embajador en las sesiones extra ordinarias de las Naciones Unidas; embajador en Guatemala, Brasil, Holanda; Magistrado de la Corte Suprema de Justicia. Así pues, mi papá hizo una carrera en el sector público importante.

He de decirte que el político de mi casa no era mi papá, sino mi mamá, Cecilia Piñeros Corpas, pues fue durante ocho años parlamentaria cuando las mujeres no eran muy numerosas en la actividad política y cuando en el congreso estaban doña Bertha Hernández de Ospina Pérez esposa del doctor Mariano Ospina Pérez ex presidente de la República, Esmeralda Arboleda de Uribe que fue ministra de Comunicaciones del doctor Carlos Lleras Restrepo, Ofelia Jaramillo de Montoya que era una dirigente muy importante de Bogotá y Cundinamarca, empezaban a entrar María Elena de Crobo, María Eugenia Rojas.

Mi mamá también fue secretaria privada de la Presidencia de la República en el gobierno de Mariano Ospina Pérez y en esa época conoció a mi papá nombrado ministro de Trabajo por el Presidente.

Le dice el presidente Mariano Ospina Pérez a mi mamá que le ayude a que los ministros se compenetren en el Consejo de Ministros. Así mi mamá comienza a cumplir sus instrucciones. Un día a la salida, ella fue a tomar el carro con su conductor y mi papá venía detrás, se le acercó, le pidió que le permitiera llevarla a donde iba. Sugirió que su conductor los siguiera. A lo que mi mamá contestó:

— “No, ministro, qué pena, pero yo no puedo irme con Usted porque yo voy para un lugar donde Usted no puede ir”.

Mi papá le preguntó que por qué no podría llevarla, que a qué lugar es al que él no puede ir y la respuesta fue:

— “Usted es un hombre muy pinchado y yo voy para un barrio del sur muy pobre, por lo que creo que no debo llevarlo allá”

Mi papá le insistió tanto que mi mamá accedió. Ella era piadosa del Niño Dios del 20 de julio e iba a misa con frecuencia. Cuando llegaron mi papá le dijo:

— “La voy a acompañar a la misa”. Entraron los dos a la iglesia, mi mamá se arrodilla, pone sus manos en señal de oración y señalándolo con la boca dice:

— “¡Niño Dios éste es! ¡Este es!”

Así pues que se le hizo el milagro y se casaron. Su matrimonio se llevó a cabo en la Presidencia de la República, en la Capilla de Palacio, siendo el presidente su padrino. Mi papá siguió de ministro, mi mamá renunció a la Secretaría Privada de la Presidencia aunque siguió colaborándole al Presidente, para comenzar su vida familiar. Tuve dos hermanas mayores siendo yo el tercero.

Mis abuelos maternos, Joaquín Piñeros Almonacid, y María Corpas, pariente de Juan M Corpas, que era de Guaduas  por donde además pasó Bolívar tenía en su casa dos sofás donde Bolívar se sentaba, sofás que heredó mi mamá y yo de ella y que hoy conservo. Ellos también habían sido políticos, es así que mi abuela fue notaria en Bogotá y mi abuelo aceptó ser alcalde de Manta, municipio de Cundinamarca; también fue alcalde de Soacha; mi tío Joaquín fue gobernador de Cundinamarca.

Cuando yo estaba engendrándome, mi mamá, que estaba en la actividad política, al bañarse entrenaba sus discursos, al almorzar hablaba de política con mi padre y al comer igual, entonces imagínate qué pasó, pues siempre escuchaba de política y reitero que por fortuna me gustó.

Por otra parte, cuando el doctor Carlos Lleras Restrepo fue candidato a la Presidencia, mi mamá fue delegada por el partido conservador para apoyar su candidatura que era del Frente Nacional y ella se llevaba a mi hermana mayor, María Teresa Ricardo, a que la acompañara a todas partes y terminó siendo Llerista. María Teresa se fue del país hace muchos años después de su matrimonio. A mi otra hermana no le gustó tanto la política, siempre pendiente de los temas nacionales, vivía muy informada pero no le interesaba participar y yo estando en mediana y pequeña edad acompañaba a mi mamá a las giras políticas y recuerdo varias anécdotas.

Cuando yo era Alto Comisionado para La Paz, don Darío Arismendi, director de Caracol, resolvió en uno de sus noticieros decir:

— “Les tengo una chiva, en cinco minutos se las cuento” Luego “Les tengo una chiva, en cuatro minutos se las cuento” Llegó el momento y dijo “La chiva es que descubrí cual es la G de Víctor G. Se llama Víctor Gumersindo Ricardo”.

Yo escuché el comentario pero lo entendí como una actitud de Arismendi para torearme, si yo era el que estaba construyendo la paz, reaccionar era demostrar que no tenía condiciones para hacer conciliación entonces resolví guardar silencio y tragarme el sapo, hasta que un día que llegué a Popayán y me recibió el gobernador en su carro, le pedí que le dijera al conductor que pusiera noticias y decían en radio:

— “En este momento acaba de llegar a la ciudad de Popayán, el Alto Comisionado para la paz, el doctor Víctor Gumersindo Ricardo”

Resolví llamar a Arismendi y le dije:

— “Arismendi, le quiero decir una cosa, yo había dejado pasar el comentario que hizo aunque me molestó para que no dijera que yo era un comisionado que se dejaba irritar sino que me aguantaba los sapos, pero me acaba de suceder esto en la ciudad de Popayán y quiero aclararle dos cosas: Usted no puede atentar contra lo que yo heredé de mi padre, uno, sus valores éticos y morales y dos, su nombre. Yo no soy Víctor Gumersindo, soy Víctor Guillermo”. Él se río.

Esa noche en un banquete en Palacio me tocó al lado al doctor Alfonso Gómez Méndez, fiscal de la época y le conté lo ocurrido. Al día siguiente lo entrevistaron a él y comenzó a decir en todas las intervenciones:

— “Ayer estuve conversando con el Alto Comisionado el doctor Víctor Guillermo Ricardo…”

Al medio día igual, en la noche hizo lo mismo ya así como tres o cuatro días consecutivos por lo mismo yo lo llamé y le dije:

— “Fiscal, quiero agradecerle profundamente su voluntad por aclararle a la opinión pública cuál es mi nombre, pero déjeme que le manifieste una preocupación y es que Usted ha sido tan insistente en decir mi nombre que ya estoy temiendo que me esté vinculando a algún proceso”.

En esa época, a diferencia del día de hoy que la gente sale en grandes caravanas, con escoltas y con carros blindados, la política la hacían alquilando taxis para que no se dañaran los carros. Algún día, a mis 16 años, fuimos a Guavio, que es una provincia de Cundinamarca, mi mamá, doña Berta Hernández de Ospina y otros dirigentes conservadores, Sixto Márquez Garzón por mencionar a uno y llegamos a una convención política.

Pasada la reunión había otra en una vereda donde no había carreteable sino que tocaba ir a caballo, pero no habían suficientes para todos los asistentes, entonces muchos y en el caso mío que era un niño, debíamos ir de a dos; llegamos al destino luego de pasar por un camino bastante estrecho y un precipicio, para encontrarnos con un gran número de campesinos esperando pero mi mamá no llegaba y se demoraba, cuando al cabo del tiempo vi que venían dos o tres personas sosteniéndola en el caballo y otra llevándola en el cabestro todo porque el caballo hizo un brinco inesperado y la tumbó.

Ella tenía mucho dolor en la espalda, pero fíjate lo que es la política, llegó a un cuarto muy humilde en una casa, pedían alcohol para echarle pero no había y alguien sugirió aguardiente y la bañaron en aguardiente, sin embargo, era tan política que al momento del discurso se levantó y comenzó a hablar. De ahí seguíamos para otro lugar, todos continuaron pero nosotros nos devolvimos de cabestro en el  caballo, luego al carro para ir donde el médico y como pedía que le echaran algo pues continuamos con el aguardiente para desinfectarla.

Una vez llegamos donde el médico que era su hermano, Jorge Piñeros Corpas que fue el creador de la facultad de medicina de Juan N Corpas, la vio y la envió a la casa una vez constató que con el golpe se le había derramado el líquido de la pleura. Llegamos a la casa alrededor de media noche, mi papá se encontraba dormido, mi mamá caminaba con mucha dificultad, la casa era bastante bonita, con unas escaleras como de monarquía por lo mismo la entramos casi alzada ayudándole a subir la escalera, cuando mi papá se asoma y la ve en esas condiciones sumado al olor a aguardiente dice:

— “¡Usted qué es lo que está haciendo! ¿Cuál es el ejemplo que le está dando a su hijo? Era lo único que me faltaba, que llegaran a traerla borracha en medio del testimonio de su hijo!

Casi no entiende la situación y mi pobre mamá en medio de la desesperación y del dolor pasó por lo menos mes y medio acostada hasta recuperarse incluso, de la fractura de dos costillas.

Otra anécdota referida también a las giras es cuando nos fuimos para otro lugar, generalmente mi mamá viajaba en el carro con doña Berta Hernández de Ospina y yo hacía de chapetón ahí adelante. Los opositores del movimiento político, resolvieron llenar la carretera de puntillas y entonces los seis u ocho carros que iban en la caravana, en un momento dado quedaron todos con las llantas pinchadas, pero no solamente una sino con dos lo que hacía inútil el repuesto. Recuerdo que en una de esas oportunidades, doña Berta que siempre andaba con un revólver pequeño en la cartera, le dice a mi mamá:

— “Cecilia, aquí nos van a secuestrar y Usted y yo no nos podemos dejar. Yo quiero hacerle una propuesta, si vemos que vienen a secuestrarnos autoríceme yo le pego un tiro y yo me pego otro y no nos dejamos”

Mi mamá no acepta y le dice:

— “Si Usted decide eso, hágalo, pero a mí déjeme vivita y coliando”.

En otra oportunidad, yo no era sólo chapetón en las giras sino en el congreso,  a esa edad yo me iba y escuchaba los discursos de grandes dirigentes. Recuerdo el de un parlamentario que le estaba haciendo un debate por moral a un colega suyo del Chocó y le decía:

— “Honorable representante, Usted no es ni honorable ni señor porque aquí se les dice honorables a los que no lo son. Usted por ejemplo, cuando tenía 20 años se dedicó a girar cheques chimbos y a mí me han llegado los informes, entonces me parece que Usted viene aquí a intervenir en debates sobre la moral cuando no tiene valores éticos bien concebidos ni formados”

Y en eso uno de los parlamentarios, Augusto Ramírez le pide una interpelación y le dice:

— “Honorable representante, yo le quiero pedir me escuche porque le está haciendo un debate a un colega sobre unos cheques que giró cuando tenía 20 años de edad y yo mirando la problemática que tiene el país y la nación, en términos de vivienda, infraestructura, salud, educación, me pregunto si hay derecho que esté desgastándose con esto cuando lo pueden arreglar en otro escenario pues el país espera algo distinto de nosotros.

Si eso no lo mueve a Usted yo le quiero señalar que si tuviera autoridad moral, pues uno diría que es el líder de la moral, pero yo conozco todo lo que ha hecho en el pasado y no tiene los valores para esto, por tanto le propongo que para que pasemos a los temas que nos ocupan realmente, termine con esto pues de lo contrario me tocará contar todo”

Y el debate se acabó. Al concluir la sesión, el grupo de periodistas que estaba afuera le preguntó:

— “Doctor Ramírez, qué es lo que Usted sabe que logró acabar el asunto” y él responde “¿Quieren que les cuente la verdad? Yo no tengo ni idea de su pasado pero lo que quedó demostrado es que tiene rabo de paja”.

En otro debate, a mis diez y ocho años, María Helena de Crovo, que era líder lopista del MLR, hizo un debate y también otro colega la injurió y ella que andaba armada, un poco exaltada por lo que había escuchado, se paró y le dijo al parlamentario:

— “Honorable representante, Usted está injuriando a una mujer, calumniando al sexo débil, como nos consideran aunque en la realidad no lo sea. Usted ha venido aquí a calumniarme con cosas que no le voy a permitir pero como es un machista, debo decirle que aunque sea mujer, lo reto a un duelo en el Salón Elíptico”.

Sacó el revolver y en ese momento le dio un shock. Recordemos que en esa época los parlamentarios entre otras cosas tampoco tenían oficinas, ni carros del gobierno y los que no tuvieran chofer debían manejar por su cuenta, así pues que mi mamá me llamó porque yo estaba en las barras y terminé llevándola al hospital militar para que la atendieran.

Doña Bertha era amante de las orquídeas y tenía una finca en Fusagasugá que se llamaba La Clarita, donde encontrabas la siembra más linda en Latino América de distintas variedades y cuando salíamos ella siempre observaba dónde podía encontrar nuevas y de vez en cuando me llamaba entre semana y me decía:

— “Víctor, ¿Usted tiene colegio mañana?”

A lo que yo contestaba:

— “Sí doña Bertha”.

Te cuento que los debates en el congreso eran en la noche y las giras los fines de semana. Así pues que me dice:

— “Víctor, ¿se acuerda cuando estuvimos en Cáqueza? Es que allí vi en una montaña unas bellezas  de orquídeas y quisiera que mañana me acompañara a recogerlas así pierda colegio, luego vamos a Fusa, las sembramos y volvemos”

Necesariamente yo amanecía enfermo, no iba al colegio y acompañaba a doña Bertha en su misión, luego llamaba a mis compañeros a preguntar por las tareas y para ponerme al día.

Era otra época, por ejemplo, mi papá era muy formal para todo y en casa cenábamos en familia incluso los fines de semana cuando no había giras. Estaba el Gobierno de Carlos Lleras Restrepo, mi mamá era parlamentaria cuando los parlamentarios podían ser Ministros, Vice Ministros, alcaldes, gobernadores y embajadores. Una noche llegamos a la comida en familia y siendo mi papá contralor general de la República, mi mamá le dice:

— “Víctor, cómo te parece que hoy me llamó el presidente de la República a ofrecerme ser gobernadora de Cundinamarca”.

Mi papá le pregunta:

— “¿Y a ti te entusiasma?

A lo que ella contesta:

— “Sí claro, tu sabes, soy parlamentaria por Cundinamarca, ser gobernadora es llegar a la cúspide política de mi departamento, claro que me entusiasma”.

Dice mi papá:

— “¿Y qué has pensado? ¿Aceptar?”

Ella contesta:

— “Quería conversarlo contigo, saber qué piensas”.

Él:

“Mira Cecilia, tu sabes que yo soy solidario contigo, estoy dispuesto a apoyarte en la decisión que adoptes. Si tu crees que para tu carrera es importante, si tu crees que es un objetivo dentro de tu vida ser gobernadora, si crees que puedes beneficiar a la comunidad cundinamarquesa con tu trabajo, acepta, pero solamente te pido un favor, que cuando hagas ese análisis y antes de decirle al presidente que aceptas, me cuentes a mí para yo saber”

Entonces mi mamá le pregunta que por qué le hace esa advertencia a lo que él contesta:

— “Por una sencilla razón, porque si decides aceptar, yo renuncio a mi cargo”.

Mi mamá le pregunta la razón y él le dice:

—  “Porque eso me genera impedimentos”.

Ella:

“No, no te genera impedimento legal porque tú no me fiscalizas a mí, tu eres contralor general de la nación y el departamento tiene su propio contralor, entonces no hay ninguna incompatibilidad”.

Y mi papá le contestó:

— “Tu tienes razón, pero hay incompatibilidades de ley y hay incompatibilidades de moral. La ley no genera ninguna para que tu seas gobernadora y yo contralor pero si el presidente de la República, que es el Jefe del Estado que yo controlo, te designa a ti que eres mi esposa, madre de mis hijos, indudablemente yo tengo que quedar muy agradecido con él y pierdo autoridad moral para fiscalizar, por tanto no solamente yo debo aplicar la norma constitucional sino la ética y la moral que mi propia conciencia me dicta”

Entonces mi mamá llamó al presidente y le explicó porqué no aceptaba y en esa oportunidad entonces, el presidente le dijo que de todas maneras quería homenajearla nombrando a mi tío. Mi mamá que vivía la política en las venas y que la transmitía, de inmediato colgó el teléfono y llamó a mi tío:

— “Joaquín, Joaquín, quiero contarte que me llamó el presidente de la República y me ofreció ser gobernadora de Cundinamarca. Yo no acepté pero él dice que de todas maneras quiere hacerme un honor nombrándote a ti, así que alístate porque te va a llamar y de una vez ve ajustando tus cosas”.

A los dos días mi tío llamó a mi mamá, él un hombre intelectual, muy bien formado, miembro de la Academia de la Lengua, miembro de la Academia de la Historia, fundador del Patronato Colombiano, autor de una música del Himno Nacional, un hombre muy estructurado, compañero de Eduardo Carranza y con quien se iba a una finca que tenía mi tío en Tabio a declarar poesía, le dice:

— “Cecilia, quería contarte una cosa, tal como tú me dijiste, me llamó el presidente de la República; tal como tú me anunciaste, me ofreció la Gobernación de Cundinamarca, pero quiero hacerte una claridad”.

–“¿Cuál Joaquín?”.

— “Que no me la ofreció por ser tu hermano sino por mis calidades profesionales, humanas y por tanto es solamente por eso que yo voy a aceptar”.

Y ellos que se amaban profundamente, a partir de ese momento y durante el tiempo que Joaquín fue gobernador, nunca se hablaron.

Como mi mamá era de armas tomar y ocupaba una oficina que era de mi papá en la Colombiana de Seguros, compartida con mi tío, algún día llegaron unos señores y le dijeron:

— “Señora Cecilia, ¿cómo está? Venimos de parte de su excelencia, su hermano el señor gobernador de Cundinamarca que nos ha pedido que retiremos unos muebles de su propiedad y que están acá”.

A lo que mi mamá contesta:

— “Háganme un favor, díganle a su excelencia, el señor gobernador de Cundinamarca que Ustedes vinieron a cumplir su misión, que les abrió la puerta Cecilia Piñeros Corpas y que le manda a decir que en vez de darle instrucciones a unos subalternos para que le cumplan una misión de carácter privado tenga el valor de venir personalmente, a ver cómo le va”

Cuando mi mamá era secretaria privada de la presidencia ocurrió el 9 de abril de 1948, cuando mataron a Jorge Eliécer Gaitán, en ese momento la agitación social fue muy grande, salieron a las calles sus seguidores a exigir la cabeza del Presidente de la República y en esa época los líderes liberales eran los doctores Carlos Lleras Restrepo y Darío Echandía Olaya,  el doctor Mendoza Neira papá de Plinio Apuleyo.

Resolvieron pues irse a Palacio a exigirle al presidente que renunciara en una reunión muy tensa y mi mamá, saliéndose del libreto del presidente pero con la inteligencia que le era propia y frente a la información que escuchaba en radio diciendo que las masas se dirigían a Palacio por la cabeza del presidente, (no había ni Caracol, ni RCN, ni Todelar, el medio de comunicación era La Radiodifusora Nacional de Colombia) resolvió llamar al director y decirle:

— “Hágame un favor, pase un comunicado que diga que los doctores Carlos Lleras, Echandía y Mendoza, vinieron a Palacio a exigirle la renuncia al Presidente pero que ya están llegando a acuerdos y ya hay ambiente de civilidad pensando en Colombia” y así hicieron.

Minutos después, la hija del Carlos Lleras lo llamó a él y le dijo:

— “¡Papá, papá! ¿que están haciendo?”.

Él le contesta:

“¿Porqué? ¡Aquí vinimos a exigir la renuncia al presidente Ospina!”

Ella:

“¡No! ¿Pero qué hicieron? ¡En la radio pasaron tal comunicado y ahora la turba no va por Ospina sino por Ustedes!”

El doctor Lleras entró y le dijo al presidente Ospina:

— “Usted es un miserable, un traidor”

Y Ospina que no sabía llama a mi mamá y le pide que le averigüe quién fue el del comunicado porque al responsable lo pasará al paredón. Así ella llama al director de la radio y él le dice:

— “Doña Cecilia, ya pasamos lo que me dijo”.

Ella:

—“¿Qué fue lo que le dije?”

En el fondo esa actitud ayudó a solucionar el tema, se bajaron los ánimos, se lograron acuerdos y al doctor Echandía lo nombraron ministro de gobierno. Éste, cuando sale de la reunión y en días consecutivos le dice a mi mamá:

— “Cecilia, dígame la verdad ¿quién fue la persona que pasó ese comunicado?

Ella:

—“No tengo idea doctor Echandía”.

Él:

— “A ver, yo tengo la convicción de que fue Usted y debo decirle otra cosa, ya pasó el agite, ya pasó el momento difícil, pero si no hubiera sido por eso, su presidente no hubiera durado”

Y ahí es donde nace, la famosa frase de Ospina cuando venían los tumultos con el mayor Berrío al frente de la cartera militar, que se fue donde el presidente Ospina porque la turba iba por él a decirle:

— “Presidente, ya están los carros listos y dispuestos para sacarlo de Palacio porque la  turba viene a matarlo. Hemos repartido armas entre todos los funcionarios para que no solamente sea la guardia quien defienda”

Y el presidente le dice:

— “Mire mayor, yo estoy y me quedo aquí porque más vale un presidente muerto que un presidente fugitivo”.

Estas historias no las viví pero las escuché en las conversaciones de familia.

Mi mamá era una mujer de armas tomar y de una gran sensibilidad. Creó un movimiento político conservador llamado “El soldado raso” y que impactaba porque cuando ella reunía a sus seguidores lo primero que hacía era saludarlos y decirles “¡SOLDADO RASO!”, a lo que todos contestaban al unísono “PRESENTE”. Los animaba, era líder, buena oradora, conocía el Estado, su papá también había estado dedicado a la política así que su sangre no podía ser otra, todo esto para concluirte que con esas experiencias no podía yo ser nada distinto a un político que no he llegado ni a las patas ni a los tobillos de lo que fueron ellos.

Mi papá murió de cáncer hace veinticinco años y de paso se llevó a mi mamá al cabo de tres años. Eran muy unidos, ella muy fuerte pero apenas faltó él, se enfermó y murió. Cuando reviso este libro de historia familiar, siento mucha nostalgia de que no estén vivos.

Por tanto, la mía era una vida llena de anécdotas vinculadas a la política y a la vida de mis padres.

De mis padres  aprendí que  los valores éticos y morales son sagrados y por tanto innegociables y que la política es el arte de entrega responsable y dedicada al servicio de  la comunidad.

Publicado por Blogger para El Blog de Isa en Tue 15-Dec-15