Ricardo Medina Rico

RICARDO MEDINA RICO

Las Memorias conversadas® son historias de vida escritas en primera persona por Isa López Giraldo.

La mezcla explosiva, imperfecta y exitosa de amor y de familia es lo que me define. Soy un optimista que siempre ve el vaso medio lleno y que cree que todo puede ser mejor. Soy el hijo de dos padres amorosos, el hermano mayor del orgullo de la familia, el esposo enamorado del ser más espectacular del mundo, el amigo más fiel y leal de sus amigos y el padre perruno más comprometido que puedan conocer. Un apasionado por la educación y la justicia. Un soñador.

ORÍGENES

RAMA MATERNA

La familia de mi mamá es de Fómeque, un pueblo muy lindo junto a Choachí que se ha vuelto muy turístico: la gente va a montar en bicicleta, a disfrutar de las aguas termales, a veranear en días de descanso. Aquí pasé muchas de mis vacaciones disfrutando el pan más delicioso que se pueda alguien encontrar, soy un catador de pan y sé de lo que hablo. El que preparaba mi abuela no lo supera nadie.

Miguel Antonio Rico Rey y Araminta Acosta Martínez de Rico (siempre se presentaba  como Araminta Acosta de Rico y siempre firmó Araminta de Rico), mis abuelos, tuvieron una de las tres tiendas que había en Fómeque y a la que iban a mercar los lugareños los días sábados; les fiaban durante el mes a los campesinos, quienes pagaban cuando recogían la cosecha.

Con las tiendas criaron a sus cinco hijos, brindándoles el ejemplo de un trabajo honesto, comprometido, que empezaba a las seis de la mañana y continuaba hasta las ocho de la noche. Los lunes viajaban a Bogotá para abastecerse, los jueves pesaban la harina de trigo, la harina de maíz, la sal, el azúcar, y el sábado era el día más concurrido por gente que llegaba de todas las veredas.

El trabajo y el estudio fueron pilares fundamentales en la educación que recibieron mi mamá, Dora Stella Rico Acosta, y sus hermanos. Los abuelos no quisieron que sus hijos continuaran la historia viviendo en Fómeque, sino que se comieran el mundo y que lo lograran a través del estudio.

La generación de mi mamá fue educada en valores católicos y en la idea de ser auto sostenibles, en que la mujer no debía esperar ser mantenida por un esposo. Mi mamá fue una normalista que muy joven llegó a defenderse en Bogotá. Sus hermanos mayores ya vivían aquí, pero igual tuvo que enfrentarse a una ciudad que superaba de lejos las tres cuadras a las que estaba acostumbrada en su pueblo natal. Tuvo que montar en bus para poder desplazarse. Así estudió cinco años de derecho, por consejo de los hermanos, pero no presentó preparatorios, entonces no se graduó. Lo que sí la hizo feliz fue estudiar licenciatura en preescolar y su especialización en educación sexual. En cambio, dice que la carrera de Derecho le sirvió para una sola cosa, conocer a mi papá, porque su gran vocación es ser profesora de preescolar y, su pasión docente, enseñar a leer con comprensión de lectura y bonita entonación para hacerlo en público.

Enseñó en colegios de escasos recursos a niñas que llegaban sin comer o que lo hacían una sola vez al día, entonces ella hizo cuanto pudo y no les exigía lo mismo a estas niñas que a aquellas en mejores condiciones, porque fue muy exigente, pero entendía la situación particular de cada estudiante. Tuvo tres generaciones de alumnas, desde la mamá, sus hijas y sus nietas, quienes le reconocen su entrega y dedicación consagrada. Con esto mi mamá me enseñó que, a través de la educación, uno puede cambiarles la vida a las personas.

RAMA PATERNA

La familia de mi papá es numerosa. Isauro Medina Ceballos y María Inés Vargas Cely, mis abuelos, son del Huila, con algunos de sus ancestros del Cauca y de Boyacá. Isauro, de Nátaga, muy joven se fue a estudiar en el Seminario de Santa Rosa de Cabal, pues quiso ser sacerdote. Pero, un tío suyo se lo llevó a trabajar en la Casa Cural de Teruel donde se le acabó la vocación al conocer a mi abuela, una mujer bellísima, alta, impactante, como lo fue mi bisabuela Emma Cely. Mi abuelo hablaba francés, latín, griego, fue profesor de canto, poeta y con estos encantos enamoró a mi abuela. Ella, hija del hombre rico del pueblo, Eliseo Vargas, con casa en el marco de la plaza y unas fincas cafeteras hermosísimas, cae rendida a los pies de quien se creía iba a llevar sotana y clergyman y que terminó dando discursos en plaza pública.

Mi abuelo hizo vida política, con la ayuda de su suegro. Fue alcalde y ocupó otros cargos representativos en el Departamento. Tuvo ocho hijos en sistema cremallera, es decir, –intercalados, cuatro hombres y cuatro mujeres, de los que mi papá es el menor de los varones.

El matrimonio de mis abuelos maternos duró más de cincuenta años hasta que fallecieron, el de mis abuelos paternos duró tan sólo setenta y dos años, cuando mi abuelo paterno falleció contando con alrededor de noventa y siete años: mi abuela lo recuerda a diario. Tiene una memoria prodigiosa que, algunos, como quien habla, heredamos.

SUS PADRES

Miguel Hernán Medina Vargas, mi papá, quien fue criado en Neiva, heredó el gusto por la política de su padre y, siguiendo los pasos de sus hermanos mayores, decidió instalarse en la casa de sus hermanas en Bogotá para iniciar su carrera de Derecho con tan buena suerte para mí que en la universidad conoció a mi mamá. Iniciaron un noviazgo de cuatro años. Él se dedicó al sector público en el que ocupó algunos cargos importantes, pero bajo la convicción de no participar en temas de corrupción, lo que le hizo imposible seguir creciendo profesionalmente. Le agradezco su buen ejemplo y sus ganas de hacer justicia.

Dora Stella Rico Acosta es mi mamá, esa docente verraca que ya mencioné. Fue ella quien tomó la iniciativa y le propuso matrimonio a mi papá, siendo tan conservadora, pero revolucionaria.

Creo que la vida de mis papás les permitió ejercer unos roles importantísimos. Mi papá fue un padre muy presente en la crianza de sus hijos y mi mamá una madre ejemplo y orgullo femenino, de lideresa destacada. Cuando mi papá debía renunciar porque había cambios de gobierno o porque los jefes pedían cuestiones inmorales, era mi mamá la que sostenía económicamente la casa. Esto desencadenó que mis papás nos dieran a mi hermano y a mí todas las comodidades imaginables, pero además generaba que mi papá se dedicara a darnos una educación de calidad y una infancia llena de diversión y mi mamá unos valores que llevamos impresos en el alma. A ellos dos les debo todo lo que soy.

INFANCIA

Nuestros padres nos enseñaron a no hacer las cosas a medias, quisieron que siempre llegáramos a buen puerto con la satisfacción del deber cumplido. También aprendimos la importancia de dormir tranquilos actuando conforme a nuestras convicciones y a los valores aprendidos.

Mauricio Alejandro, mi hermano menor tres años, me trajo un camioncito de regalo el día de su nacimiento. Asumí el rol de hermano protector, busqué darle ejemplo. Igual jugamos, peleamos, compartimos, nos cuidamos, hicimos pilatunas.

Hace algunos días recordábamos que, a la salida del colegio, a mis ocho años, un compañero de un curso superior al suyo lo empujó, con tan mala suerte para el niño que yo iba detrás y le hice exactamente lo mismo. Así que se disculpó y no volvió a molestar a mi hermano. Hubo accidentes, alguna vez le abrieron la frente al empujarlo, fueron tres puntos los que tuvieron que cogerle, pero a mi mamá le dijeron que era de cirugía plástica y pensó que se había desfigurado. Yo le desconectaba el control del súper Nintendo mientras jugábamos Mario Bross, aprovechando que él estaba muy chiquito y no se daba cuenta. Además, le decía que él era Yoshi, el caballito verde, y él me creía todo el cuento.

Su sueño adolescente fue ser mago, y lo cumplió. Ahora es un médico javeriano muy exitoso, porque no siguió mi consejo de ser rosarista. Se graduó con honores en urología y tiene maestría en epidemiología, con apenas treinta años. Pero también es investigador y escribe y hace magia, no sólo curando personas, sino que realmente su pasatiempo es la magia y si hubiera seguido ese camino yo creo que podría estar en Las Vegas. Lo que se propone lo cumple.

ACADEMIA

Estudié en el Colegio Calasanz de Bogotá, al igual que mi hermano. Nos destacamos por ser buenos estudiantes, sin falta estuvimos en los cuadros de honor, izamos bandera, dejamos nuestro nombre en alto. Con los años regresé y la profesora de trigonometría al escucharme me dijo: “Usted y su hermano dejaron historia aquí”.

Mi hermano siguió mis pasos. Por ejemplo, si yo me lanzaba de representante estudiantil, él lo hacía también. Di el discurso de grado, como lo hizo él. Representamos al colegio en jornadas de física, química, matemáticas, en el concurso de ortografía de El Tiempo.

En Primaria fui personerito estudiantil, en cambio, en bachillerato sufrí una derrota estruendosa cuando me volví a lanzar de representante. Tenía quince años y, aunque hice una campaña llena de propuestas interesantes, fue evidente que los jóvenes votaron por amistad y popularidad. Ganó el que más matoneo hacía y no el que más mérito tenía, que quizás no era yo, porque había candidatos maravillosos. Ahí me di cuenta de la manera como cambian las personas, porque la candidatura en primaria fue más inocente, pero llena de convicción, ideales y ganas de transformar el mundo. Nunca quise ser parte del grupo de estudiantes que humillan a otros, quizás por eso perdí. Siempre he pensado que quien sobresale debe hacerlo por su servicio a los demás y no porque pisotee a los otros. Esta fue la manera inicial de cultivar mi amor por la justicia.

De esa época conservo amigos entrañables, los más cercanos fueron mis profesores y directivos del colegio. Recuerdo que en la última semana llegábamos con camisetas blancas para firmas y la mía está llena de frases de estos, más que de compañeros.

Siempre llevé la contraria: si la tendencia era ser de izquierda, yo quería ser de derecha, y al contrario; si la gente amaba el reguetón, yo lo odiaba, ahora me sé todas las canciones. Todo esto lo interpreto como la decisión de estar al lado de los grupos minoritarios. He creído que debe defenderse al más débil, que las luchas se ganan con argumentos, y por eso me pongo en su posición, aunque uno no comparta sus ideales.

Quería ser sacerdote y estuve muy cerca de lograrlo en dos ocasiones, pero me enamoré. La segunda vez de este proceso de toma de decisión me sentía muy confundido, me encontraba en una iglesia orando y le pedí a Dios una señal; justo en ese momento entró una mujer despampanante quien se sentó al frente mío. Di las gracias y entendí que no tendría la vocación, repitiendo la historia de mi abuelo paterno.

Mi mamá siempre quiso que yo fuera ingeniero y que mi hermano fuera médico. Por eso digo que el favorito de la casa terminó siendo mi hermano, porque cumplió el sueño de mi mamá. Ella quería que yo estudiara ingeniería sin importar cual fuera: electrónica, de sistemas o mecatrónica en ese momento muy popular, pero a mí no me llamaban la atención. Me gustó siempre el Derecho. Mi abuela materna recuerda que siendo yo muy pequeño, mientras jugaba en Fómeque decía que iba a ser abogado como mi papá.

Tuve la oportunidad de sostener una conversación en el colegio con un sabio escolapio, el padre Juan Jaime Escobar, muy cercano, a quien le manifesté mi deseo de ser abogado y llegar a la Presidencia de la República, pero que mi mamá me decía que me sería muy difícil lograrlo al no pertenecer yo a una familia de abolengo.  En esa conversación Juan Jaime me dijo: “hay que anhelar ser obispo para llegar a ser sacristán. Usted tiene todo para lograr sus sueños”. Ahí tomé la decisión de estudiar Derecho. Hoy en día realmente no anhelo ser presidente, pero creo que voy por el mejor camino para ser sacristán.

UNIVERSIDAD DEL ROSARIO

Desde siempre quise estudiar en el Rosario, pese a haberme inscrito en el Externado y en la Nacional. El Rosario es la Universidad que más presidentes ha graduado, decía mi papá. El padrino de bautismo de mi papá, gran amigo de mis abuelos paternos fue abogado rosarista y había sido colegial. Mi papá me explicó que, ser colegial, significaba ser el estudiante más importante de la Facultad.

El padrino de bautizo de mi papá, Rómulo González Trujillo, recién graduado del Rosario, fue gobernador del Huila y su último cargo importante fue ser ministro de Justicia del presidente Pastrana, ministro delegatario con funciones presidenciales. Él, contemporáneo de mis abuelos y gran amigo de la casa, siempre ayudó a mi familia, como lo hizo también Felio Andrade Manrique, igualmente ministro y senador. Ambos fueron rosaristas. Con ellos vivo muy agradecido, aunque sólo pude compartir algunos diálogos con Rómulo y sus hijos, yerno y nietos, todos con la estampa del Rosario en su actuar.

El colegio me dio la oportunidad de ir a la Universidad y al Liceo Francés a recibir clases de introducción al derecho con el Rosario. Fue ahí donde conocí a un grupo de colegiales, cuatro de ellos dictaron el curso: Juan Felipe Merizalde Urdaneta, Tomás Holguín, Pedro López, Sonia Marina Castro junto con María Andrea Calero Tafur, mi mejor amiga en la actualidad y quien fue mi vicepresidenta en mi primer periodo como presidente en el Colegio de Abogados Rosaristas. Quise ser como ellos, hoy muy exitosos en sus carreras y como personas.

Recibí una beca del 50% por excelencia dado mi puntaje en el ICFES que usé para estudiar en el Rosario. Inicié en el año 2007. Recuerdo que el rector de ese momento, Hans-Peter Knudsen, se acercaba a saludar cuando se cruzaba con sus alumnos. De él guardo las más bonitas memorias en almuerzos en la casa rosarista, él escuchándonos a Humberto y a mí todas las propuestas descabelladas que hacíamos desde el consejo estudiantil y él hablándonos de su afición por volar. En la introducción a la Universidad conocí a profesores como Francisco Bernate, un rockstar que enamora a la gente, y a los miembros del Consejo Estudiantil, pues me recibieron su presidente y vicepresidente, hoy dos grandes abogados y amigos: Juan Manuel Lozano Rodríguez y Carlos Andrés Núñez de León. Ellos me mostraron ese mundo en el que trabajaban de la mano colegiales y representantes estudiantiles.

Siempre fui muy cercano a estas instituciones, sin importar que cambiaran los estudiantes, como por ejemplo de los colegiales Cristina Castro o Hernán Vidal, dos seres humanos maravillosos. En el Rosario hice hermanos del alma como Humberto Izquierdo y Alejandro Ramírez, los dos presidentes del consejo estudiantil. Juan José Rodríguez Arbeláez, quien fuera colegial, con quien estudié muchas tardes en su casa y gracias a sus buenos consejos pasé muchas materias. Juanja, Rau, Chucho, Pipe, Sebas, Picón, son amigos de la vida, y puedo afirmar que, al día de hoy, no nos desamparamos.

Tenemos un grupo que sus siglas son LMDP que, aunque traen a colación un momento inolvidable de nuestras vidas, bien podría significar Los Mejores Del Planeta, porque eso son para mí. Por supuesto, la lista de amigos es mucho más extensa y el Rosario ha generado que a lo largo de la vida, donde me voy encontrando algún compañero, el abrazo es como si nunca hubiera existido una distancia, una discrepancia, una diferencia. Hoy todos somos amigos y eso es algo que me llena de orgullo, porque no todas las instituciones dan ese colegaje, algunos otros escenarios son solo de enemistades y envidias, eso no pasa entre los rosaristas.

Erróneamente creí que quien fuera representante estudiantil no podía ser colegial, por lo que jamás me lancé a lo primero. Quedé en dos casos en listas de colegiatura, pero nunca fui entrevistado. Durante esos años estudiantiles me di cuenta de que me gustaba más el ejercicio del Derecho que la política, que me gustaría más ser magistrado que presidente de la República; ser un gran ministro de justicia que un senador.  

Di el discurso de grado, en el año 2012, el que fue muy emotivo. La mesa directiva estuvo compuesta por mis maestros e integrantes de la Colegiatura y el Consejo Estudiantil. Luego decidí estudiar derecho penal y administrativo en el Rosario. Más adelante hice la maestría en justicia criminal en la Universidad Carlos III de Madrid y otra en educación en el TEC de Monterrey. Fui monitor, profesor auxiliar, profesor titular, catedrático, investigador. Actualmente adelanto mi doctorado en Derecho.

Me encanta lo público, pude ser representante estudiantil, hice campaña para mis compañeros, y tuve muy buena acogida en profesores que llevo en el corazón como Carlos Gálvez Argote, Antonio Aljure Salame, Mauricio Plazas Vega, Gabriel De Vega Pinzón (QEPD), Germán Valdés, Jaime Tobar, mi padrino de matrimonio. Estuvieron en momentos importantes de mi vida, de ellos recibí siempre el mejor consejo. No todos fueron profesores de aula, pero de ellos he aprendido muchísimo a través de la conversación. Esta no es una lista taxativa, pero son las primeras personas en quienes pienso cuando reconozco todo lo que le debo al Rosario. Alejandro Venegas, quien es estrictamente protocolario, rompió el protocolo en mi ceremonia de grado para ser la primera persona en decirme abogado, significando este el mayor de los honores.

Francisco Bernate me llevó a varias universidades para dictar clases, pero también me dio casos para litigar y tuve el honor de ser su abogado suplente en algunas ocasiones. Juan Carlos Forero me dio mi primer trabajo en el Derecho Penal siendo estudiante. Ellos, con Jaime Lombana y Francisco Sintura, son los gestores de la verdadera escuela en derecho penal en el Rosario.

Mi mamá cambió su opinión y ahora reconoce que uno debe estudiar lo que quiere. Soy el más feliz con la decisión que tomé, también porque estudiando Derecho encontré, en el 2013, al amor de mi vida, la mujer con quien me casé en el 2021. El Rosario me lo dio todo, definitivamente.

TRAYECTORIA PROFESIONAL

ACADEMIA, DOCENCIA E INVESTIGACIÓN

Desde la época universitaria me destaqué como el que les explicaba a mis compañeros y después como monitor de cursos en semestres inferiores. La vena de enseñar de mi mamá salió a flor de piel. Desde que egresé empecé a dictar clases, primero como profesor auxiliar y después como catedrático titular.

He tenido la fortuna de ser profesor de pregrado, posgrados y diplomados en diferentes universidades como la Pontificia Universidad Javeriana, la Universidad Libre de Barranquilla, el Politécnico Grancolombiano, la Universidad Católica de Colombia, la Universidad Sergio Arboleda sede Santa Marta, la Fundación Universitaria Agraria de Colombia y, por supuesto, en mi casa, la Universidad del Rosario, donde he estado en el pregrado y en las especializaciones de Derecho Ambiental y en Derecho Médico.

Esto va de la mano con las conferencias que he dictado en diferentes lugares de Colombia como en otros países, así como los seminarios, congresos y tertulias que he organizado con el Colegio de Abogados Rosaristas, la Cámara de Comercio de Bogotá y la Personería de Bogotá entre otras instituciones. Creo que el conocimiento debe llegar a todas partes y la virtualidad ha sido un acierto para llevar a los mejores conferencistas a los rincones más distantes de la nación.

Como también disfruto la investigación y publicación de textos académicos, tengo más de una docena de artículos publicados en revistas nacionales e internacionales indexadas, ocho capítulos de libro y siete libros donde he sido autor y editor. En esa tarea siempre he tenido dos personas que me han impulsado, que son grandes investigadores y que publican más que yo, Laura, mi esposa, y William, mi mejor amigo.

Algunos libros han sido realmente sensación. El marco normativo de la Jurisdicción Especial para la Paz acabó ediciones a los pocos días de salir. No había funcionario, litigante, representante de víctimas, compareciente, académico, que no lo tuviera bajo su brazo antes de entrar a una audiencia o a un evento. El manual de técnicas de juicio oral ha salido a relucir en diferentes países y siempre recibe los comentarios más destacados.

El libro de los treinta años de la Constitución es una obra apoteósica con las personas que más saben del tema, entre ellos exconstituyentes, exmagistrados, profesores y expertos en la Carta Política. Una de las anécdotas que más recuerdo de los libros es cuando me mandan un tweet con un video en el que uno de mis libros fue protagonista. Un congresista de la República (no recuerdo quién ni de qué Cámara) le regala en un debate de Control Político al funcionario citado un tomo de mi “Manual de Responsabilidad del Servidor Público” expresándole que debería leerlo ya que en su actuar no conocía el subtítulo de mi libro, que dice “ética, transparencia y lucha contra la corrupción”.

No quiero decir que el congresista tuviera razón y hasta donde sé el citado no ha sido vencido en juicio por casos de corrupción por lo cual no quiero emitir juicios de valor, pero sí recuerdo que recibí muchas llamadas porque el libro se dio a conocer a través de ese suceso.

JURISDICCIÓN ESPECIAL PARA LA PAZ – JEP

El magistrado Raúl Sánchez, otro grande del derecho, me llevó a trabajar con él en la JEP. Se trata de un abogado rosarista, huilense, quien quiso brindarles oportunidades a sus coterráneos rosaristas, y yo cumplía con los dos requisitos. Allí me encontré con Carlos Guillermo Castro, gran maestro y experto en Derecho Penal, también a William Salazar Medina, un ser humano bondadoso, brillante

Aquí aprendí muchísimo y crecí como profesional, me enfoqué en temas de derechos humanos, de la justicia transicional y restaurativa, viajé a lugares remotos de muy difícil acceso. Supe que sí se podía hacer justicia, que se podía trabajar por los menos favorecidos y por gente en desamparo, de la mano de comunidades indígenas, con negros, afrodescendientes, raizales y palenqueros. Volvió mi sueño de cambiar el mundo.

PERSONERO DELEGADO DE DERECHOS HUMANOS

Después de tres años en la JEP se me presentaron dos oportunidades profesionales. Una, como personero delegado derechos humanos en una ciudad como Bogotá. Otra como decano de una universidad. Me decidí por la primera.

Como personero delegado trabajé en las duras protestas con gente lanzando bombas molotov, estuve en la protección de Derechos Humanos de los pueblos indígenas que se asentaron en el Parque Nacional, también con migrantes venezolanos y de otras nacionalidades, con la comunidad LGTBI,  con privados de la libertad. Remití a la Corte Constitucional un informe que llevó a que el Estado declarara un estado de cosas inconstitucional con los privados de la libertad en las estaciones de policía.

Hicimos muchísimo desde la delegatura de derechos humanos, desde la coordinación del ministerio público y finalmente desde la coordinación de potestad disciplinaria donde aplicamos la convencionalidad de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, logré que acogiéramos el precedente de la Comisión Nacional de Disciplina Judicial. Hubo un momento, al final de mi tiempo en la personería en el que fui coordinador del Ministerio público, de disciplinarios, encargado de la coordinación de función pública y de la personería auxiliar.

UNIVERSIDAD DE TORONTO

Laura, mi esposa, compitió con cientos de estudiantes en todo el mundo para ser seleccionada como la única estudiante internacional para adelantar su doctorado en Toronto en el año 2021, esto acompañado de múltiples becas que le fueron otorgadas para iniciar su sueño, por lo que decidimos mudarnos. Actualmente soy investigador de la Universidad de Toronto, estoy haciendo lo que me gusta y volviendo a encontrar una conjunción de la educación y el Derecho. Se han seguido abriendo puertas, pero aun es muy pronto para dar la chiva de las cosas buenas que están saliendo en temas de Derechos Humanos.

COLEGIO DE ABOGADOS ROSARISTAS

Como estudiante me vinculé al Colegio de Abogados Rosaristas, desde donde fui revolucionario. Hago parte de su consejo directivo desde el 2011. Siempre he llevado ideas locas, he sido irreverente. Hace diez años, cuando celebrábamos los treinta del Colegio, sugerí hacer un stand up comedy con Primo Rojas, pero me llovieron rayos y centellas. Buscaba llegarles a los jóvenes que son mediáticos, de redes sociales, algo descomplicados, como lo he sido yo. Se impuso el ala de los mayores con el recital de Valeriano Lanchas y Martha Senn en el Teatro Julio Mario Santo Domingo. Fue exquisito. Aquí tuve una de mis primeras citas con Laura.

Si bien he sido crítico, también respetuoso, por lo mismo fui nombrado presidente del Colegio y reelegido para el periodo 2023 – 2024. El gusto por lo público me llevó a representar a un gremio ante la Universidad, ante el Estado. Hice toda la carrera aquí pasando de ser representante de los estudiantes a miembro suplente, miembro principal, tesorero suplente, tesorero principal, vicepresidente por dos años durante la pandemia, lo que me llevó a la primera presidencia, para ser uno de los más jóvenes, sino el más joven en ese cargo. Nunca fui su secretario ejecutivo. Fui reelegido, porque, cuando el Rosario llama, uno no puede negarse. Con esto demuestro que mi primera presidencia no fue un golpe de suerte.

Como presidente he sido también revolucionario, me salto protocolos. Propuse, de manera inconsulta, entregar la medalla al mérito Camilo Torres y Tenorio a Germán Valdés, uno de nuestros expresidentes, la que solo tienen Juan Rafael Bravo y Álvaro Mendoza. Fui el primero en organizar seminarios con conferencistas extranjeros en su mayoría. Abogué por un consejo directivo totalmente igualitario en temas de equidad y en forma de cremallera: si la mujer es principal, su suplente es hombre; para el siguiente renglón se invierte el género. Ahora, ejerzo desde el exterior y hago parte de un Consejo Directivo de lujo.

Somos el colegio más antiguo y el más consolidado, el más visible. Somos una institución supremamente importante y quiero hacerla crecer aún más. Busco que los egresados apoyen a la Universidad desde lo humano, pero también desde lo financiero, que sean los gestores de becas y reconocimientos para quienes aún emprenden su proceso de formación, que brinden espacios para generar ideas como son las asociaciones de egresados de las más importantes universidades del mundo.

PROYECCIÓN

Creo en el destino. Mi proyecto de vida con Laura está en Canadá, porque no me veo regresando en el corto plazo a Colombia, aunque los lazos con el país continúan. Me encantaría hacer parte de una alta corte, ya sea en la Corte Suprema de Justicia de Colombia o en el Tribunal de Derechos Humanos de Ontario. Solo Dios y la Virgen de la Bordadita saben cuál será el puerto al que llegaremos.

LAURA ACOSTA ZÁRATE

Laura Acosta Zárate es todo en mi vida, el ejemplo más perfecto del amor en su más tierna y excelsa expresión. Es brillante, inteligentísima, hermosísima, dedicada, alguien que cree en el mérito, busca la excelencia en todo. Fue penalista, ganó un concurso organizado por la Embajada de los Estados Unidos, la única rosarista en lograrlo. Actualmente es criminóloga. Hemos escrito libros y artículos juntos, porque nos hemos apoyado no solo como pareja, sino también académicamente.

Desde que la vi por primera vez caí rendido ante sus encantos. El tiempo nos alejó cuando viajó a Inglaterra para adelantar su maestría, pero luego nos acercó hasta llevarnos al matrimonio en una relación idílica. Somos una fortaleza. Estamos persiguiendo nuestros sueños juntos. Un día cuando empezamos a salir nos hicimos la promesa de estar ochenta y nueve años juntos y que si la muerte toca nuestra casa soy yo el que debe morir primero. Aún creo en su palabra y espero que cumpla al pie de la letra.

Somos adictos a los viajes, hemos estado juntos desde la punta de Calafate en Argentina, pasando por las playas más recónditas de Cuba, hasta disfrutar en los más preciosos Safaris en Kenia y Tanzania. Tenemos en nuestra lista de pendientes, como ir a Egipto y a India, y ya estamos programando esas vacaciones.

Tenemos dos hijas perrunas: Havana, ovejero inglés que nos brinda todo su amor desinteresado; y Cacerola, adoptada en un cacerolazo, quien nos agradece en cada momento la oportunidad de vida. Llegan a nosotros para enriquecernos, llenarnos de amor y felicidad. La familia Medina Acosta o Acosta Medina, jamás nos ha interesado saber el orden, vive feliz en Toronto y seguirá con la convicción de cambiar el mundo desde donde estemos.