
Los técnicos en la política, concepto cuyo alcance comprendí mejor al escribir este libro con Guillermo Perry. Los tecnócratas, como Guillermo y Alejandro Gaviria y muchos otros como ellos, son profesionales y académicos muy competentes. Han hecho una contribución enorme al Estado. Por lo general, las entidades de las que han sido protagonistas funcionan mucho mejor después de su paso por ellas.
Es de reconocimiento público que con su contribución ha habido un muy considerable progreso económico y social del país. Esto, pese a que hemos vivido en medio de un conflicto que cuenta más de cincuenta años. Con su conocimiento profundo de los temas a su cargo, los tecnócratas han brindado a la economía colombiana un comportamiento estable. Pero también una proyección importante que hacen que se destaque dentro de los países de la región
Guillermo ha ocupado posiciones muy importantes en el país y en organizaciones internacionales. La que más aprecia es la de Constituyente de 1991, a la que dedicamos un capítulo del libro. Como él dice, setenta personas se dedicaron a soñar y a tratar de construir el país de los siguientes cien años.
Cómo no recordar sus experiencias tempranas en los gobiernos Lleras Restrepo, ayudando a consolidar la cuna de la tecnocracia que fuera Planeación Nacional. Lopez Michelsen, liderando la reforma Tributaria estructural de 1974, la más importante de la segunda mitad del siglo pasado, y contribuyendo a la visionaria reforma que volvió a hacer de Colombia un país petrolero y minero. Y Virgilio Barco, con el inicio del muy exitoso programa de masificación del uso del gas natural, de su autoría intelectual, el desarrollo de la capacidad exploratoria de Ecopetrol y el programa de titulación de la pequeña y mediana minería que funcionó muy bien en el caso del carbón, pero que políticos regionales sabotearon en el caso del oro con las consecuencias posteriores de florecimiento dela minería ilegal.
O cómo no recordar sus pinitos en la política. Su paso por el Senado de la República y su aporte en la construcción del movimiento político llamado Poder Popular, una especie de social-democracia moderna que se frustró con el Proceso 8.000.
Su renuncia al Ministerio de Hacienda fue una decisión muy difícil, como lo narra en el libro, que le obligaba cuando se convenció de que sí habían ingresado sumas grandes de dineros del narcotráfico a la campaña de su hasta entonces amigo y compañero de lucha política, Ernesto Samper. Después de intentar convencerlo de que renunciara o adelantarla las elecciones, sintió que quedarse en el Ministerio equivaldría a avalar esa conducta impropia que habría de hacerle tanto daño al país. Porque, como él bien lo dice, el verbo renunciar se conjuga solo excepcionalmente en Colombia.
Guillermo es un profesional que no se arrepiente de haber dedicado lo mejor de su vida a lo público, pese a la decepción que esa situación le causó. Aunque se alejó de una participación directa en política desde entonces, sigue muy activo como asesor, analista, columnista y académico. Como bien lo expresa: “el servicio público deja satisfacciones tan grandes que acaban haciendo parecer menores los sinsabores y angustias”. Defiende el hecho de “haber contribuido a crear y mejorar instituciones y políticas que han tenido incidencia positiva en el bienestar de muchos colombianos, lo que al final compensa con creces esos inconvenientes y frustraciones”.
Ahora deja un legado más, cuando decidió contarlo, porque así ocurrió luego de nuestra conversación para Historias de Vida. Guillermo aceptó mi propuesta de rescatar sus memorias de manera conversada y sus reflexiones sobre los últimos cincuenta años de vida nacional, en lo económico y lo político, para consignarlas en este libro. Libro que considero de obligada lectura, especialmente para los profesionales jóvenes. Encontrarán la narración y explicación detallada de hechos que hoy son historia y de otros que aún tienen vigencia, todos enmarcados en la seriedad que caracteriza a quien de muchas formas distintas los protagonizó o fue testigo de excepción. Pero también con la jovialidad y el humor que revela su carácter y que hizo de esta experiencia una aventura muy amena y agradable. Su rigor está siempre matizado con anécdotas impactantes y muy divertidas.
Guillermo, gracias por el privilegio de compartir esta experiencia durante el año y medio que tomó. Quedan el afecto, recuerdos muy gratos y el registro de en una vida y unos hechos que había que contar.


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