Juan Carlos Pinzón

 

Sus pilares de vida: familia, patria, fuerzas armadas, valores católicos, los que marcan la manera en que actúa y en que ha servido al país.

 

 

Siento orgullo de provenir de una familia con tradición militar. Las familias militares educan desde muy joven en el sentido de que la patria está primero, que Colombia está primero, tanto que el movimiento político que formamos se llama “Ante todo Colombia” mostrando ese sentimiento. Esta herencia familiar marca mi camino y mi destino. Rememorando te cuento que, cuando fue necesario combatir en defensa de Colombia se hizo, y resalto el caso de un bisabuelo mío, Roberto Rico, que siendo coronel -después llegó a general- le tocó comandar el destacamento Putumayo en el conflicto amazónico y tomar territorio incluso de otro país, Perú, precisamente para poder recuperar el territorio colombiano.

 

Es una historia linda, pero así también recuerdo con mucho afecto, alegría y entusiasmo, haber crecido en los cuarteles militares. Mi papá era un soldado del ejército que llegó al grado de coronel y mis primeros veinte años de vida, diecinueve para ser exactos, los viví en las guarniciones militares y compartiendo con la familia militar. Las familias militares no son aisladas, es una gran familia porque vivimos una vida similar todos, crecemos en los mismos cantones y por supuesto que hace uno vida alrededor de esto, hasta el punto que, quién lo creyera, mi señora, María del Pilar, es también hija de un militar.

 

– ¿Quisiera conocer cómo es la niñez en ese mundo de militares y cantones?

 

Rescato tres cosas: una niñez llena de alegría y de espacios muy amplios para disfrutar. Por ejemplo, siendo niño recuerdo vivir en el fuerte militar de Tolemaida, y éramos muchas familias. Nos encontramos hoy en día ya todos casados, con hijos y se acuerda uno de esa vida tan agradable, era de película, vivíamos delicioso, sin ningún lujo, todo lo contrario, llenos de privaciones pero, montando en bicicleta, corriendo, haciendo las pruebas militares desde niñitos.

 

Por otro lado, el cambio de lugar. Yo viví en siete lugares distintos de Colombia y dos en el exterior, es decir, nueve veces me tocó cambiar de región.

 

Y la tercera, ¿?

 

– ¿Y qué rescata como positivo y cuáles los bemoles de estarse moviendo?

 

Lo positivo de esto sumado a la experiencia en Gobierno, le puedo decir que haber vivido en tantas regiones le da a uno conexión con el país. Personalmente siento que entiendo la cultura y el sentimiento de lo que pasa en las distintas regiones. La parte dura era que cuando usted ya estaba cómodo, establecido y le parecía agradable, tenía que salir de ese lugar para ir a otro.

 

– ¿Y los amigos?

 

Están cambiando, pero al final siempre nos reencontramos de muchas maneras y por distintas razones, como que todo confluye y tenemos todos una vida muy parecida. Yo miro para atrás y mis amigos de la vida tienen que ver con el colegio y en relación con la familia militar.

 

– Veo que recuerda con muchísima felicidad y agrado y siempre pensé que ser hijo de militar resultaba muy exigente y estresante.

 

Tener disciplina también es bueno y hay que ponerle felicidad. Y hay que decirlo, se vive en estos barrios muy seguro, uno tiene la posibilidad de jugar futbol en el parque, a las escondidas, estar afuera pero protegido.

 

 

– Lo escucho hablar en su compartir con otros. ¿Cómo era en soledad y recogimiento?

 

Hay momentos en que soy muy bueno para escuchar y no hablar; con amigos soy muy conversador, echo cuentos y comparto anécdotas; pero también he disfrutado mucho los momentos de soledad, el tener mis espacios para la reflexión, para leer, para estudiar un poco.

 

– ¿Cuáles fueron esas primeras reflexiones que le trazaron el camino y lo proyectaron en lo que es hoy y comenzar así su construcción?

 

Desde muy joven y quizás por la formación que me dieron en la casa, tenía muy claro que servir al país es algo que uno tiene que hacer. Lo que también he aprendido con los años es que no solo se sirve desde las Fuerzas Armadas, que son el servicio máximo por el sacrificio supremo que hacen nuestros militares y policías, pero también se sirve desde el gobierno, desde el sector privado y desde la casa. Hay que ser buen ciudadano y pensar que las acciones que uno tiene afectan o no de alguna manera al país, por lo mismo se debe ser propositivo.

 

– ¿Qué historias le contaban que le generaran embeleso y que le hicieran enamorarse de su tradición familiar y sus raíces?

 

Pues más que contarlas era la vivencia. Pude ver desde muy joven cómo la gente entrega su vida por el país y lo hace con profundo amor y está dispuesta a ir a lugares donde otros no lo hacen. Su familia les es muy importante, pero tienen claro que para que ella esté bien, deben proteger a la nación, así que esta gente se juega todo. Esto lo vi yo desde la cuna y por supuesto que fue marcando la manera de entender el sentimiento patriótico. Para estar bien se debe pensar en la familia y en el país.

 

– Veo que le genera total fascinación, pero ¿hubo momentos difíciles que lo hicieron considerar alternativas distintas?

 

Mire como es la vida: yo siempre fui muy comprometido y con ese orgullo de mi origen, pero fíjese que yo no fui militar porque hay cosas que lo llevan a uno por destinos diferentes. Cuando uno ve el sacrificio extremo que hacen la pregunta es si uno está dispuesto a hacerlo también y por eso es que hay que valorarlos tanto, porque a nadie le parece rico poner en riesgo su vida, pero hay quienes sí y por amor. Es un apostolado.

 

Viví momentos interesantes en esos años. Recuerdo, como si fuera ayer, la toma al Palacio de Justicia porque me tocó conocer a mucha gente que se jugó la vida por impedir que quienes estaban atentando contra la institucionalidad lograran su objetivo y ver cómo años después terminaran los que se tomaron el Palacio premiados con cargos y aquellos que impidieron que alcanzaran su cometido de derrumbar las instituciones hasta en la cárcel y pagando unas penas que da mucho dolor. El mundo al revés.

 

Esto me hizo pensar y reconsiderar. Lo que sí es cierto es que tiendo a ser una persona positiva, pienso que las dificultades son para superarlas, para seguir adelante y por lo mismo creo que en todos estos años el país ha ido avanzando y han ocurrido cosas que han hecho que el país hoy sea mejor que hace veinte o treinta años. Tenemos que asegurarnos, las generaciones de hoy, de que debemos llevar a un mucho mejor país a futuro.

 

– Crece en un mundo militar pero decide que su vida no será en la milicia. ¿Cómo toma decisiones para su futuro?

 

Decido que mi vocación es patriótica y que se puede servir de muchas maneras, por lo mismo entendí que había que ser un profesional disciplinado y juicioso.

 

Tal vez no le conté, en el colegio prestábamos servicio militar. Estudiaba en el colegio Patria, que es de carácter público, propiedad del ejército. Estudiábamos hijos de oficiales y suboficiales, personal civil afiliado al ejército o a las fuerzas armadas y en los últimos tres años…

 

– ¡Tres años?

 

Sí, pero sólo los sábados. La verdad no es comparable al esfuerzo y el sacrificio de militares y policías, pero sí se recibió la instrucción, el sentimiento y el sentido de hacerlo.

 

Y en el último año, debían asumirse responsabilidades de mando y a mí me tocó ser Brigadier Mayor de una de las compañías del colegio. Lo cuento con entusiasmo porque desde muy jovencito me tocó ejercer responsabilidades, liderazgo. Liderar a los compañeros del colegio es la cosa más difícil, fue el primer reto importante en ese sentido.

 

– ¿Y cómo resultó?

 

Me fue bien y lo disfruté mucho, y si me pongo a mirar, desde ese momento empezó a gestarse una experiencia de liderazgo consciente, entendí que más allá de dar órdenes es dar ejemplo, hacer la tarea, prepararse y ser capaz de tomar decisiones buscando la construcción de consensos y ser capaz de tomar decisiones y sostenerse en posiciones difíciles porque a pesar de un costo de opinión, es más importante alcanzar objetivos que son mayores para el país.

 

Todo eso me fue sirviendo. Luego fui a la universidad donde estudié economía.

 

– ¿Porqué economía?

 

Porque de acuerdo a los exámenes de orientación vocacional, arrojaron primero una vocación militar, como es evidente, pero que ya había descartado; segunda opción fue ser economista y así lo decidí. Sin embargo le cuento que me presenté a medicina, a ingeniería de sistemas y a economía, porque no sabía qué era lo que iba a hacer.

 

– ¿Porqué las otras?

 

Más que cualquier cosa, influido por el buen nombre de los médicos, importantes socialmente y porque los buenos estudiantes eran apropiados para medicina. Ingeniería de sistemas, porque mi papá me motivaba mucho y decía que era la carrera del futuro y economía porque era la que había aparecido en mi tema vocacional. Pasé en todas lo que no facilitó la decisión.

 

Me gradué con honores en economía y disfruté mucho la carrera. Luego hice una maestría en economía y años después haría otra en política pública, pero mire que le di mucho énfasis a lo económico y tuve profesores premio nobel dándome clase a la distancia en que usted y yo estamos hablando en este momento, lo que fue muy afortunado.

 

Yo reitero que uno para poder servir, tiene que ser consciente de si realmente está preparado o no y en eso me he preocupado por construir una actitud de liderazgo seria, por tener los estudios que garanticen que se tiene la formación para poder tomar decisiones informadas y con el criterio apropiado y haber ejercido los cargos que dan experiencia como es sabido en el mundo corporativo, que tú bien conoces, en el mundo militar, en el de los grandes estadistas que han recorrido el camino. Mi deseo central, servirle al país desde el sector privado, desde el mundo gremial y desde el sector público, desde todos los frentes ejerciendo cargos de dirección y liderazgo.

 

– ¿Quiénes han sido sus grandes referentes?

 

Me gusta mucho leer historia, sobre temas de innovación, política pública, ciencia y tecnología, pero indudablemente siempre me interesó leer historia de las guerras y biografías de los grandes líderes.

 

– ¿La vida lo ha ido llevando o siempre ha trabajado en función de una meta clara y definida?

 

La vida me ha tratado muy bien y me ha brindado la oportunidad de hacer cosas que quedaron para el bagaje, y no lo dude, esto de haber sido el más joven ministro de defensa, como me tocó, tomando decisiones como las que exigía un momento histórico tan complejo, marca un sentimiento muy especial, el de haber podido trabajar en el bien de las fuerzas armadas.

 

La carrera profesional me ha ido conduciendo por el camino.

 

– ¿ Y cómo ha sido ese recorrido?

 

Mi primera experiencia profesional, como le conté, fue en el mundo económico. Ejercí como economista por unos meses en la Federación de Cafeteros, luego fui al equipo técnico de la Asociación Bancaria, posteriormente me llevaron al Citi Bank en Colombia para crear la oficina de estudios económicos de la tesorería y siendo yo un peladito, de veintiséis o veintisiete años, ya manejaba un equipo de muchachos con la responsabilidad de hacer recomendaciones de inversión basado en entender la economía del país, lo que me significó una gran escuela, el promover la inversión, que se compren papeles de deuda en el exterior por parte de los fondos o atraer a compañías internacionales para que invirtieran. Luego pasé un tiempo en el Ministerio de Hacienda, llegué como asesor del mercado de capitales y terminé como secretario privado del despacho del ministro, porque siendo un economista joven tuve la oportunidad de interactuar con los grandes economistas del país y de participar en el diseño y en la discusión de la política económica, como un espectador muchas veces y como un participante de discusiones, lo que me brindó una gran formación en el entendimiento del Estado, desde el gasto público, temas de impuestos, de estabilidad económica, de progreso y desarrollo social.

 

– ¿Buscaba llegar a estas posiciones o lo llamaron siempre?

 

Ha sido la suma de las dos cosas. Comienzas una carrera, sabes qué es lo que quieres pero también las puertas se van abriendo, así que la invitación para los jóvenes que me escuchan es:

 

“El camino es muy fácil, solo deben estudiar mucho, ser disciplinados y siempre buscar el mejor resultado posible en lo que hagan”.

 

En ocasiones las cosas se dan como el ideal, en otras no tanto, pero lo importante es mantener el foco.

 

– Sígame contando sobre su recorrido en la vida laboral.

 

Volví al Citi como vicepresidente asistente de la banca de inversión. Esta experiencia fue muy interesante pero no necesariamente me entusiasmó tanto. Entendí cómo se estructuran los grandes proyectos de inversión del país y mire que si yo no hubiera pasado por ahí, no hubiera podido estructurar luego muchos de los grandes proyectos de inversión que el Estado colombiano ha tenido en el Ministerio de Defensa y que me tocaron a mí. Esa fue una gran escuela.

 

Después fui al Banco Mundial. Me nombraron por dos años como el representante de Colombia en la junta, con el cargo de asesor principal del director ejecutivo para siete países incluyendo Colombia.

 

– ¿Qué edad tiene en ese momento?

 

Como treinta años.

 

– ¿Qué le significó ese nombramiento?

 

Fue muy motivante porque yo creo que era el más joven de toda la junta. Fue muy curioso porque yo me iba con media beca para la universidad de Harvard a hacer una maestría en Administración Pública, con beca de Colfuturo. Tenía todo listo para irme cuando de pronto, un gran amigo y alguien a quien respeto mucho pero que en ese momento no conocía tanto, hoy en día le tengo el mayor afecto y me refiero a Alberto Carrasquilla, me llama y me invita. Quedé aterrado por la decisión que me implicaba, aplazar Harvard para irme al Banco Mundial, así que lo hice y terminó siendo una de las mejores maestrías de mi vida, si es que no un doctorado porque la discusión allí era la aprobación de todos los proyectos de desarrollo de todos los países del mundo en desarrollo. Aprendí sobre las mejores prácticas en educación, salud, programas de emprendimiento, de empleo, economía pura. Fueron unos años maravillosos. En ese tiempo nace mi segundo hijo.

 

– ¿Y cuándo nace el primero?

 

Cuando estaba en la Asociación Bancaria. Pili y yo nos casamos muy jovencitos, ella tenía 21 años y yo 25. Hemos tenido una vida maravillosa sin duda. Natalia nació en el 97, Juan Pablo nació estando en Washington. Pasamos muy bien esos años allá, los aproveché haciendo cursos en las noches cuando me iba para la universidad de Johns Hopkins a estudiar estrategia militar. También tomé cursos de relaciones internacionales. Fui a Harvard a tomar otro curso de ciencia y tecnología. Mire lo curioso.

 

Al término de eso, me invitan a ser viceministro de defensa para la estrategia y la planeación. Es mucho más interesante ser viceministro que ministro, porque a usted le toca remangarse y liderar de manera directa. Ahí tuve la oportunidad de diseñar el impuesto al patrimonio que fortaleció a nuestras fuerzas armadas, luego perseguir la ejecución de esos recursos, asegurar que se hiciera de manera transparente pero al mismo tiempo que tuviera el impacto en la seguridad del país. También trabajé en ciertos proyectos que resultaban estratégicos para Colombia, como crear las unidades especiales que deberían dar los grandes golpes a los jefes del terrorismo.

– Ahí se integraron todos sus temas, además ¿sintió que volvía a casa?

 

¡Así me sentí! Desde el primer día me sentí muy bienvenido y tal vez con una conexión personal con las fuerzas armadas que no era usual para otros funcionarios. Esto me ocurrió porque yo conocía a mucha gente, su idiosincrasia y al mismo tiempo venía preparándome para aportar desde mi campo profesional, desde la economía y desde la política pública, pero ahora orientado en un tema específico de la seguridad, de la defensa, y ojo con esto, porque eran importantes la seguridad de los colombianos como era importante que la economía se dinamizara. Al final sí se integraron todos los temas.

 

– Debió sentir que se enfrentaba a un reto superior por las expectativas que pudo generar en todos.

 

El reto era no fallar. La expectativa era muy grande aunque subestimaban, creo yo, la posibilidad de que pudiera ayudar, esto por mi edad pues debía relacionarme con personas que tenían hasta treinta años de carrera.

 

– Ah, pero eso usted siempre lo ha tenido que afrontar.

 

Sí, desde muy chiquito siempre he sido más joven que la gente que me ha tocado liderar.

 

– ¿Qué le deja esa experiencia?

 

¡Todo! El sentido de realidad porque una cosa era mirarl desde la óptica de la familia y otra siendo un jugador. También el ver cómo el sector privado en Colombia merece un reconocimiento, porque éste es un país que aguanta y se levanta una y otra vez, y lo ha logrado no sólo gracias a las Fuerzas Armadas sino porque hemos tenido un sector privado activo, que mantiene la idea de invertir en el país, que apoyó los pagos de impuestos lo que permitió salir adelante. Eso fue muy importante.

 

– ¿Qué pasa después con usted?

 

Finalmente, después de varios años de esperar y hacer mi segunda maestría, cambio de decisión y llego a Princeton no a Harvard. Llego allá, porque tenía la fama de ser la universidad más exclusiva de todas en el sentido de que es la más difícil de pasar, casi todos los que fuimos a Princeton pasamos en Harvard pero no al contrario, entonces fue muy interesante poder ir, pero la segunda razón de esa exclusividad, es porque garantiza que si usted logra pasar lo pueden becar, así que recibí una beca completa de otra manera yo no hubiera podido ir. Disfruté mucho ese año y medio, ayudó el tener experiencia profesional.

 

Al término de eso, me devolví a Colombia. Había ganado el típico concurso de caza talentos para el puesto de director ejecutivo de la Cámara Colombo Americana. Me dieron ese cargo después de surtir un proceso y el día que llegué, me llamó el Presidente electo, Juan Manuel Santos –yo había trabajado con Uribe y con Santos en el Ministerio de Hacienda y de Defensa- y me dice:

 

— Necesito que me ayude. Sea el secretario general de la Presidencia.

 

— No, no, no… Yo no puedo hacer ese cargo. No me interesa, no sé qué hacer ahí. No me llama la atención, además vengo a este otro cargo…

 

En la Cámara me iban a pagar cuatro veces lo que me ofrecía Santos. Mucho me insistió y uno al final, cuando siente el llamado de la vocación de servicio público y el deber con la Patria, pues ese llamado lo lleva a uno a aceptar. Trabajé trece meses en lo que en la práctica debería llamarse dirección del departamento administrativo, que tiene rango de ministro, por lo que muy joven y muy rápido terminé asumiendo esas funciones. El cargo no me gustó. Si usted me pregunta cuál es el cargo que menos me ha gustado en la vida es este, porque se es el responsable de todo, tiene que coordinar el gobierno pero también responder porque funcionen los carros, todo el tema del Congreso, las Cortes y demás, lo que sí le puedo decir, es que fue el mejor curso de comprensión del Estado Colombiano, porque ahí lo vi todo, con sus virtudes y grandes defectos, así de simple.

 

A los trece meses de estar ahí, paso al Ministerio de Defensa como ministro. Dicen que llegué como el ministro más joven y el que más ha durado como ministro de defensa civil, diecinueve meses y cuarenta y cinco días, teniendo treinta y ocho años.

 

– ¿Qué significó para usted estar en ese cargo?

 

Un gran honor. Liderar a nuestras fuerzas militares y de policía es lo más importante y glorioso, impulsar temas donde el mérito no es mío sino de los militares y policías. Se dieron 118 golpes contra jefes del máximo nivel, comandantes de las FARC, del ELN y de las bandas criminales.

 

– ¿Qué es tomar decisiones de ese talante donde se cobran vidas? ¿Qué le significó hacerlo?

 

Esas decisiones se toman con tres criterios. Primero el de la experiencia y el conocimiento. Yo sí creo que si no hubiera tenido la vida familiar que tuve, la experiencia de ser viceministro y al mismo tiempo la madurez que me dio muchos cargos de dirección, no habría podido hacerlo de manera correcta y con la convicción de que estaba haciendo lo que tenía que hacer. Segundo, con una postura ética, moral y católica, y es que el uso de la fuerza es el tema más grave que puede tener una sociedad y sólo lo puede hacer uno bajo la convicción de que está haciendo lo correcto a la luz de la ética y de la moral, con el objetivo de proteger vidas y de garantizar que se le está creando un camino al país para que esté mejor. Tercero, con el conocimiento técnico en estrategia, integrar los temas económicos para poder actuar de la mejor manera. Eso me permitió tomar decisiones con firmeza y claridad absolutas.

 

– Luego, en su fuero interno, ¿no se cuestionaba, no se replanteaba?

 

No nunca. Los cuestionamientos que me he hecho, han sido por decisiones que tomé frente a retiro de personas. Por ejemplo, hay dos generales que se retiraron en su momento, y es algo de lo que me arrepentiré toda la vida por haberlo permitido, porque se fueron por información que yo recibí y que no era exacta y que terminaron siendo en mi opinión decisiones injustas.

 

– ¿Hubo forma de retribuirles?

 

Ante decisiones tomadas solo queda aprender de esas experiencias. Y fíjese, eso es lo importante de tener experiencia, porque el que ha sido exitoso sólo lo ha sido porque también se ha equivocado y porque también ha fallado, de otra forma no lo logra. Debe construir en función de aprender a acertar pero también de aprender a corregir cuando falla.

 

– ¿Se acercó luego a ellos? ¿Los buscó?

 

A uno de ellos sí de manera personal, al otro por teléfono. Pude decirles que ahí se cometió una injusticia, pero esto es algo que se debe reconocer mirando a los ojos. Lamenté también en algún momento porque yo no sé si hoy, con la información que tengo, habría tomado las mismas decisiones. Una expresión muy de los norteamericanos dice:

 

— Hay decisiones de técnico de lunes por la mañana.

 

Eso en relación al futbol americano, porque decidir cómo había que pitar un partido que ya pasó es la cosa más fácil. Ahora sí sé todo lo que había que hacer, por eso insisto en los criterios morales y éticos, en la necesidad de contar con el conocimiento técnico y con la experiencia, de tal suerte que si se falla, no se haga de mala fe.

 

– ¿Le han quitado el sueño aquellas decisiones en las que la consecuencia directa es la muerte de nacionales?

 

A mí sólo me han quitado el sueño los soldados y policías que murieron, y sus familias, y los que perdieron parte de su cuerpo. Esto sí que me quita el sueño y me lo va a quitar hasta el último de mis días, se lo aseguro. Cuando me esté muriendo estaré pensando en ellos y siento con ellos una enorme responsabilidad para el resto de mi existencia, por lo tanto, lo que esté a mi alcance hacer por ellos lo haré. Se lo digo con total convicción. Frente a las personas de los grupos armados, por supuesto es que el programa que a mí más me gustaba era el de la desmovilización humanitaria porque uno creaba la presión militar y ellos se rendían, sometían y entregaban, pero también se lo digo, no tengo duda que si no se hubiera actuado con esa firmeza y contundencia, quién sabe dónde estaría el país hoy. Si con todo lo hecho queda tanta la violencia como la que hay, y quedan tantas personas dispuestas a atentar contra la vida de otras. Así pues que, cuando se toman esas decisiones, usted lo que está es salvando vidas y construyendo el futuro del país y esa tranquilidad sí la tengo.

 

– Toda su trayectoria y herencia genética le dan la capacidad para resistir.

 

Quizás sí, pero como le digo, estudio, experiencia, valores éticos, disciplina son el camino. En la vida hay algo de magia y algo de suerte, no lo dude, pero si usted se fundamenta en estos aspectos las cosas le saldrán mejor. A mí a veces me angustia la gente que piensa que tiene la razón sin fundamentos.

 

– ¿En qué está pensando en este momento?

 

Recuerdo el día que iba a tomar posesión del cargo. Lo primero y lo último que hicimos fue una misa, que para mí fue importante, pero durante la misa y esto nunca lo he contado, yo mismo me preguntaba si sí era la persona que tenía las condiciones para el cargo y por alguna razón salí de esa misa convencido que sí.

 

– ¿Y qué pensó en la última misa?

 

Me voy por no estar de acuerdo con lo que estaba pasando, pero también sentía que yo no era quién para crearle un problema al país y por lo mismo tomar distancia era lo correcto pero también me voy con la tranquilidad de haber obrado de buena fe siempre, y recalco ¡siempre!

 

– Quisiera consignar los puntos principales que le alentaron a tomar esa decisión.

 

Uf, varios. Sentí que frente a lo que era en ese momento el Proceso de Paz, yo tenía diferencias, las fui manifestando en escenarios privados y algunas veces las hice públicas.

 

No estuve de acuerdo en debilitar la acción de las Fuerzas Armadas porque lo que le garantiza a usted una buena negociación es mantener la presión y ya habíamos avanzado mucho para soltar el acelerador. No estuve de acuerdo en que mandaran para La Habana a todos los jefes de las FARC, me pareció un error porque allá iban a negociar en ventaja. Tampoco estuve de acuerdo en parar la lucha contra el narcotráfico, eso me parecía un error grave, incluso lo manifesté en una entrevista publicada en El Tiempo de mayo del 2015, cuando digo que el país se va a inundar de coca y las calles se las va a tomar el micro tráfico. Así fue y hoy lo lamento, porque a mí no me gusta tener la razón cuando se trata de que le vaya mal al país. Ahora es algo que tendremos que afrontar con mucha complejidad y con mucha dificultad.

 

– Una vez renunciado, ¿hacia dónde mira?

 

Tomé una decisión que algunos me han criticado mucho inclusive mi señora. Cuando acepté ir a la Embajada de Colombia en Estados Unidos, mucha gente me dice:

 

— ¡Hombre! ¿Si estaba tan en desacuerdo para qué se fue? ¿Porqué acepta?

 

– ¿Y para qué se fue? ¿Porqué acepta?

 

Mis argumentos eran básicamente dos y lo siguen siendo. El primero, razones personales. Yo sentía que tenía que darle a mi familia tranquilidad, estabilidad y seguridad y estar en el exterior resultaba una situación conveniente a estos fines. Ser Ministro de Defensa me significó cuatro años de ausencia en familia, y es cierto. Un día me hicieron las cuentas de cuánto tiempo pasé fuera de mi casa y fue el equivalente a dos años, eso deja mella sobre los niños; mi señora afortunadamente ha sido un factor de apoyo en las buenas y en las malas pero todo hace efecto. Así pues que esa decisión la tomé buscando estar en familia y seguro, fuera del país, lejos de riesgo. El segundo argumento tiene que ver con la seguridad de poder hacer, pues mis nexos con ese país me permitirían logros independiente del gobierno para el que estuviera sirviendo, porque era para bien de Colombia y los resultados lo demuestran porque mire, se acabó el Plan Colombia así que fue necesario montar un segundo plan que se llama Paz Colombia y logré que le dieran al país más plata de la que recibió antes y eso le va a servir al próximo gobierno; reuní a todos los expertos de política en América Latina y en Colombia para escribir un documento en equipo con el Consejo Atlántico sobre el futuro de la relación Colombia-Estados Unidos, esa hoja de ruta ya está lista y es a diez años; la Cámara de Comercio para los Estados Unidos que es el gremio más importante que hay allá, tenía una relación bilateral con los principales países como Japón, Israel, Inglaterra y en A.L con México y Brasil, así pues que logré que Colombia tuviera el mismo consejo y eso es algo que va a servir para promover la inversión en el país por muchos años; la última gestión cuando me estaba yendo, fue en la Casa Blanca, me dieron la oportunidad de hablar por el país, así que se logró lo de los aguacate has, después de años de negociar firmaron el acuerdo.

 

Esto me emociona sobre manera, como cuando salgo del Ministerio que lo dejo con más y nuevos aviones, buques fabricados en el país, con el subsidio familiar para los soldados profesionales…la lista es larga y aquí la dejaría escuchando, pero en cada cargo se hicieron cosas tangibles.

 

Termino mi misión en Washington en medio de una diferencia muy difícil de reconciliar, porque cuando vine a la firma de La Paz, al ver el trato de Jefes de Estado que le dieron a los señores de las FARC yo no pude estar de acuerdo con eso. Tomé la decisión de votar no en el plebiscito lo que ha causado mucha polémica y a partir de ahí se presentaron hechos que fueron minando mi situación; el último, cuando me dicen que hay que sacar a las FARC de la lista de terroristas, no pude prestarme para eso hasta que hoy las noticias muestran lo evidente, cosas que yo decía iban a pasar y ahí están.

 

– Hábleme de su campaña y el porqué la deja para entrar a la de otro candidato.

 

Le cuento, yo nunca había hecho política, nunca había sido candidato a nada. Hicimos una campaña bonita, en la calle.

 

– ¿Y qué lo animó a dar ese paso?

 

Me animaron tres cosas. Lo primero, el sentido de amor por el país y la convicción de que si no se actúa de buena fe y si no trabajamos en una siguiente fase con la seriedad que se requiere, el país puede tomar un mal camino. Dos, la vida ha sido buena conmigo, es que demasiado rápido adquirí una experiencia real en el sector privado en cargos de dirección y tengo la formación académica de muy buena calidad, más allá de lo que mi familia habría podido pagar, experiencia internacional y en decisiones del Estado desde gobierno en todos los niveles porque hice la carrera completa. Súmele la energía, la fuerza y la juventud.

 

– Y el deseo de servir.

 

¡Claro que sí! Por eso comenzamos una campaña que para muchos resultó ingenua, pero para mí, patriótica y linda, porque era en la calle, caminándola, en los semáforos. Primero consiguiendo las firmas y qué dificultad lograrlo, sin embargo, se certificaron casi setecientas mil firmas válidas. A mí me costó mucho tomar la decisión de desistir de la campaña presidencial y aceptar ser fórmula vicepresidencial, porque sentía que tenía un compromiso de vida con mucha gente.

 

– ¿Porqué lo hizo entonces?

 

Porque en la vida hay que poner a un lado las aspiraciones personales, los deseos individuales y sumarlos a una causa que sí pueda tener efectos sobre el país.

 

Es muy joven, todo le llega muy temprano en la vida pero ha estado preparado y por lo mismo ha logrado buenos resultados. Veo un motor, un deseo de logro, donde el tiempo es como si no fuera su aliado porque no se da la oportunidad de esperar, por ejemplo, aplazar lo de la Embajada o insistir en su campaña. ¿Cómo entenderlo? ¿Porqué la carrera?

 

No lo veo así y no lo había pensado de esa manera. Creo que lo que he hecho en la vida es tomar decisiones, soy un tipo decidido y la gente lo sabe, pero siempre con realismo y pensando en tomar la decisión que sea más conveniente en un momento dado, así no sea la que más me guste.

 

– ¿Y esperar su momento no era una decisión?

 

Es que acabo de hacerlo. En lugar de proceder en mi candidatura.

 

Pero fíjese cómo es la vida política. A mí me impresionó mucho que todo el mundo me dijera, si usted sube en las encuestas, se dispara, le damos apoyo financiero y tiene acceso a los medios. Pues resulta que para poder subir en las encuestas, necesito apoyo financiero y acceso a los medios. Entonces era como el perro mordiéndose la cola.

 

Estaba convencido de que se podía. Hoy me llevo una reflexión, si existe una reforma política, desde ya le digo cuál es mi posición: se necesita financiación pública de las campañas porque es la única manera como las personas pueden llegar en igualdad de condiciones, sin maquinarias, sin los partidos y presentarse a competir y cada quien verá que apoyos logra pero la falta de financiación lo hace prohibitivo para ciertas personas. Ahora, yo sí me siento muy orgulloso de la campaña que hicimos, creo que impactamos al país, fue una cosa linda, emotiva, para mí fue una oportunidad de aprender cualquier cantidad de cosas. Incluso, a pesar de que me he sentido muy colombiano, muy patriota, no era lo mismo que estar caminando las calles solo y teniendo esa interacción humana con las personas, la mayor parte de las veces amabilísimas, con algunos sin sabores, pero es parte del proceso. Siento que la gran mayoría me está apoyando y como me dicen muchos que habrían preferido que fuera yo solo, pero entienden que hay que tomar decisiones. Ahora resulta que a todas partes donde voy todo el mundo me dice:

 

— Yo iba a votar por usted.

 

— ¿Pero porqué no me contó eso antes?

 

Me pasó con una connotada periodista hace unos días, de la que pensé que no quería apoyarme nunca y ese día me saluda y me dice:

 

— ¡Perdiste mi voto!

 

— ¡Cómo que perdí tu voto si nunca me dijiste que querías apoyarme!

 

– En pocas palabras: ¿qué lo hace unirse a Vargas Lleras?

 

Veo una vida entregada al servicio público, hizo la carrera completa cuando en su papel de nieto de Presidente pudo vivir privilegios y no los tomó. Es un ejecutor, produce resultados. Ha sido víctima, se enfrentó con los carteles del narcotráfico y tuvo consecuencias personales directas. Cree en el desarrollo del sector privado, en el crecimiento económico. Entiende el tema social de manera seria, como el resolver problemas reales a la gente.

 

Soy una persona con carácter propio, independiente, nunca renunciaré a esto y vengo a sumar, a complementar en aquello que puedo hacerlo, en seguridad, en relaciones internacionales y en materia económica.

 

– ¿Quién buscó a quién?

 

Él me buscó.

 

– ¿Qué tan optimista se siente?

 

Se requiere trabajo duro y se cuenta con esa capacidad y con el mejor programa de gobierno.

 

– ¿Más allá de este triunfo, cuál es su mayor sueño?

 

Al final, ver a mis hijos como personas felices, que les vaya bien en la vida, que sean exitosos. Sigo fundamentando mi vida en la familia, porque si ella está bien todo lo demás lo estará también.

 

– ¿Con tantos logros tempranos, qué sigue en su vida?

 

Primero debo asegurar esta fase, que se está haciendo con altura, dignidad y suficiencia. Si el pueblo colombiano y D´s así lo quieren, se deberán cumplir las metas y lograr resultados porque esto no es de cargos sino de resultados, de entrega.

 

 

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