
Escribir una biografía es como vestirse con la piel de otra persona. En esta ocasión me cubro con la de la artista plástica Margarita Lozano. Así, consigno en primera persona lo que me confió, sin por ello faltar a la verosimilitud que exige el género.
Margarita, mujer íntegra, criada en principios y valores innegociables, hija única de Isabel Ortiz y Carlos Lozano y Lozano, es tan singular como su obra. Su genética le permitió heredar las habilidades manuales de su madre, la sensibilidad social de su padre y las destrezas de Esther, su tía pintora. Sus tíos fueron siempre un referente con un rol determinante en la vida de Margarita y su primo Juanito hizo las veces de gemelo, por cercano.
La sabana de Bogotá no es un accidente del camino, sino su destino: semilla de inspiración que marcaría su vida y su obra junto a los espacios naturales y los creados por ella y por Enrique, su esposo.
Así como Margarita construyó un mundo interior cuidado, equilibrado y sereno, también creó un hogar para sus dos hijos, Carlos Enrique y Juan Pablo, descendencia y continuación de un legado impresionante de humanidad. Las casas que han habitado en familia, como templos de convivencia, han sido refugio y fuente de inspiración, al igual que tantos destinos, cunas de artes y saberes.
Bellas Artes y otros escenarios ofrecieron pinceladas que la esculpieron como pintora. Su taller permanece como espacio sagrado, donde el color es hilo conductor entre su ojo agudo y su manera de materializar lo que observa. Más allá de los lugares que la han marcado y en los que ha dejado huella, están también sus amigos con quienes comparte una vocación ética y artística. Artistas como Fernando Botero y nombre, se convirtieron en escuela para Margarita.
Durante meses animé su memoria para nutrir recuerdos y acogerlos para este libro. Elproceso de escribir fue una forma de habitarla, porque, de otra manera, ¿cómo contar su historia? Jamás lo hubiera logrado sintiéndome ajena. Entonces, tomé para mí cuanto me fue posible abarcar y consigné en estas páginas su testimonio de la formamás fiel posible. Escribí con sentido de pertenencia, entonces, pienso en las coincidencias de la vida: que el camino está trazado, que no solo construimos el futuro, sino que lo inevitable sale a nuestro encuentro. Y celebro que así sea.
Suele ocurrir que diferentes circunstancias nos bloquean, por momentos los recuerdosfluyen sin detenerse, pues la mente abre ventanas a su antojo cerrando otras sin aviso. Lo importante es lo que traemos al presente; más importante aún es registrarlo. Por lo mismo, tendí puentes que nos permitieran hacer una inmersión silenciosa en sus más íntimas memorias. Silenciosa, aunque pronunciada en voz alta.
Las distintas versiones de nuestros recuerdos cobran vida: bien en el papel en el que consigno la mirada que le doy a la artista o en el óleo en que la artista plasma pasteles cargados de talento y carácter para representar su propia visión del mundo. Porque recordar es devolver a la vida a quienes ya no están y agudizar y expandir nuestra percepción. Es una suerte de repetición, quizás más intensa. Al final se siente gratitud serena y la satisfacción del camino recorrido.
Si bien no escribo obras literarias ni biografía tradicional, ofrezco mis Memorias conversadas con Margarita Lozano: no una curaduría de su obra, sino una reconstrucción de lo vivido cuidando la estética, los matices reflexivos, psicológicos, emocionales y simbólicos. Espero que ustedes, al leer, experimenten su sensibilidad y la empatía que alcanzamos, como si la obra hubiera sido producida a cuatro manos. En realidad, nació a dos voces: la suya para transmitir y la mía para escribir.
En este momento comienza a revelarse el lienzo que aguardaba en blanco, dispuesto aexponer sus distintas texturas y tonalidades. Que este libro sea la puerta de entrada a un jardín colorido, colmado de arte, belleza, vivencias; a un palpitar vibrante, pleno deencanto.

