Adolfo Tous Salgado

ADOLFO TOUS SALGADO

Las Memorias conversadas son historias de vida escritas en primera persona por Isa López Giraldo.

Soy una persona que busca hacer el bien, ser cada día mejor, brindarle felicidad a la gente de mi entorno. No hubiera podido vivir sin la música, pues esta es un gran vehículo para compartir felicidad, aún en la tristeza. Como dice el refrán: “el que por su gusto es triste, pasa sus penas alegre”.

Me han gustado, además de la música, la poesía y los deportes. Del deporte rescato el hecho de que genera un afán de superación, exige mucha disciplina y modera el carácter. De vez en cuando me inspiro y escribo poesía: tengo alguna buenas.

Durante casi quince años hice teatro, primero en la Pontificia Bolivariana, luego en El Duende, un grupo de alta calidad en Medellín dirigido por Sergio Mejía Echevarría, todo un maestro. Pero también en el añorado Club Rialto de Pereira bajo la dirección del gran actor Álvaro Bayona.

Como abogado diría, sin haberme dedicado a pensarlo, que soy innovador: en el Eje Cafetero fui el primero en usar los medios digitales.

ORÍGENES

RAMA PATERNA

LUIS TOUS

He sido inquieto con temas de genealogía y conservo notas muy simpáticas de la historia de mi apellido. Tous no es un apellido francés, como muchos piensan, sino catalán: por lo mismo se pronuncian las dos vocales y la “s” final.

Tolú es el centro del eje del golfo de Morrosquillo, a un extremo queda Coveñas y al otro Berrugas. Para llegar a Berrugas se cruzan “las playas del francés”. Los toludeños adoptaron este nombre por haber pertenecido las playas a Luis Tous, catalán a quien tuvieron como francés.

Luis llegó desde Barranquilla, subió por el río Magdalena, se radicó un tiempo en Mompox y luego se mudó a Tolú en donde adquirió unas tierras al lado del mar. Precisamente las playas del francés.

ÁNGEL CUSTODIO TOUS DEL RISCO

Luis tuvo varios hijos, entre ellos mi bisabuelo, Fermín, papá de Ángel Custodio Tous Del Risco, papa Cuco, mi abuelo. Papá Cuco fue un prohombre a quien querían mucho en su tierra, fue una de sus figuras notables.

En la Costa no hay ningún tipo de solemnidad y los nombres más ilustres se abrevian y se reducen. Por ejemplo, a Don Rodrigo Urzola Sierra, todo un señor ilustrado y elegante, le decían sólo “Don Ro, así mis hermanos terminamos llamándolo “Tío Ñoño”.

Mi abuelo era todo un patriarca. Su finca, San Silvestre, empezaba en la última casa de Tolú, donde vivía. Montaba a caballo, me llevaba en la grupa, e íbamos a dar vuelta saludando a todas las personas por su nombre y tratando de resolverles sus problemas domésticos y de familia. Cuando andábamos a pie, durante las noches llevaba una linterna, y si alguien desconocido pasaba por su lado, él lo atraía con el bastón, le iluminaba la cara y le preguntaba: “Mijo, ¿tú eres hijo de quién?”. / “Don Custo, yo soy fulanito, hijo de perencejo”. / “Ah, bueno, sigue”.

El almuerzo constituía todo un ritual. El salón comedor quedaba en una cabaña grande, con techo de paja y piso de barro donde almorzábamos todos los nietos bajo la autoridad suprema del abuelo. Allí se entregaban almuerzos a parientes pobres, entre ellos recuerdo a “la niña Nico” y a “Don Joaco”.

PURIFICACIÓN PÉREZ ROCHA

Purificación Pérez Rocha, Purita, mi abuela, oriunda de Tolúviejo, murió muy joven dejando cinco hijos. Cuando el abuelo enviudó, se casó con “Chachá,” Ángela González, quien fue una abuela para nosotros, muy dulce y cariñosa. Hubo una diferencia de edad grande entre ellos.

RAMA MATERNA

AUGUSTO SALGADO CARVAJAL

Augusto Salgado Carvajal, mi abuelo, vivió en Tolú a media cuadra del parque. A él  no lo conocí. Los Salgado tienen por lo menos cinco generaciones en las que sus nombres inician con la letra A: Arcelio, Aníbal, Atilano, Alberto, Álvaro, Alex, Alina, Ayda, Antonio, Alejandro… Mi mamá fue una de las pocas excepciones, pues se llamó Carmen.

DOMINGA VIAÑA GARCÍA

Dominga Viaña García, “Minga”, mi abuela, era una mujer muy linda,  me enseñó muchas cosas. Creo que mi abuelita tenía origen indígena, fumaba calilla, lo hacía al revés, con la candela en la boca, algo muy usual en la Costa. Era muy musical: su papá había dirigido la Banda del Carmen de Bolívar. De ahí otra herencia musical: la de los Viaña.

Vivió con nosotros en la casa de Barranquilla, ella en el segundo piso acompañada por una de sus hijas, mi tía Agripina Salgado viuda de Urzola. A Agripina la llamábamos “Mamámía”. “Minga” y “Mamá Mía” incorporaron a Ana Sofía, una prima que se había quedado sola en Tolú.

Como anécdota, recuerdo que alguna vez mi mamá, Ana Sofía y Mamamía se quedaron dormidas viendo televisión, entonces mi abuela refunfuñando dijo: “¡Estas viejas no piensan sino en dormir!”. Y se fue para su cuarto.

Minga sufrió de opresión, como le dicen en la Costa a quienes tienen apnea, una pausa en la respiración, es una especie de asma. Vivió más de cien años. Estuve con ella en su última noche en la clínica: la internaron después de una caída. Ahí aprendí que, la diferencia entre estar vivo y estar muerto, es respirar. Murió plácida, tranquila. Dejó de respirar.

AGRIPINA SALGADO

Agripina era la tía rica, se casó con Vicente Urzola Sierra, “Papa Vice,” un ganadero muy rico de Sincelejo, pariente de Rodrigo, el “Tío Ñoño”.

Papá Vice fue muy generoso, querido por todos, también recibía en su casa comensales y regalaba los toros para las fiestas del “dulce nombre de Jesús”, las del 20 de enero en Sincelejo. Iniciaban el viernes con sus toros blancos, el sábado con los negros, el domingo con los pintados y el lunes con los rojos, que era el día de cierre.

En alguna ocasión se cayó de su caballo en plenas fiestas y mientras se determinaba la gravedad de sus lesiones, el pueblo consideró la posibilidad de terminar anticipadamente las fiestas.

Todavía, en este momento, estoy legalizando invasiones en las tierras que Mamamía dejó como herencia.

SUS PADRES

RAFAEL ARTURO TOUS PÉREZ

Rafael Arturo Tous Pérez, mi papá, hijo de Custodio y Purificación, tenía cara seria, pero era jovial, de muy buen sentido del humor. Contó con un gran talento musical y, como le gustaba tanto la música, herencia del apellido Pérez, compraba los discos nuevos que salían al mercado. Le gustaba también estar al día en equipos, parlantes de amplificación. Así empecé a adentrarme en la  música.

Se crio en Tolú, luego estudió  su bachillerato comercial en Cartagena. Mi papá fue mi gran referente, una figura que me influyó desde el ejemplo, con su honradez, disciplina y responsabilidad.

Al igual que ocurrió con mi abuela estuve con él en los últimos instantes de su vida.

CARMEN SALGADO VIAÑA

Carmen Salgado Viaña, mi mamá, fue una mujer muy hermosa, elegante, sencilla, de mucha chispa, dicharachera. Toda una reina de belleza, princesa de Tolú: la más pretendida, le escribían poemas que conservo.

Alguna de sus amigas me contó que en el velorio de su papá, cuando llegaba alguna nueva visita a darle el pésame, mi mamá se retiraba diciéndoles: “Espérenme un momentico que voy a echar una lloradita. Ya vengo”.

NOVIAZGO DE SUS PADRES

Mi papá se enamoró de la mujer más pretendida siendo menor que ella cinco años. A mi papá le dio reumatismo a sus tempranos veinte. Mi mamá se dedicó a cuidarlo, pero el médico de Tolú le dijo que no había cura para su enfermedad. Por fortuna, les llegó la noticia de que en la Guajira había un indio que lo podía diagnosticar y curar si le llevaban una prenda usada del enfermo. Así lo hicieron.

Mi tío Jorge, menor que mi papá, decidió viajar, lo cual le significaba emprender un viaje como si fuera para la luna. En el trayecto se le sentó al lado otro joven que también iba a visitar al curandero, y se fueron conversando.

Cuando llegaron a su destino, mi tío le cedió el turno al compañero a quien el indio le dijo: “No puedo recetarle nada, porque esta persona ya se murió”. En efecto, ya había muerto, como se confirmó al regreso. Semejante circunstancia puso nervioso a mi tío, quien dudó y por un momento no quiso consultar al indio, pero lo hizo. Este le dijo: “Su hermano tiene reumatismo, su edad es tal, sus dolores son estos. Úntenle esta pomadita y díganle que se tome estos jarabitos”. Sin que mi papá creyera en el asunto, nunca creyó, a instancias de mi mamá siguió las indicaciones y se alivió. Esto, si se quiere, puede tomarse como una muestra de la medicina ancestral, la de la Pachamama.

MATRIMONIO DE SUS PADRES

Superada esta situación, mis papás se casaron y vivieron en Tolú. En Tolú se murieron recién nacidos sus tres hijos mayores. Entonces el médico les recomendó viajar a Cartagena a tenerlos y luego regresar: se trataba de la ciudad más importante de la Costa y desde entonces cuenta con facultad de medicina. Fue así como en Cartagena nacimos mis dos hermanos mayores y yo. Más adelante, buscando un mejor futuro para nosotros, mi papá decidió mudarse para Barranquilla, ciudad que estaba en pleno auge de desarrollo.

Mi papá empezó a trabajar como almacenista en Lafrancol – Abbott, que se fundó en Barranquilla. Y gracias a su seriedad y empeño llegó a ser el gerente de la empresa.

HIJOS

Somos tres hijos: Álvaro José Bernardo, Cecilia Matilde Bernarda y Adolfo de Jesús. Bernardo y Bernarda obedecen a una promesa que mi mamá le hizo a la madre Bernarda, a quien se encomendó después de perder a sus primeros tres hijos por un tema de diabetes estacionaria: nacieron muy desarrollados y murieron en el parto. Mi papá decidió no bautizarme con ese nombre al considerar que ya estaba cumplida la promesa.

ÁLVARO JOSÉ BERNARDO

Álvaro José Bernardo, fue cinco años mayor que yo. Fue muy artista, pintor, cantante, poeta: conservo muchos de sus escritos. Realmente fue un genio, medio loco, un excelente tenor sin haber estudiado nunca técnica vocal.

Resulta que, poco antes de enviudar Mamamía, había perdido a Guillermo, su hijastro, quien murió muy joven. Guillermo murió electrocutado al tratar de enchufar un radio a una toma defectuosa estando él mojado y de pie sobre una cama de hierro. Se encontraba en el internado en Cartagena.

Ante semejante tragedia, mi mamá, para aliviarle esa soledad, le mandó a mi hermano Álvaro. Él viajó desde Tolú hasta Sincelejo, donde ella vivía. Mamamía lo quiso siempre como si fuera su propio hijo. Se quisieron muchísimo. Después nos reunimos a vivir todos en la misma casa, la que Mamamía  construyó en Barranquilla.

Mi hermano hacía peleas de frascos, donde unos eran los buenos y otros los malos. Los bandidos querían entrar al castillo que construyó con tablas. De esas batallas resultaban frascos rotos que representaban a los combatientes muertos, y frascos enteros que eran los que ganaban la pelea.

También hacía campeonatos de boxeo con boxeadores que dibujaba y recortaba en cartulina, les asignaba nombres y anunciaba la pelea como en un ring de apuestas. Dibujaba muy bien, por lo cual los compañeros de bachillerato le llevaban sus cuadernos para que les escribiera historietas animadas.

Álvaro fue un excelente abogado penalista en Medellín. Como fiscal en las audiencias pedía la condena para el sindicado, pero luego lo regañaba, lo aconsejaba y lo invitaba a comer. Si el sindicado no tenía a dónde ir porque venía de otro pueblo, le pagaba su alojamiento. Cuando estaba preso lo visitaba, le llevaba comida o cualquier regalo.

Se casó con María Victoria Ramírez, excelente mujer, pereirana, quien murió hace poco. Con ella tuvo dos hijos, Juan David y Esteban, a quienes heredé como hijos. ¡Y los quiero bastante! Lo mismo que a sus hijos Valeria y Lorenzo, los Tous paisas.

Juan es muy inteligente y comunicador social de la UPB. Actualmente vive en los Estados Unidos. Fue profesor de inglés y de negocios internacionales en Eafit. Esteban es ingeniero de procesos y ha sido muy exitoso en la empresa privada.

Álvaro murió de cáncer. A sus sesenta y cuatro años tuvo una leucemia que se lo llevó en tres meses. Cuando estaba en la clínica, muy serio les preguntaba a las enfermeras: “¿Vos no tenés por ahí una pastillita para esta verraca leucemia?”. En las noches se les aparecía por los corredores disfrazado con las sábanas, como un fantasma, para asustarlas.

CECILIA MATILDE BERNARDA

Cecilia Matilde Bernarda, es la pechichona, muy querida, inteligente, de un espíritu impresionante, amiguera, echada para delante, recursiva. Es la mamá de Andrés Eduardo Salgado, libretista de televisión quien escribió “Perro amor”, Juegos prohibidos”, “Celia” (Cruz), Déjala morir (la niña Emilia”, El Joe (Arroyo) La leyenda. Ganador del Premio Catalina en tres ocasiones. Ahora hace guiones para canales de los Estados Unidos desde Seattle. Son sus hijos Antonio y Alejandro.

La menor es Ana Cristina, vive en Miami y tiene tres hijos: Carlos Andrés, María Gabriela y Sebastián. Una curiosidad: tanto Andrés Eduardo como Ana Cristina terminaron, después de mucho tiempo y otros matrimonios, viviendo con quienes habían sido sus primeros cónyuges.

ADOLFO

Soy el menor, y cuando iba a nacer, el 9 de abril, ocurrió el asesinato de Gaitán. En medio de la revolución incendiaron Mogollón, una gran papelería que quedaba al lado de la casa donde estaba mi mamá en Cartagena. Por tal razón, me desacomodé y tuve que esperar nacer por cesárea que se demoró seis días por la emergencia médico- hospitalaria. Me asustó llegar al mundo en medio de semejantes disturbios.

La cesárea se complicó y mi mamá no pudo alimentarme porque le recetaron  antibióticos. Me amamantó Aracelly, la esposa de Aníbal Salgado, junto con Alba también recién nacida, mi hermanita de leche.

INFANCIA

Durante la primera infancia fui muy tímido, retraído, consentido. Desde la óptica de un nieto criado en una ciudad como Barranquilla, visitar al abuelo en Tolú, durante las vacaciones, representaba volver a la raíz, descubrir lo que significa un pueblo que no contaba  con servicios públicos. No había servicio de energía, se contaba tan solo con una planta eléctrica que encendían a las seis de la tarde y desconectaban a las once de la noche. En Tolú alcanzaba la libertad total, podía salir sin restricciones, jugar y comer donde quisiera sin correr peligro.

Mi frustración es la de no haber aprendido a interpretar ningún instrumento. Por gustarme tanto la música no fui capaz de oírme mal. Además, he tenido siempre amigos muy talentosos, músicos extraordinarios, que acompañaban mis canciones y me ahorraban el trabajo de aprender a tocar.

Quizás me pasó un poco lo que a Escalona, quien quería ser pintor, pero su gran amigo Molina pintaba mejor que él, por lo cual se dedicó a componer vallenatos. Cuando llegó la tecnología se me solucionó el problema, pues pude cantar apoyado en las pistas.

De cierta manera le seguí los pasos a mi hermano Álvaro y conté con la fortuna de que él me integrara a sus cosas. Por ejemplo, me llevaba a las películas de charros mejicanos y a las cantatas con sus amigos. Esto fue así, a pesar de llevarme cinco años, muchos en esa época.

POETA

Recuerdo mi primer verso que escribí cuando fui a pasar vacaciones a Tolú. Allí vi a una niña hermosa a quien le dediqué unos cuantos. El primero lo recuerdo con claridad: “Quisiera verte a mi lado, tu mano sobre mi mano para decirte te amo, pero todo será en vano, porque me iré del poblado”. No tenía doce años cuando le escribí esto. Álvaro, al leerlo, me dijo: “Ado, le falta un verso: “Ella se llama xxx y a mí me dicen Ado>”.

CARÁCTER

Mi carácter ha sido difícil desde chiquito. Quienes me conocen no se imaginan que tengo mal genio, que vivía peleando con todo el mundo. Esto fue así hasta que mi mamá me dijo: “Ado, si tú no aprendes a manejar tu carácter, no serás nunca nada en la vida”. A mí sus palabras me quedaron. Desde ese momento me he dedicado a manejar mi temperamento, ha sido mi mayor enseñanza de vida.

ACADEMIA

COLEGIO DEL PRADO

La primaria la estudié en el colegio Del Prado. En los primeros años fui un excelente alumno hasta el punto de no haber tenido que cursar cuarto elemental, pues me eximieron. Luego ya no obtuve el primer puesto, pero sí fui de los mejores. Estuve en el  cuadro de honor. Tengo un escrito que llamé Mi segunda vida, que cuenta mi ingreso al colegio de grandes.

BIFFI – LA SALLE

El bachillerato lo hice en el Biffi – La Salle de Barranquilla. También fui buen alumno en secundaria, salvo en tercero, pues casi lo pierdo. La razón, por empezar a fijarme en las niñas lindas del colegio vecino, el de La enseñanza.

VOCACIÓN

Las matemáticas no se me dieron bien. Las sufrí mucho cuando en primaria nos exigían aprendernos las tablas de multiplicar de memoria. Porque no nos daban tiempo de pensar. Resultaba tan estresante que nunca logré responder rápido ante la presión de las eliminatorias en clase. Esto me atormentaba en extremo y determinó que nunca considerara estudiar ninguna ingeniería.

Para estudiar una carrera que no contuviera matemáticas tuve que descartar Economía, gustándome, pues sus primeros tres años son básicos en números. La única que no los tenía era el Derecho. Además, siempre le dediqué tiempo a la lectura de literatura.

UNIVERSIDAD PONTIFICIA BOLIVARIANA

Cuando me decidí por Derecho, me llamó un amigo a decirme que tenía el cuestionario de los exámenes para ingresar a una importante universidad en Bogotá, pero no hice caso. En Barranquilla, la Universidad del Atlántico y la Libre tenían Facultad de Derecho, pero en ese tiempo vivían en huelgas haciendo eternas las carreras.

Supe que en la Javeriana podía estudiar simultáneamente Derecho y Economía, y las dos me gustaban, salvo por la carga matemática de la segunda. Pero, como mi hermano ya estudiaba Derecho en la Pontificia Bolivariana de Medellín, mi papá decidió que era allí donde yo debía ir.

En quinto de Derecho, mi hermano Álvaro se ganó el primero y segundo puesto en un concurso de cuentos de la Universidad, lo que le hizo merecedor a una beca. Como ya estaba en último año pidió endosármela. Así estudié becado el primer año.

MEDELLÍN

Recuerdo cuando asistí a mi primera misa en Medellín. Ese domingo empecé a contar los días que me faltaban para volver a Barranquilla en las vacaciones de julio. El día antes de salir ya tenía la maleta lista. Pero en la medida en que fue avanzando el tiempo, ese afán se me quitó y muchas veces me quedé en la ciudad varios días antes de viajar.

Fue un período muy lindo en un tiempo en que costeño y cachaco éramos dos especímenes completamente diferentes. A mí no me entendían lo que decía ni yo  entendía. Parece mentira, pero era así: “Ajá, vengo a poné eta carta p Q’rramba ( Barran,Q al reves). / “¿Qué vos qué ?, ¿vos qué decís?, ¿qué yo qué? ¿Quién es vos?  

A los costeños nos tenían por bullosos, parranderos, escandalosos; entonces nos proponíamos a serlo aún más.

Finalmente, logré involucrarme con la cultura paisa. Fue un proceso muy bonito el reconocer que ambas culturas tienen sus valores y sus desaciertos. Cuando se es consciente de las diferencias, se supera todo. Hoy tengo grandes amigos no costeños.

CARRERA

Fueron cinco años de estudio. Álvaro no perdió un solo examen durante toda la carrera a excepción del último preparatorio que tuvo que presentar, casi llora, creo que lloró. Dice que lo perdió injustamente, y era el último después de muchísimos. En cambio, yo, saqué dos con nueve en el primer examen. Pero luego fui un muy buen alumno.

En el primer año me encantó penal, en segundo civil, en tercero ya sabía que me gustaba el derecho privado, el comercial. Recuerdo que heredé los libros de mi hermano. Cuando abría el Código Civil suyo podía responder a partir de sus apuntes luciéndome ante profesores y compañeros.

Pensé en graduarme muy rápido. En ese tiempo se decía que solamente un pequeño porcentaje de los egresados de Derecho se graduaban. Resulta que los trámites posteriores a la terminación de materias resultaban engorrosos y difíciles. Cuando uno terminaba quinto año de Derecho, debía presentar doce preparatorios y la tesis.

PREPARATORIOS

Recuerdo que desde cuarto año uno podía empezar a presentar preparatorios, que es el examen final de las materias que ya se habían visto. Estos tienen mucha importancia, pues el Derecho es tan amplio que, uno puede no entender muy bien una materia si antes no ha visto otra.

Siempre tuve muy claro que me iba a graduar lo más rápido posible. Al final, en mi último año, ya había presentado todos los preparatorios que se podían presentar. Así que al acabar materias solo me quedaba uno.

Pedí fecha para presentar el que me faltaba apenas volvieran a abrir la facultad al siguiente año. Durante mis últimas vacaciones madrugaba a estudiar, y me gané el aprecio de mi futuro suegro al verme tan consagrado en su finca donde pasamos esas vacaciones. Para ese momento ya llevaba tres años de noviazgo.

TESIS

La tesis la hice en máquina de escribir portátil, Olivetti, con papel carbón para tres ejemplares. Pues bien, una copia era para cada uno de los dos jurados y el original para el presidente de la tesis, Jaime Betancur Cuartas, hermano de Belisario. Recuerdo que yo les entregaba simultáneamente capítulo por capítulo. Fue muy eficiente esta labor, pues me tomó mucho menos tiempo que al resto de mis compañeros.

TRAYECTORIA PROFESIONAL

JUEZ EN TÁMESIS

Fui a hablar con David Córdoba Roca, jurado de tesis y magistrado del Tribunal Superior de Medellín para cuadrar fecha para el examen de tesis, y lo encontré al teléfono. A una señal suya me senté frente a su escritorio, puso la mano tapando la bocina y me dijo: “Te nombramos juez en Támesis”. / “¿Juez qué?” / “Juez civil”. / “¿Conservador o liberal?” / “Conservador”. (En ese tiempo había paridad). / “Pero yo no sé ser juez”. / “El secretario te apoya”.

Entre otras cosas, me nombraron sin que yo lo hubiera solicitado, sino que fui sacado como bandera blanca en una discordia que tenían los magistrados. David Córdoba lo solucionó al no pertenecer yo a ningún partido y al no deberle favores a nadie ni llegar por recomendación de nadie. Fue haber estado en el momento y lugar debidos.

Mis planes después de graduarme, en 1971, eran irme para Barranquilla, tomarme unos días de vacaciones, pensar qué hacer, eventualmente ejercer en mi ciudad. Pero acepté y viajé en un bus municipal con mi maletica de cuero y de fuelle para llegar a una región desconocida.

El Jugado Civil  quedaba en el Palacio Municipal, un edificio muy nuevo, bien organizado. Me recibió Elkin, el secretario del Juzgado, quien contaba con fama de ser muy competente. Me entregó mi oficina, que era grandísima. Estaba vacía, apenas tenía dos o tres libros en un anaquel. El escritorio, grande y moderno, estaba desocupado.

Me senté a pensar cómo sería mi vida en un pueblo de las montañas antioqueñas que yo no conocía ni a nadie ni nada. Inmerso en mis pensamientos me sorprendió el secretario acompañado de un señor. Tocó la puerta y me dijo: “Doctor, por favor, para que le tome el juramento a este testigo”. Yo no sabía cómo se hacía eso. Entonces le dije: “Tómaselo tú que yo estoy muy ocupado”. El juramento es indelegable, pero Elkin, viendo que yo no sabía, lo tomó él.

Estuve siete meses, hasta febrero del 72 cuando me llamó Carlos Palacio, mi mejor amigo de la carrera. Recuerdo que me dijeron en el Juzgado: “Doctor Tous, tiene llamada de larga distancia. Fui hasta la oficina de Telecom a tomarla: “Haló, Adolfo, ¿tú vas a estar en Támesis este fin de semana? Es que te queremos visitar fulano, zutano y mengano”. / “Yo me quedo aquí para recibirlos con mucho gusto”, le dije a Carlos.

OFICINA DE ABOGADOS – MEDELLÍN

En Támesis vivía feliz, todos los días trabajaba juicioso, pero también disfrutaba, participaba de los comités. Hice parte del comité de fiestas, del equipo de basquetbol, de cuanta cosa me fue posible.

Cuando llegaron me dijeron: “Adolfo, Humberto Salazar (abogado un poco mayor que nosotros), abrió una oficina y quiere que la compartamos. Él va a estar todo el día en ella, pero nos da la mañana a dos y la tarde a otros dos”.

Continuó diciendo: “Tenemos esta tarjetica para marcarla en cada extremo con los nombres: Carlos Hernán Medina, Raúl Betancur (también pariente de Belisario), Humberto Salazar y Adolfo Tous”. Contenía dirección, teléfono y apartado aéreo en el centro de la tarjeta.

Siguió diciendo: “Necesitamos tu visto bueno para ordenar su impresión”. Le contesté: “Pero yo estoy de juez”. / “Aquí tenemos la renuncia”. Les agradecí, acepté la propuesta, pero prometí que iría a Medellín a entregar personalmente la renuncia al doctor Córdoba, por razones de educación, cortesía y agradecimiento.

La oficina de abogados estaba muy bien ubicada, quedaba en el centro de Medellín, a media cuadra del Palacio de Justicia. Llegué con la Olivetti que me había prestado mi hermano Álvaro, en la que había hecho mi tesis. La apoyé en el escritorio nuevecito del dueño, la corrí y, como le faltaba una gomita de soporte, hice un rayón monumental. Era mi primer día. Me disculpé, ofrecí pagar, el socio estaba muy tranquilo y nada pasó.

ANDINA DE CURTIDOS

Terminando esa primera mañana, nuevamente me llamó Carlos Palacio para decirme: “Adolfo, a mí me da pena, pero es que mi hermano Iván Felipe, jefe de relaciones industriales de Tejidos Leticia, me dijo que necesitaba un candidato para ser jefe de relaciones industriales en Andina de Curtidos, en Copacabana”.

Por supuesto, faltaba una parte. Entonces continuó: “Sé que yo te traje a una oficina, pero, por qué no vas a la entrevista para poder quitarme a mi hermano de encima. No aceptes si no quieres. Claro, el sueldo es muy bueno”.

Llegué donde David Rabinovich, muy querido. Tendría él treinta años y yo veinticuatro. Al terminar la entrevista de trabajo me dijo: “Doctor Tous, ¿usted qué va a hacer ahora?”. / “Me voy para la oficina”. / “¿Y por qué no se queda aquí de una vez?”

El sueldo era seis mil quinientos pesos. Resulta que yo me ganaba cinco mil cien pesos siendo juez, que era un excelente sueldo para un soltero sin compromisos.

En la oficina de abogados no estuve sino unas pocas horas, tiempo suficiente para rayar el escritorio.

Por mi experiencia como jefe de relaciones industriales en Andina tuve que aprender todo lo referente a contratos, horas extras, festivos, dominicales, permisos, prestaciones sociales, despidos, sindicalismo.

Resulta que en esta empresa sus dueños eran muy buenos empleadores. Ellos mismos ayudaron a conformar el sindicato de base, con visión empresarial. Contrataban para ellos un excelente abogado que los asesorara en la presentación del pliego de peticiones y en la negociación colectiva.

Combiné mi trabajo en Andina con el ejercicio profesional llevando procesos  hipotecarios del Instituto de Crédito Territorial ICT  en los pueblos de Antioquia.

PEREIRA

Después de tres años de estar trabajando en Andina de Curtidos llegué a Pereira. Era 1 de mayo de 1975. Estando aquí me especialicé en Derecho Laboral, una rama que casi no gusta en el pensum universitario.

Resulta que, cursando segundo año de Derecho compartíamos en la cafetería de la Pontificia Bolivariana los cuatro amigos costeños: Rafael Olivella, de Santa Marta, Víctor Eduardo Dangond, de Ciénaga, Jairo Barguil, de Montería, y Adolfo Tous, de Barranquilla.

En ese momento se acercó Rocío Ramírez Múnera, del Diario del Otún de Pereira. Se sentó con nosotros y nos dijo: “A los costeños no los vamos a volver a invitar a los eventos de la clase, porque nunca asisten”. No lo hacíamos al preferir reunirnos entre nosotros. Ese fin de semana irían a la finca de María Cristina Mejía, que quedaba en La Estrella. Iban a ver la llegada de la Vuelta a Colombia. Y decidimos que teníamos que ir, nosotros nunca habíamos visto una vuelta a Colombia.

Recuerdo que llegué tarde. A la primera persona que vi fue a una niña muy bonita que  no reconocí, pues no era de la clase. Me senté a su lado y le puse conversación: “¿Qué, qué? ¿Qué me decís?” (risas).

Se trataba de María Cecilia Gaviria Chujfi, quien acababa de llegar de Pereira. Venía de paseo y estaba recién graduada del colegio. Rocío la había invitado para vincularla  con  sus amigos de Medellín. Nuestra relación, que culminó en noviazgo, hizo que María Cecilia quisiera quedarse a estudiar en mi universidad. Con ella empecé a viajar a Pereira donde conocí a su familia.

EMPRESA DE CONFECCIONES X – 15

César Aguel Kafruni , primo  de María Cecilia, tenía una fábrica de confecciones, X-15. Me pidió que se la manejara, por lo menos durante el tiempo en que él estaría en los Estados Unidos terminando sus estudios. Le dije que yo era abogado, que no sabía de gerencia. Pero me insistió, me recomendó que estudiara el libro de contabilidad de Hargadon  y me garantizó una muy buena auxiliar.

Sintió confianza, pues yo ya contaba con tres años de experiencia en una empresa privada. Esto hizo que yo me arraigara en la ciudad que me ha acogido con cariño por  cincuenta años. Para ese momento María Cecilia y yo ya estábamos casados.

CONFECCIONES SAAD

Después de dos años renuncié, justo al regreso de César. Y Álvaro Saad me ofreció la subgerencia de su empresa, CONFECCIONES SAAD, que exportaba blue jeans reversibles a los Estados.

Para ese momento yo ya sabía de telas, jeans, diseños y algo de administración. A mi retiro de Confecciones Saad representé varias textileras en el Eje Cafetero. Con Carlos Palacio mandábamos a confeccionar bermudas que vendíamos a los mejores almacenes de cadena en Colombia.

Tengo que agradecer a toda la gente que me enseñó, desde lo básico, a  identificar lo que se busca cuando se palpa una tela. Supe que uno se debe fijar en la trama y demás detalles relevantes. 

Después de un tiempo en los textiles decidí renunciar a esa actividad y dedicarme a mi carrera.

CALLE REAL – ALMACÉN POR DEPARTAMENTOS

Tan pronto como abrí mi oficina de abogado en Pereira, la familia de María Cecilia inició un negocio ubicado a media cuadra de la Plaza de Bolívar. Se trataba de un almacén por departamentos, Calle Real, una verdadera innovación en Pereira. Lo administré como gerente durante dos o tres años, al mismo tiempo que empezaba en serio y en firme mi ejercicio profesional.

PRESIDENCIA DE LA ASOCIACIÓN DE CONFECCIONISTAS DEL VIEJO CALDAS

Como muestra del talante abierto y acogedor de los pereiranos, los confeccionistas del Eje Cafetero me nombraron en la Presidencia de la Asociación de Confeccionistas del Viejo Caldas – CONEVICA. En ese tiempo se usaba el Plan Vallejo, los gringos maquilaban en nuestras empresas beneficiándose de la ausencia de aranceles y el sector generaba más empleo en la zona.

TOUS ABOGADOS

Cuando empecé a ejercer el Derecho el abogado era una figura distante, casi mítica, un enviado de Dios, alguien que creía tener la última palabra. Había en él una solemnidad intimidante, casi que era necesario inclinarse para poder dirigirle la palabra. Pero yo pensé que había que desmitificar todo esto, que el abogado debía, por el contrario, ponerse al alcance de todos.

INFORMÁTICA JURÍDICA

Abrí oficina en la Plaza de Bolívar y viajaba a Medellín los fines de semana a estudiar Informática Jurídica. Cuál sería mi sorpresa al conocer las impresoras, ver cómo estas usaban los dos lados de la hoja, cómo con los computadores se cambiaban palabras en un texto sin tener que repetirlo por completo. Entonces, con unos honorarios importantes que recibí, compré mi primer computador que me costó un millón doscientos mil pesos, hace cuarenta y cinco años.

Este computador fue el primero que se usó para el ejercicio del Derecho en Pereira. En mi oficina di la instrucción de que el año siguiente no saliera nada que no estuviera hecho en computador. En él sacamos las primeras demandas, escrituras y demás textos que se conocieran en el eje cafetero.

Yo les llevaba las escrituras hechas a los notarios para que las firmaran. Lo curioso fue que me encontré con un notario, uno de cinco, que me dijo: “No le creo al computador. Páseme la minuta en papel y yo la vuelvo a copiar a máquina”.

CONTABILIDAD

En mi ejercicio profesional y trabajando en la empresa privada, comencé a estudiar principios básicos de contabilidad, lo que me ayudó a diferenciarme como abogado. El abogado típico dice: “Yo no sé nada de matemáticas, a mí no me hablen de contabilidad, de nada que involucre números”.

Para este momento estaba muy vigente el tema de los concordatos, de la insolvencia, de las crisis económicas de los empresarios. Entonces yo participaba en las asambleas hablando en propiedad sobre estados financieros, lo que me daba una ventaja sobre los colegas.

CRITERIO GERENCIAL

El paso por la empresa privada, que no lo tiene la mayor parte de los colegas, me dejó ver que el ejercicio profesional debía manejarse como una empresa. Y es que la mala fama de los abogados se debe a que estos son toderos,  saben de todo: de derecho laboral, colectivo, prestacional, de familia, comercial, tributario.

Uno, por más inteligente y preparado no es capaz de abarcarlo todo. Es necesario montar un equipo especializado en cada tema.

Por otra parte, los abogados le quedan mal a todo el mundo. Por atender al cliente se les pasa la audiencia; por ir al juzgado a reclamar el oficio le quedan mal al cliente; por estar al teléfono no  estudian el expediente .

Entonces, es claro que una empresa de abogados, por lo menos, debe tener una secretaria, un gestor, un tramitador y un abogado. En mi oficina somos cinco accionistas y diez abogados de apoyo más tres administrativos. Prestamos un servicio integral de verdadera calidad.

Realmente no tengo cómo agradecerles a los abogados más insignes de Pereira   quienes me acogieron con los brazos abiertos. Menciono algunos como Enrique Ocampo Restrepo, Luis Eduardo Ochoa Gutiérrez, Guillermo Ángel Ramírez. Ellos me recomendaban con los bancos, los mimos que empecé a asesorar y a manejarles la cartera.

Esa acogida me ha permitido desempeñarme muy bien en mi ejercicio como abogado, como conjuez del H Tribunal Superior y como árbitro en más de 40 tribunales de arbitramento.

HIJOS

LUIS MAURICIO

Luis Mauricio, mi hijo mayor, lleva en su primer nombre el de su abuelo materno. Tiene mucho de la personalidad de María Cecilia, pero también de la mía. Estoy muy orgulloso de él.

Desde que nació es veterinario. En la casa donde se crio, donde tengo ahora la oficina, hay un buen patio en el que no metió rinocerontes ni hipopótamos porque no cabían por la puerta. Tampoco tigres porque resultan muy peligrosos. Pero sí culebras, conejos, pescados, tortugas, perros, pericos y canarios.

Siendo un niño recibía los animales que los amigos le llevaban para que los curara: así entablillaba al gallo al que se le había quebrado la pata, y curaba la herida de la iguana. Convirtió la casa en clínica veterinaria.

Actualmente permanece buen parte del tiempo en la Costa, en los Llanos y en Centroamérica implantando embriones, haciendo manipulación genética.

Está casado con Lina María Vélez. Tienen tres lindas hijas: Susana, estudia diseño y mercadeo de modas en España. Isabel quien como cantante y actriz ha participado en varias novelas y ha educado su voz con disciplina. Manuela es pintora y excelente estudiante.

VICTORIA ISABEL

Victoria Isabel, Vicky, ha  sido muy independiente, organizada, metódica y recursiva. Es abogada de la Bolivariana y su tesis fue sobre la maternidad por cuenta ajena. Si bien su tesis estuvo nominada a ser laureada, no lo fue porque uno de los jurados consideró inapropiado citar el episodio bíblico Genesis 16:1-6. En este se habla que Sara le dice a Abraham que acceda a su esclava Agar para tener un hijo. Vicky es la mamá de Carmen, mi nieta menor, una niña preciosa y cariñosa.

PAULINA

Paulina es la menor, la pechichona, la consentida. Su nombre quiere decir la más chiquita. Tiene un temperamento dulce y es estricta, muy parecida a María Cecilia. Está casada con Joaquín Lemus, oftalmólogo, y son papás de Salomón, mi único nieto hombre.

Es organizada y juiciosa y como Vicky. Es accionista de Tous abogados, vive en Cali y tiene varias especializaciones en el exterior.

A mis hijos los quiero con todo mi corazón, son mi orgullo.

ESPOSA

CRISTINA ISAZA

Enviudé hace doce años, después de más de cuarenta de compartir desde el noviazgo con María Cecilia. Vino un período emocionalmente muy complejo que tuve que aprender a superar.

Pasado un tiempo me volví a casar. Cristina Isaza, mi actual esposa, es una mujer muy linda, dulce, cariñosa y comprensiva. La conocía desde hacía un tiempo porque es la hermana menor de Piedad Isaza, quien ha sido mi amiga por muchos años.

Cristi ha sido un ángel de Dios, una compañía magnífica. Es también viuda y madre de dos hijos: Arturo, agrónomo, y Paulina, diseñadora industrial. Con ellos tengo una excelente relación de cariño mutuo.

CIERRE

He estado descubriendo el ocaso, donde se mezclan una cantidad de emociones. Siento satisfacción por lo realizado.

Ahora miro más hacia el pasado que hacia el futuro. Se van acabando los amigos y la ciudad está llena de cuartos y espacios vacíos. Por eso escribí un poema surrealista “He decidido entonces no morirme”.

“Cómo escribir ahora lo que siento

si ya mi mente no sabe lo que quiero.

Cómo saber realmente lo que pienso

si cuando duermo no entiendo lo que sueño.

Me duele cada instante de mi vida incierta

y me angustia cada hora que me llega,

procuro no pensar en el futuro

y no dolerme por lo que ha pasado.

He decidido, entonces, no morirme,

pero no sé qué voy a hacer en adelante.

No quisiera morir entre los vivos

y no sabría vivir entre los muertos”.