Ana Carolina Castillo Lanza

ANA CAROLINA CASTILLO – REMOTE BEAT

Las Memorias conversadas® son historias de vida escritas en primera persona por Isa López Giraldo

 

Remote Beat es un proyecto de telemedicina con una base instalada de electrocardiógrafos portátiles que presta servicio en las comunidades Teupasentí, El Paraíso, El Ocotal, Suyatal, Trojes, Cifuentes, Arenales, Yamales, San Antonio de Conchagua, Alauca, Nueva Esperanza, Las Animas y Jutiapa, pertenecientes al departamento de El Paraíso en Honduras.

Ana Carolina Castillo Lanza –

Me defino como una hija de Dios. Si por azares de la vida me quitan mis títulos, esta decisión espiritual no, porque me pertenece.

Mi origen está en Tegucigalpa – Honduras, mi papá, Ángel Castillo, es de Guaimaca, municipalidad ubicada en el departamento de Francisco Morazán, y mi mamá, Bersabe Lanza, de Cofradía. Eran común que visitáramos sus pueblos para compartir con la familia en fines de semana.

Crecí con mis primos y recuerdo cómo, cuando jugábamos durante la infancia, nos advertían que podíamos caernos y golpearnos, lo que nos valió más de un regaño de nuestros padres. Fue divertido, pero también aleccionador, pues entendí que eso es exactamente lo que pasa en la vida adulta.

Es curioso porque nunca me gustaron las muñecas, jugué más con mis primos varones, que eran muchos: landa (lleva congelada), lucha, a correr, juegos todos muy pesados. Y noté que eso me hacía distinta a las demás niñas. Otra pauta muy interesante en mi vida fue que, a diferencia de la mayoría de mis compañeras de clases, a mí me gustaban las matemáticas, en general, todo lo referido a números.

Es posible que cuente con una herencia genética, pues mi papá es ingeniero de sistemas y trabaja en procesos bancarios, por su parte, mi mamá es ama de casa con maestría en recursos humanos, lo que aporta a mi sensibilidad por los temas de la gente. Mi hermana también se llama Ana y, como yo, estudia ingeniería en la Escuela Agrícola Panamericana Zamorano. Cualquiera se preguntará porqué también nos es común la letra A para comenzar a nombrarnos a todos, y es que ha sido una tradición familiar, al agotar los nombres como Ángel, Alex, Ángela, Ana, entonces, mi hermana repitió el mío.

Recuerdo que, por invitación de mi papá, a mis doce años experimenté lo que era tener un emprendimiento cuando me sugirió vender recargas telefónicas, lo que me dejaba un margen de ganancia que me ayudó a completar mi mesada.

El colegio aportó muchísimo en nuestro despertar a las realidades del mundo, pues no sólo se dedicaron a ensañarnos las materias que por tradición se imparten, sino que programaban visitas a sitios como la Asociación de niños con cáncer, a los hospitales, ancianatos, para que prestáramos servicio social. Esto me generó un nivel muy alto de empatía hacia los demás, se despertó mi deseo de ayudar y, como en mi familia hay muchos médicos, me llevó a considerar la medicina como opción profesional.

Quizás mi temperamento y gustos no me daban para consagrarme a la medicina, pero sí a la ingeniería por mi vocación hacia los números, entonces me matriculé en ingeniería biomédica que integra, de alguna manera, las dos habilidades.

Alicia Sierra, líder del proyecto Remote Beat, fue mi maestra en la Universidad, y nos animó a que nos involucráramos en actividades dentro de los hospitales. Haciendo trabajo de campo me fueron evidentes las inmensas necesidades que tiene la población en temas de salud, de los servicios tan precarios o de la completa inasistencia que sufren. Entonces, las actividades de clase iban dirigidas a ofrecer alternativas de solución.

Uno de mis proyectos como estudiante se trató de la remodelación de hospitales, como lo hice en el Hospital El Progreso, ubicado en el departamento de Atlántida, en asocio con un colega y con el patrocinio de IC 13, organización de los Estados Unidos, con quien firmamos un convenio. En algún Congreso en El Salvador, al que viajamos, vimos que esta era una práctica común en otros sitios y quizás, en alianza con la Secretaría de Salud, hubiéramos continuado. Pero una vez atendido el primero, mi socio, Henry Galeas se vinculó de manera directa al hospital para dedicarse a otra cosa.

En clases elaboraba, de manera básica, dispositivos que ya existían, y me quedaban tan bien que, muy cerca de graduarme, Alicia me invitó a hacer parte de su equipo desde mi especialidad. Vi una oportunidad grandísima de ayudar haciendo lo que me gusta, porque el impacto es muy grande.

Remote Beat, es telemedicina en el primer nivel de electrocardiografía. Por las condiciones de las viviendas en los pueblos, los ciudadanos sufren el Mal de Chagas, enfermedad silenciosa que puede derivar en cardiopatías. Nuestro reto está en brindar la posibilidad de atender la medicina preventiva, cultura que la gente no ha adoptado, y poder hacerlo de manera remota.

  • ¿Quiénes han sido tus mayores referentes?

Mis papás que tuvieron que sobrellevar situaciones difíciles y que salieron adelante, no quejándose, sino trabajando en función de una meta. A mi mamá le costó mucho culminar sus estudios, pero lo logró, y mi papá, que vive en función del conocimiento.

Pero también Angélica, una niña con cáncer en un hospital que, siempre que la visitaba, me recibía con una sonrisa que no olvidaré nunca y que me ha motivado a pensar en la infancia, para protegerla y cuidarla. En alguna de mis visitas no la vi y me contaron que estaba en el cuarto blanco, habilitado para niños desahuciados. Este fue uno de los momentos más difíciles que he tenido que vivir.

  • ¿Cuáles han sido tus más grandes retos?

Convencerme de que mi juventud no es obstáculo. Debí vencer mis luchas internas en ese aspecto y llenarme de confianza en mi conocimiento y en mis capacidades.

También el hacer entender que un proyecto es el origen de una empresa y que, sin apoyo, no tenemos cómo sacarlo adelante.

Recuerdo ahora cuando escuché a un médico que dijo: “La telemedicina es la estupidez más grande que he escuchado”. El reto será demostrar cuán equivocado está, porque es el recurso para quien no tiene acceso a los servicios médicos y cuya única opción sería esta, o la muerte.

El otro reto es vencer todas las talanqueras que nos ponen, no sólo por ser jóvenes, sino por ser mujeres. Vivimos en una sociedad machista que he sufrido desde siempre, cuando preferí jugar con mis primos hombres, cuando mi fortaleza está en un campo considerado sólo para ellos, como son las matemáticas.

  • Basado en tu temprana experiencia, ¿qué recomendación le harías a quien quiera iniciar su camino hacia el emprendimiento?

Que no se deje intimidar porque, como yo, pueden chocar con algunos adultos que se comportan de manera cruel y egoísta, desestimándonos por la edad. Que la frustración del otro no lo limite para realizar sus proyectos. Que no se detengan por ideas preconcebidas, que no le tengan miedo a lo diferente, ni al cambio, ni a lo desconocido. Es mejor equivocarse haciendo, que lamentarse, y no saber qué hubiera podido pasar.

  • ¿Cómo quieres impactar al mundo?

Desde niña pensé que quería, algún día, montar un orfanato, pues me conmuevo profundamente con los niños sin hogar. Espero lograrlo.

  • ¿Cuáles son tus mayores talentos?

La empatía social, la facilidad para resolver problemas, la capacidad para trabajar en función de la mejora continua.

  • ¿Cuál es tu código de ética?

Parte de la honestidad; el respeto por el otro, no en función de su edad, sino por el ser humano que es; la responsabilidad, porque no podría dormir tranquila si le incumplo a alguien, o porque lo hice mal, o porque dañé a otros.

Isabel López Giraldo es responsable del contenido de este sitio web. Davivienda actúa como patrocinador de la sección “Jóvenes Talentos”

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