Juan David Aristizábal

 

“Todos podemos cambiar el mundo” y claramente este es un ejercicio en el que cada uno está empoderado para transformar su entorno, su comunidad y el lugar donde se encuentre. Y es que se puede cambiar el mundo si se usan los talentos.

 

Creo que una de las cosas que me gusta, que busco y he buscado combinar en mi vida es cómo usar las historias para mover a la gente y ver cómo conectan para que pasen cosas. Por eso mi formación también es como emprendedor social y periodista.

 

Mi papá fue de los promotores de Telecafé, y por este hecho siempre estuve expuesto a la televisión, y en general a los medios de comunicación.

 

Recuerdo también a mi papá declamando y lo hizo desde muy niño y como hobby grababa casetes en la casa siendo él ingeniero electrónico.

 

De mi mamá puedo contarte que es licenciada en artes plásticas. Una amante del diseño. Ella me enamoró de la tipografía.

 

Yo estudiaba en el jardín infantil El Bosque en Pereira y a las tres de la tarde llegaba a recogerme mi papá en un carrito blanco que en la parte de atrás tenía instalada una antena, era su carro de Telecafé y en el trayecto me ponía a escuchar cualquier cantidad de cosas, pues siempre estaba el radio encendido. Me gustaba mucho escuchar y memorizar voces de otras personas. La primera voz que aprendí a imitar fue de un personaje que se llamaba Manuel F, en la novela de las Juanas. A mí ese personaje me parecía un éxito, era un costeño que se enamoraba de una de las protagonistas. También imito a Uribe, a Pastrana y a Gaviria.

 

Un día en el colegio La Salle, me pareció que los descansos eran muy aburridos. A diario un padre hablaba de la reflexión de la mañana, pero no más. Busqué a una profesora y le dije:

 

— Creo que tenemos que usar esos parlantes para algo en los descansos.

 

— Antes de salir a hablar o de poner música, hay que aprender a escribir. Me dijo.

 

Así que me invitó a escribir en el periódico y creo que fui de los primeros que en primaria escribía en el periódico de los grandes. Al año yo ya estaba en bachillerato y ya había conformado un sindicato con otros seis o siete amigos, buscando ese espacio radial para el que pedí los tres descansos aunque solo me dieron uno para montar la emisora del colegio. Eso sonó fatal todo el año.

 

Era el año 99, cursaba sexto bachillerato y me llama mi mamá para que me siente a su lado a escuchar la transmisión del inicio del proceso de Paz de Pastrana con las FARC. Dice Juan Gossaín:

 

— Le están metiendo chuzos a la bandera, le están abriendo huecos y el Presidente Pastrana está solo, a su lado la silla está vacía.

 

Veinte días más tarde ocurre el terremoto que arrasó con el Eje Cafetero y que afectó especialmente a Armenia. Era 25 de enero, por fortuna yo me encontraba en compañía de mi mamá y de mi hermana, pero mi papá no aparecía, hasta que finalmente lo hizo en perfectas condiciones. Mi hermana le pidió que la llevara a la Cruz Roja:

 

— Quiero ayudar a digitar. Le dijo.

 

En esa época saber de computadores era algo extraordinario y ella era buena en eso, pero más allá, lo que llamó mi atención fue ver que ella tenía un talento que ponía al servicio de la gente. También me causó mucha curiosidad el que me dejaran en la casa de una tía para que mis papás pudieran ir hasta Armenia para acompañar y brindar apoyo a familiares pese a la inseguridad y los riesgos.

 

Mi hermana es mi ídolo, saca el mejor ICFES de su promoción, se gana dos becas para hacer su carrera, la Andrés Bello y la de Ecopetrol. Vino a Bogotá sola y se hizo profesional. De muchas formas he querido seguir sus pasos.

 

Con un propósito muy claro, decido cambiar de colegio, así que hago todos los trámites para ser recibido en el Calasanz y en la primera clase me encuentro con Beatriz Galvis, que me hizo recordar a dos profesores del colegio La Salle que me marcaron de forma muy positiva, Luis Carreño, profesor de arte que me enseñó el poder de las instalaciones del arte moderno, hizo que me enamorara de las tipografías que ahora colecciono, y Fanny Serna, mi profesora de biología que fue quien me enseñó a meditar; nos llevaba a explorar y para eso tenía que aprender a escuchar.

 

Mi primera clase en el nuevo colegio fue sobre la ilustración y eso me ha fascinado siempre. Tuvimos que hacer un proyecto y para eso fuimos a la antigua galería a descubrir qué era lo que estaba pasando. Me entero que van a construir un centro comercial en medio de gente de la calle y eso me causó mucho malestar. Yo no entendía cómo podían construir un edificio en medio de tanta miseria sin solucionar el problema primero.

 

Entonces me devuelvo a la casa y les digo a mis papás:

 

— Papá, mamá, la verdad, no me gustó lo que vi.

 

Mis papás han tenido una forma muy particular de enseñarme las cosas, y es que ellos no dan respuestas. Mi mamá siempre me dice: vamos a meditar. Mi papá siempre me dice: haga un DOFA, vaya usted y concluya. En este caso particular, antes de hacer eso, me llevaron a ver una película que se llama “Cadena de favores”, como respuesta a mi inquietud. Lo que descubro en ella es que:

 

— ¡Lo que yo quiero hacer es cambiar el mundo!

 

Entonces llamé a dos amigos y les conté de mi experiencia y les propuse que tomáramos la bandera de solucionar el problema alrededor de Ciudad Victoria. Acudimos a Beatriz y nos invitó a hacer una lluvia de ideas, de la que salió hacer volantes que informaran del problema de los habitantes de calle, recomendando no dar limosna sino hacer donaciones a las instituciones que prestan ayuda como Hogares Calasanz y demás.

 

Nos fuimos a la calle a repartirlos, fuimos a otros colegios, nos concentramos en la Plaza de Bolívar. Así como tuvimos mucho apoyo, puedo decirte que también experimenté lo que hoy se conoce como bullying pero no me dejé afectar y por algo muy particular que te voy a contar:

 

Nací con una enfermedad respiratoria que me obligaba a pasar mucho tiempo en la clínica, así que faltaba mucho al colegio y mis papás, cada vez cuando estaba en crisis me decían:

 

— Hijo, mira hacia afuera que hay un mundo esperando por ti.

 

Siempre que estoy en conflicto tengo muy claro que el mundo es muy grande y así lo supero.

 

Para continuar con la historia, a los cinco meses de nuestra tarea, me llama María Teresa Aristizábal a decirme:

 

— Juan David, la doctora Martha Elena Bedoya quiere hablar con Ustedes.

 

Nos invitaron a la Alcaldía donde nos dijeron que durante este tiempo el ingreso por donaciones se había incrementado en las diferentes fundaciones de la ciudad. Conclusión, las cadenas de valor sirven, como lo vi en la película.

 

Yo me acuerdo llamando a una emisora y que nos contestó:

 

— No, a nosotros no nos interesa ese tipo de historias.

 

Pero hice entrevistas para Telecafé a los jóvenes en acción, mientras estaban repartiendo volantes.

 

En ese momento conozco a Juan Alejandro Sáenz, un joven un poco mayor a nosotros y muy pilo, que trabajaba para el programa de Presidencia “Colombia Joven”. Nos ayudó muchísimo a pulir el proyecto, nos enseñó cosas que no sabíamos. Recuerdo que nos invitó a la sala de juntas de la Cámara de Comercio y nos ofreció una oficina para que trabajáramos desde allí. Cuando vives eso a los catorce años te parece lo máximo, y lo fue realmente. Como un paréntesis te cuento que a mis veintiún años me postulé a la Presidencia de la Cámara, lo que me significó una experiencia y una lección muy grandes.

 

Yo con Juan no tengo sino gratitud aunque ya no nos acompañe pues un accidente de la vida se lo llevó.

 

Juan Alejandro me invitó a que le contara del proyecto al Presidente Uribe en Bogotá pero mis papás no me dejaron viajar, era el año 2003. El 9 de septiembre me llama el rector del colegio a decirme:

 

— A Juan Alejandro lo mataron a las dos de la mañana cruzando la línea.

 

Ese fue mi primer acercamiento real al conflicto armado en Colombia, lo sentí a profundidad y recordando la transmisión que mi mamá me había pedido tiempo atrás que atendiera.

 

Juan Alejandro fue mi mentor, por lo mismo, una vez recibí la noticia me empoderé, diciéndole al rector antes de retirarme:

 

— Los audífonos de la indiferencia no son los que yo me voy a poner, yo esto lo voy a cambiar. Ningún otro joven tiene que coger un arma.

 

Siete meses más tarde, la mamá de Juan Alejandro me contó que montarían la Fundación líderes por Colombia en su honor. Supe que tenía que trabajar por ella pero no con la pasión a la que tanto hacen referencia, sino con entusiasmo y con toda la energía que se tiene cuando se trabaja desde un propósito, como me enseñaron siempre mis papás que me decían:

 

— Encuentra tu propósito para lo que haces.

 

 

En el año 2005 me gradúo del colegio y uno más tarde comienzo la universidad. Para decidir mi carrera recibí asesoría de una experta en Cali y fue así como llegué al CESA.

 

Mi papcualquiera, del que me hice amigo. versidad de Columbia.l primer drry Potter, me parecipilode Bolna sino enseñme marzde transmiá, muy generoso me dijo,:

— Antes de tomar una decisión, tiene que identificar si la cultura le gusta. Uno tiene que estar donde se sienta en casa. Yo lo acompaño a Bogotá.

 

Yo me sentí muy tranquilo y muy cómodo con eso, además siempre me he sentido muy orgulloso de mis papás. Llegamos pues a la Universidad y fue como entrar al Castillo de Harry Potter, me pareció espectacular y lo primero que escuché fue:

 

— Aquí Usted puede crear su proyecto de emprendimiento desde el primer día.

 

— ¿Dónde firmo?

 

En la segunda semana de estudio, estoy en primer semestre y conozco a un niño que llega en bicicleta, en shorts, peludo, de hablar arrastrado. Entablamos conversación y descubrí a un genio del que me hice amigo. Un día cualquiera, salimos de clase y decidimos caminar hacia nuestras casas. En esa travesía vimos a un artesano al que Juan Manuel le preguntó:

 

— Ve, ¿vos que estás haciendo ahí?

 

— Estoy tejiendo lo mejor de Colombia. Todos los días en el país se tejen cosas, pero nadie las ve y por eso la labor de gente joven como ustedes unirá los puntos…

 

Y Juan Manuel y yo nos miramos, y nos dijimos:

 

— Esto está como bueno.

 

En ese momento decidimos montar una plataforma para buscar a los que estuvieran haciendo cosas interesantes y contarlas. Vendimos turrones Santa Helena y de La Lucerna, también unas acciones que tenía Juan Manuel y así comenzamos.

 

En el 2006 nació Buena Nota, siendo yo menor de edad, por lo tanto no firmé los actos de representación legal sino hasta un año después. B.N. fue una plataforma web durante cuatro años, contando historias de gente que estaba cambiando el mundo. Después se convirtió en lo que es hoy, una incubadora que busca recursos para los diferentes proyectos. Ya se cumplen doce años de gestión gracias, entre otras, al apoyo que nos ha dado el CESA.

 

Mi pregunta siempre fue la de cómo combinar las historias y las comunicaciones para cambiar el mundo y lograr que la gente se mueva. Te cuento que Buena Nota fue postulada a los premios MTV y ganó. El beneficio fue para nuestros emprendedores porque al darnos a conocer de esta manera logramos acceder a recursos para ellos.

 

Quisimos conocer el tema del microcrédito y por lo mismo nos reunimos con el creador del Gramen Bank, de Muhammad Yunos, que fue Premio Nobel de Paz. Como supimos que iba a estar en Cartagena, decidimos viajar pero necesitábamos patrocinio. La universidad nos apoyó a través de la Asociación de egresados y Avianca con los pasajes.

 

Actualmente no estoy vinculado a Buena Nota por dos razones, una porque hace cinco años creamos un nuevo proyecto que se llama, Todos por la Educación, es la única organización que aglutina a todas las Fundaciones que trabajan alrededor de este tema, desde Naciones Unidas con planes de gobierno que han firmado todos los candidatos presidenciales desde hace cuatro años. Ese es el debate que estamos dando con ellos. Contamos con el patrocinio de Natura y La Alquería.

 

La segunda razón es porque me fui a estudiar a la Universidad de Columbia, gracias a una beca que gané. Estando allá decidí adelantar dos maestrías, una en Relaciones Internacionales y la otra en Periodismo. Como la beca solo me cubría un estudio, vine a Colombia en busca de patrocinio y lo encontré en Auteco y en Frisby. Mi argumento no es otro distinto a que estoy haciendo esto por el mundo, porque todos podemos cambiarlo. En ese momento José Manuel Restrepo era el rector del CESA y me apoyó con el compromiso de retornarle a la universidad como profesor a mi regreso. Con cada uno de mis patrocinadores tengo unos compromisos muy puntuales profesionales.

 

  • ¿Qué destacas de esa experiencia académica?

 

Fue magnífica y le agradezco a mis ancestros, pues hoy soy resultado del esfuerzo que hicieron para que futuras generaciones estuviéramos en mejor posición. Todo el tiempo pensaba en ellos, en mis abuelos montañeros y en mis padres comerciantes, que con azadón montaron su finca cafetera y con sus negocios trabajaron por nosotros.

 

Aprendí que donde uno se encuentra está el mundo y no afuera, ni lejos; que puedo tener una perspectiva global desde donde estoy, y la capacidad de entender la diferencia con una gran riqueza. Una capacidad de entender que si yo hago muy bien mi trabajo de manera profesional, estoy elevando los niveles de profesionalismo.

 

Para todos mis proyectos ahora tengo aliados internacionales, estoy respaldado por organizaciones globales.

 

También entendí la responsabilidad de ser periodista, porque es un oficio que exige que uno tenga la capacidad de escuchar, y que tenga ganas de encontrar la verdad, pero sobre todo de ser justo, y la justicia, implica no quedarse callado cuando un débil esta pidiendo auxilio.

 

  • Cuando publique esta entrevista ya habrás comenzado en La FM de RCN Radio. ¿Cómo llegas a esa emisora?

 

Cuando estudiaba en la Universidad, en un pasillo hablando con una amiga me pidió que imitara la voz de Uribe, alguien me escuchó y le contó a Dimas Rincón, director en La Voz de Bogotá. Un día recibo una llamada y me preguntan si yo imito también la voz del ex presdiente Gaviria y me ofrecieron unirme al equipo, yo acepto la propuesta con la condición de que me permitan hacer apuntes económicos y de emprendedores, también llevar personajes al programa.

 

Años más tarde conozco a Luis Carlos Vélez a quien le expusimos lo que hacíamos en Buena Nota y sabía de mis notas en La Voz de Bogotá. Desde el 2013 compartiamos información y mensajes sobre Colombia. En enero me llamó y desde el 26 de febrero hago parte de su equipo de La FM

 

  • Háblame de Todos por la Educación.

 

Siempre he pensado que todos tenemos derecho a una educación de calidad, que permita explorar, en la que enseñen determinación, perseverancia. Por eso hemos este año estamos lanzando la serie web en educación, que se llama La Educación Importa, en la que movilizamos a los candidatos presidenciales para que se comprometan con este tema y expliquen su proyecto.

 

  • ¿Qué es Zúper?

 

Es una plataforma para apoyar a la gente que se pregunta cómo descubrir su talento con el que pueda cambiar el mundo y es apoyada por Jorge Franco, el escritor de Rosa Tijeras.

 

Te cuento que también estamos lanzando Cumbre en el CESA que es una iniciativa donde se aporta conocimiento para que la gente que se mueve con un liderazgo distinto. Estamos mandando la señal del liderazgo colectivo porque ahí se dan los cambios.

 

  • ¿Cómo organizas tu tiempo?

 

Esto es algo que podré contestarte con mayor claridad cuando comience en La FM porque todavía no me levanto a las tres de la mañana, lo que sí te digo es que mis tareas las programo en el calendario y es un infaltable que esté ahí nadar mínimo cuatro veces por semana.

 

Yo creo que toda estrategia tiene renuncias. Una es el celular del que me desconecto por completo, también lo hago de las redes sociales a las que les dedico un tiempo programado, esto porque las actividades centrales merecen atención, como los amigos y la familia y si bien las redes sociales son muy útiles, distraen muchísimo.

 

  • ¿Te trazas metas de largo plazo?

 

Tengo un ejercicio que me gusta y es hacerse las tres preguntas más importantes en la vida: ¿Qué experiencias quiero tener? ¿Qué debo aprender para tener esas experiencias? ¿Cómo debo contribuir al planeta si tengo esas experiencias y ese conocimiento?

 

El tema de las experiencias me gustó mucho más que el de establecer metas y me parece que resulta mucho mas fácil así. Porque uno se da cuenta en el día a día si se están viviendo las experiencias que se quieren tener, porque en ocasiones confundimos los medios con el fin y en eso se cae muy fácil cuando se vive en función de la meta. Si no logras la meta te puedes frustrar en cambio si vives experiencias lo que estás es motivándote.

 

  • ¿Cómo te ves a futuro?

 

Como alguien que usó sus talentos y fue feliz; como alguien que aprovechó bien el tiempo.

La felicidad está en cómo se logra conectar con los talentos, porque eso da propósito a la vida, ganas de levantarse a las 4am y terminar clase a las 9pm.

 

  • ¿Qué es el tiempo para ti?

 

El dueño de uno. El tiempo es el presente. El tiempo es el ya.

 

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