Beethoven Herrera Valencia

BEETHOVEN HERRERA VALENCIA

Memorias conversadas® son historias de vida escritas en primera persona por Isa López Giraldo.

Soy un profesor universitario que, una vez jubilado, sigue enseñando y aprendiendo pues a mis setenta y tres años adelanto un posdoctorado. Tengo la concepción de que en la vida llegan oportunidades que hay que tomar y retos que hay que asumir, que uno debe montarse a los trenes y buses que pasan, pues a algún lugar nos llevan, aunque asumiendo riesgos.

ORÍGENES – RAMA PATERNA

Con el paso de los años he ido descubriendo que soy más tributario de mi padre que de nadie más en la vida. Esto es así, aunque tuve maestros muy importantes como Salomón Kalmanovitz, Absalón Machado, Antonio García. Pero mientras más vivo, más reconozco que lo que mi padre me brindó fue tan definitivo que apelo a sus enseñanzas, pues me invitó a reflexionar, a pensar sobre la vida. Entonces comienzo a abordar mi historia desde la rama paterna.

LÍBANO – TOLIMA

Soy de un pueblo fundado por colonizadores en la mitad del siglo XIX con la característica de ser excombatientes de una guerra civil perdida que, como el abuelo de Gabo, había salido de ella con una serie de ilusiones.

El Líbano, Tolima, fue fundado por gente del Peñol – Antioquia, dirigida por el general Isidro Parra quien viajó con un grupo de personas hasta un sitio en el que se encontró con dos quebradas y un valle muy fértil con cedros que le hicieron recordar a los del Líbano, de los que tomó el nombre para bautizar al nuevo asentamiento.

Es un pueblo trazado geométricamente en calles y carreras, como lo es Washington en los Estados Unidos. Sus habitantes eran librepensadores, no sé si rosacruces o espiritistas. Lo fundaron sin cura, sin cementerio católico y sin iglesia, estos vinieron después con la religión. Fue, además, el primer pueblo no fundado por españoles.

Al cabo del tiempo se convirtió en un centro educativo con seis colegios, públicos y privados, con bachillerato. Allí se disfruta de un clima templado-tibio, 21º, entonces la gente de la zona caliente del Río Magdalena, Alvarado, Venadillo, Roncesvalles, Piedras, subía al Líbano a estudiar, pues era un lugar tranquilo con esta única vocación. Pero también lo hacían otros que viajaban desde Tumaco para estudiar técnica industrial con profesores chocoanos.

Tuvo revolución bolchevique en el año 28, cuando hizo la revuelta que no logró el resto del país, aunque fracasó al quedar incomunicado. Fue un centro de ebullición cultural que me marcó muchísimo para luego estudiar historia, filosofía, y para ser muy crítico.

SU ABUELO

No conocí a mi abuelo, David Herrera. Tenemos un claro acento paisa por su fisionomía, color de piel y estatura, pero también el hablado y el carriel como símbolos del sentido de la laboriosidad y el empuje que me acompañan aún hoy cuando puedo estar activo once y más horas al día.

SU ABUELA

Mi abuela, Epifanía Parra de Herrera, fue inválida en silla de ruedas y sin voz. Murió cuando yo tenía ocho años. La recuerdo sentada en la puerta de su habitación mirando al patio donde corríamos quince muchachos.

De niño me encontré con que no tuve espacio en medio de tanta gente. Nací en agosto 20 de 1948 y mi siguiente hermano en marzo 11 de 1950 lo que hizo que me sacaran de la cama de mi mamá muy rápidamente.

Además de mi abuela enferma, de mi tía y sus hijos, y de mis hermanos, en la casa había marranos, cinco vacas, gallinas, plantas y naranjos, todos cuidados por mi mamá. Entonces tuve que abrirme ese espacio solo para encontrarlo en la mirada de mi abuela, quien se dio cuenta de que yo era goloso.

Como mi papá le llevaba a diario galletas de la calle, las escondía y, cuando yo pasaba por el patio, observaba con malicia que nadie la estuviera viendo, me hacía señas que indicaban que me acercara y me las entregaba a escondidas. Este era un acto de complicidad suya para conmigo.

SU PAPÁ

Mi papá, Jesús María Herrera Pérez, fue mi gran referente. Nunca lo vi borracho ni fumando ni jugando plata ni golpeando a mi mamá ni con deudas ni ofendiendo a nadie, pero tampoco nadie le faltaba al respeto a él.

Su carácter fue muy pacífico pese a que lo agredían. Alguna vez una vaca amaneció muerta por una herida con machete que le propiciaron, y él no reclamó; también le robaron, pero nunca ejerció la violencia. Se mantuvo firme pese a la época tan crítica que se vivió durante los años 50 y 60. Era liberal en un pueblo de mayoría liberal, y en el que había matones.

Pese a que no fue a la escuela tenía mucha información y fue muy culto. Mi padre fue liberal, librepensador y republicano en lo político, agnóstico en lo religioso, asistía a tertulias de rosacruces y creía en el espiritismo.

Si en las ideas no le hice caso, en las conductas sí. Fue un hombre madrugador y para mí esta ha sido una mina de ventaja muy importante. Tuvo un sentido de la disciplina muy fuerte. También un amor infinito por el trabajo y por la educación, así todos sus hijos fuimos los mejores estudiantes y nos hicimos profesionales cuando él vendía carne en el mercado público.

Su patrimonio fue el sentido de la responsabilidad, el del buen uso del tiempo, el de la laboriosidad, del amor por el estudio, del respeto sagrado de la palabra porque nunca firmó nada y siempre cumplió.

Cuando murió encontramos en su cajón de la mesita de noche una cantidad de letras firmadas por gente que le debía a él, que no le pagaba y que tampoco lo hizo cuando mi hermano mayor fue a cobrar. Decían que ya lo habían hecho, pero que no les habían devuelto las letras.

Un compadre le dijo a mi hermano que no siguiera insistiendo y le explicó que mi papá prestaba plata para que la gente estuviera en deuda con él y no él con la gente, y que no cobraba para que se sintieran sus deudores. Como prefirió siempre la paz, nunca les cobró, además, porque no fue apegado a lo material.

Veló por sus hijos, por sus sobrinos, por el niño pobre que de alguna manera adoptaba para que pudiera estudiar, por los perros de la calle que recogía, y a todos nos alimentaba igual.

Su forma de ver la vida, solidaria, disciplinada y laboriosa, no la aprendí en ningún libro, sino de él.

RAMA MATERNA

Mi mamá fue una mujer alta, bonita, elegante y mi padre tenía joroba en la espalda debido a un problema de columna pues se la había partido cargando bultos en el mercado. Que una mujer joven y linda aceptara casarse con un hombre mayor, sin atractivos físicos y con la espalda partida, supone que había otro tipo de identidad entre ellos.

Mi padre la idolatró, en la casa se hacía lo que mi mamá decía y él nunca la contradijo, jamás nos dijo nada contra mamá, mucho menos permitió desacatarla, fue la reina del hogar.

Mi mamá tuvo un don de mando que le permitió dirigir un ejército de veinte personas y asegurar que todo funcionara a la perfección. Y presumió de esto. Tuvo una capacidad de organización enorme.

Con una familia tan numerosa, no le era posible expresar su afecto a través de abrazos o besos, pero se aseguraba de que no nos faltara la comida puntual, de que tuviéramos la ropa al día, de que estudiáramos, de que celebráramos los cumpleaños y de que estuviéramos todos en casa. Zurcía medias con un bombillo, les marcaba los nombres a los pañuelos y en lugar de hilo usaba cabello. Pero también sembraba zanahorias, arriaba las vacas, cuidaba las ollas y nos regañaba: todo lo hacía al tiempo.

Las señoras que me cuidan recuerdan que en las conversaciones que tuvieron con mi madre, antes de su Alzheimer, ella les decía que fui quien más le ayudó con las tareas domésticas.

Se alfabetizó a los cincuenta años cuando asistió a la escuela, siendo todos sus hijos ya profesionales.

CASA MATERNA

Desde que yo estaba muy niño llegó a vivir con nosotros la hermana de mi papá, Anatilde Herrera de Hernández. Su esposo había sido asesinado en la violencia del Tolima, entonces viajó desde Armero. Llegó con sus cinco hijos que se sumaron a nosotros.

Si se revisan los nombres de mis hermanos puede encontrarse que mi papá tenía una formación tal que, sin haber ido nunca a la escuela, fue muy culto para bautizarnos pues adoptó nombres como: Benhur, Galileo, Darwin, Tirsa, Beethoven, Lincoln y Sócrates. Adrubal Quiroga es nuestro hermano adoptivo de crianza, hijo de la señora Herminia Quiroga, a quien decíamos Meme, que trabajaba en la casa y a quien sentí como una mamá adoptiva.

Algún día le pregunté la razón de nuestros nombres y me dijo: “Es que Galileo defendió que la tierra se movía y lo condenaron, cuando tenía razón. Darwin habló de la evolución y corrió la misma suerte. A Sócrates le tocó tomar cicuta pues lo perseguían porque enseñaba a no creer en dioses y prefirió suicidarse antes de que lo mataran, pues, con toda seguridad, iba a ser condenado. Beethoven hizo una sinfonía que dedicó a Napoleón, quien se hizo emperador, entonces rasgó la dedicatoria pues él era republicano.

FORMACIÓN

Tenía la edad para comenzar a asistir a la escuela cuando nació mi hermano menor, Sócrates, en la casa y en medio de pirotecnia debido a la fiesta religiosa pues era el día de San Antonio.

Entonces mi papá me dijo: “Como tu mamá tiene tanta responsabilidad, tú te vas a encargar de cuidar a tu hermanito”. No entendí qué significaba eso, si cargarlo, si jugarle. De modo que Sócrates de mi mano aprendió a caminar y lo llevé al parque, pero yo no fui a la escuela.

Esto determinó muchas cosas en mi vida, como el hecho de que mi tía, que era muy buena lectora, me enseñara a leer, a escribir, a sumar, a restar, a multiplicar y a dividir, y a que declamara poemas en público.

ESCUELA

En 1956, cuando por fin llegué a la escuela urbana de varones con siete años cumplidos, era el más alto de todos, el más grueso, con manos muy grandes por el ordeño, pues, debía ordeñar las vacas y dejar alimentados a los cerdos antes de irme a estudiar. Pero también debía recoger los desperdicios de comida de los hoteles para alimentar a los cerdos y reclamar sangre de res en el matadero.

Lo hacía cruzando el parque del pueblo. Vestía pantalón corto y por unos años caminaba descalzo mientras que mis compañeritos lucían su camisa elegante pues siempre estaban bien vestidos dando vueltas y hablando babosadas.

Nadie podría pensar que tengo una psicología y una ética fundadas en las vacas. Ellas no tienen domingo, porque el día que no se les ordeñe se enferman, les da mastitis por la leche concentrada en la ubre. Para mí no había fecha especial en que no tuviera que madrugar a ordeñarlas y repetir la labor al final de la tarde, además de limpiar su excremento. Esto me dio un estilo de vida, un rigor en el trabajo.

Mi hermano mayor, que salía de fiesta con sus novias y amigos, apenas llegaba cuando yo ya me estaba levantando. Mi padre lo castigaba poniéndolo a podar el pasto, entonces él me ofrecía plata para que yo lo hiciera, pero nunca me pagó. También le llevé el almuerzo a mi padre en portacomidas.

Entonces, me volví laborioso y ese es un patrimonio invaluable para la vida. He sido disciplinado y le he dado muy buen uso al tiempo.

Mi padre se levantaba a las cinco de la mañana, pasaba por la habitación para quitarle las cobijas a sus siete hijos, se iba para el baño, volvía a la media hora y, si alguno se había vuelto a dormir, le pegaba y se iba a trabajar. Un día por semana, de modo aleatorio, regresaba para verificar que todos estuviéramos en el colegio. Al que encontrara en la cama tendría una golpiza pues había un juete muy grande de guayacán colgado en la pared, llamado el perrero, con el que nos pegaban. Esa cuestión de disciplina, trabajo, esfuerzo, es claramente de un ancestro paisa.

A mis ocho años, en el primer día de escuela, a la profesora la llamó el director entonces ella me delegó para que cuidara el salón. Fui dirigente, sapo, líder, metiche, lambón, desde el primer día de estudio hasta hoy. Conté con buenos profesores porque en el colegio había altas competencias académicas.

Como era tan grande, nadie nunca me puso una mano encima, también por mis resultados académicos con los que infundía respeto. He gozado de muy buena memoria para todo, algo innato y no trabajado. Puedo listar los jugadores de fútbol de los diferentes equipos, los músculos, huesos y nervios del cuerpo, pero también las tierras raras chinas: lantano, cerio, praseodimio, neodimio, prometio, samario, europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio y lutecio. Declamaba, leía y discutía sobre diferentes temas gracias a la lectura.

A la casa llegaba la revista Life, teníamos la enciclopedia El tesoro de la juventud y otros libros. Debo decirlo, con toda vergüenza, que no leí en ese momento por estar repitiendo las consignas de la Iglesia, luego repetí lo del sindicalismo, más adelante los discursos de la izquierda, hasta descubrir que debía tomar distancia y pensar por mí mismo. Mi papá me puso los libros y yo los ignoré.

Mi gran falencia fue no haber hecho una lectura de los libros infantiles, no leí a los hermanos Grimm niLas mil y una noches, por estar repitiendo como loro las cosas de la Iglesia.

Uno de mis vecinos estudiaba en la escuela, pero no le iba muy bien y no tenía mayores inquietudes intelectuales, tampoco hacía las tareas, pero llevaba unos refrigerios de no olvidar: arepas rellenas, huevo perico, almojábanas exquisitas. Y los compartía conmigo a cambio de hacerle los trabajos.

Pero también me enfermé, sufrí la crisis asiática, una fiebre muy alta que me postró quince días en cama y me atrasó en la escuela. Durante este tiempo escuché a diario la misma canción: “Por el camino verde, camino verde, que va a la Ermita”. Esto me hizo sentir muy triste al considerar la posibilidad de la muerte a edad temprana.

A mis quince años se presentó un incidente muy desagradable en el colegio después de un partido de fútbol del que fui portero. Tapé un penalti que cobró un tipo de muy malas calidades humanas, entonces todos lo silbaron por matón, prepotente, abusador. Me convertí en el símbolo de represión para él. Llegamos al salón a cambiarnos cuando, de manera intempestiva, entró golpeando uno a uno de los jugadores hasta llegar ante mí, se detuvo y no me tocó.  Me convertí en símbolo de la defensa contra la violencia del abusador. Ahí entendí muchas cosas, quizás que infundo algún respeto en los otros.

Participé en cuanta actividad me fue posible, desde danzas, oratoria, teatro, coro, lo que me dio unas competencias blandas de comunicación que más que la economía, la filosofía o el conocimiento, me han ayudado a diferenciarme del resto. Fui un actor social del pueblo y, como si fuera poco, hice escuela de liderazgo donde aprendí a hablar en público y a hacer conferencias.

SU TÍA Y LA INFLUENCIA CLERICAL

Mi tía me invitaba a misa desde que yo tenía seis años y su influencia fue importante pues me llevaba también a visitar ancianatos, hospitales y jardines infantiles para ayudar a los pobres.

Cuando mi padre vio esto me dijo: “No se meta con la Iglesia, pues ella ha quemado a los científicos, es enemiga del desarrollo y combate la ciencia”. Me insistió, pero yo continué en ella, y se me planteó una disyuntiva muy compleja desde muy chiquito cuando no tenía sentido de percepción de las tendencias mundiales.

Ocurrió que la influencia de mi tía terminó siendo en mí una cosa filantrópica, pues hice escuela de líderes cristianos de la Central Católica de Juventudes, ubicada en La Capilla, Cundinamarca, donde aprendí a hablar en público, a hacer campamentos y misiones, trabajos en grupo, a usar el tablero.

Cosa nefasta de esto es que la Iglesia es castradora, limita en muchas cosas, obliga a pensar de determinada manera, a repetir un dogma. La vida me enseñó que todo es diferente, pero las competencias blandas, de comunicarme, de interactuar socialmente, las desarrollé desde entonces.

Terminé echado de la Iglesia y peleado con ella cuando comencé a pensar diferente. Aquí aparece nuevamente la voz de mi padre, quien me había dicho uno de sus principios clave: “Estudia, y hazlo siempre”. Me hizo aprender un poema que dice: “Estudia y no serás cuando crecido ni el juguete vulgar de las pasiones ni el esclavo servil de los tiranos”.

Hoy puedo decir que, la pasión por el estudio y las ideas es herencia de mi padre, y lo referido a la socialización, de mi tía. Mi hermano mayor, Darwin, me dijo: “Nunca olvide que su forma de ser está más influenciada por su tía que por cualquier otra persona”.

CENTRAL CATÓLICA DE JUVENTUDES – MOVIMIENTO DE JÓVENES CRISTIANOS

Alguna vez caminaba yo con el portacomida cuando vi a un sacerdote en las escalinatas de la Iglesia. Medía 1.95 de alto y le faltaba una mano. Era el padre Aníbal García Moya, compañero de seminario de Camilo Torres, quien acababa de llegar al pueblo.

Me hizo acercar para decirme: “Dios te llama”. Me explicó que había orado para aclarar la manera de elegir a un favorecido para adelantar un curso, y el que pasara, ese sería.

Le dije que seguramente no me autorizarían por mis responsabilidades en la casa y porque mis padres, al mes siguiente, cumplirían sus bodas de plata. El padre fue hasta la casa y se ofreció a reemplazarme en la celebración a fin de convencerlos.

Entonces, en la escuela de líderes, inicié cursos que tomé durante las vacaciones del colegio en cuarto, quinto y sexto bachillerato. Compartí con gente de doce países en La Capilla, que tenía cinco piscinas y guayabos, en la vereda de Cachipay.

Tuve como profesores a José Galat, quien después fue rector de la Universidad Gran Colombia; Carlos Corsi y Fernando Urbina de la Nacional; Sven Zethelius, posteriormente rector de la Salle. Dirigidos por el padre Luis María Fernández. Todos de derecha, religiosos, clericales.

Hacíamos excursiones, debatíamos en grupo, recibíamos conferencias de las que yo tomaba notas. Como académico soy el resultado, además, de lo que aprendí en estos cursos. Aprendí a liderar procesos, coordinar grupos, exponer y explicar técnicamente.

FORMACIÓN UNIVERSITARIA

Estaba escrito en mi mente con plomo por mi padre que tenía que estudiar. Mi padre fue un hombre práctico y proyectó que cada uno de nosotros estudiáramos cosas técnicas como carpintería, mecánica, electricidad. Pero mi mamá dijo: “¡De ninguna forma! Mis hijos serán profesionales”.

Mi hermano mayor estudió ingeniería en Manizales; el segundo, agronomía en Ibagué; el tercero, electrónica en los Estados Unidos; Tirsa bacteriología en Bogotá.

Quedarme en el pueblo me habría frustrado, aunque no tenía recursos para pagar la universidad ni tampoco familia en Bogotá, viajé gracias a la comunidad religiosa.

BOGOTÁ

Hace diez años leí la crónica de Gabo cuando viajó a Bogotá. Menciona que llegó en el tren de la Sabana, con una maleta vieja, a una ciudad de gente toda vestida de negro y paraguas. No se veían señoras en la calle. Todo era oscuro y frío. Durmiendo en Zipaquirá pensó que les ponían hielo a las sábanas.

Esto me recordó mi experiencia cuando viví en la Central Católica de Juventudes, en una ciudad más fría de lo que es ahora, donde el cachaco típico era más dominante porque hoy se ve mucha más gente de provincia.

Asistí al teatro de la Candelaria con Santiago García, también a los conciertos de Joan Manuel Serrat y Mercedes Sosa. La música protesta y el teatro me ambientaron para estudiar a Marx, sociología, la historia de Colombia y sus problemas políticos.

La ciudad me amarró al punto de que, pudiendo vivir fuera, no puedo superar la adicción a estar en ella.

CASA CATÓLICA

Ya graduado estudié filosofía por tres años en el Seminario de Valmaría de Usaquén, regentado por los padres eudistas, congregación a la cual pertenecía el padre Rafael García Herreros y donde me brindaron alojamiento, alimentación y estudio. Estaba dirigida por un sacerdote, pero con algunos estudiantes laicos.

El hacerme sentar días enteros a leer, lo que no hice en la infancia, me permitió ponerme al día en lo que tenía pendiente en lecturas para mi vida. Expandí mi capacidad analítica gracias a libros de inmensa dimensión.

Pero también estuve privado de socializar, se daban meses de retiro en los que debíamos meditar, leer y cultivar el silencio. En el jardín me robaba las guayabas y duraznos mientras fingía que meditaba.

Con mucho trabajo obtuve permisos para ir los domingos al Campín y a cine y se volvieron una afición compulsiva.

Me integré al movimiento de jóvenes en un colegio que era de izquierda revolucionaria. Hice parte, desde mis dieciséis hasta mis veintiún años, de un grupito amigo del cura y del rector. Entrábamos a clase en época de huelgas.

El haber sido estudiante que se oponía a ellas me obligó a ser muy firme en mis convicciones. No cambié de opinión porque los otros fueran mayoría, porque yo era de derecha, católico, militante, sapo de los directivos y saboteador de huelgas.

Con los años me pasé al otro bando, el de los sindicatos, campesinos, el de las marchas, el de los estudiantes de universidades públicas, porque, cuando evalué la situación, me di cuenta de que, quienes buscaban cambios, tenían la razón, y que defender a la Iglesia era gratuito, intrascendente e inocuo.

Me perdí de participar de París en mayo del 68, los Beatles, Juan XXIII, el movimiento mundial de cambio de mitad de siglo pues estaba encerrado leyendo. Era muy joven, tenía veintitrés años, pero, sobre todo, me habían castrado el sentido del cambio y de la innovación.

Lo que cuenta Umberto Eco en el libro El hombre de la Rosa, es pálido frente a la realidad de lo que es llevar una vida monástica. Las competencias y las hipocresías son tan terribles y se convierten en un lastre cuando lo que yo quería era volar, viajar. La limitación a la libertad para mí es inaceptable.

PREDICADOR

Una vez graduado del colegio supe que el mundo existía cuando me fui a viajar por cien países para predicar el reino de Dios, siendo un joven laico.

En mi casa comíamos yuca, arroz y una carne diminuta, pero cuando llegué a Argentina me sirvieron bife de chorizo de dos libras y me devolvieron con la mandíbula suelta, no podía masticar más. Me impregné del tango, del fútbol, de sus calles.

Luego estuve en Chile en la época de Allende. Más adelante en México donde visité sus museos y estudié su antropología. Volví a Colombia, en el año 71, a seguir estudiando.

UNIVERSIDAD JAVERIANA

Comencé a estudiar Historia en la Universidad Javeriana cuando el rector era el padre Borrero, pero manejada por el padre Giraldo.

Aquí me encontré con una explosión de inquietudes, de pensamientos, de corrientes, de personajes como Noemí Sanín, Carlos Vicente de Roux, Gustavo Gallón, Mauricio Cabrera, Archila, Rafael Colmenares, con quienes pasé noches enteras hablando de marxismo y sociología.

Pero también me encontré con la obra del pensador Pierre Teilhard de Chardin quien, siendo jesuita, abordó la teoría de la evolución como válida. Lo expulsaron de la cátedra y la Compañía de Jesús le impidió enseñar en la Universidad de Paris, debió exiliarse en los Estados Unidos, donde murió. Cuando conocí su historia prometí visitar su tumba para rendirle homenaje, lo cual ya hice. Mi padre me había advertido, entonces supe que tenía razón.

Era la época de Pastrana Borrero en la que se daban muchas asambleas. La Iglesia apoyó su programa de control natal con el que no estuve de acuerdo. También lo apoyó en el fraude electoral con el que llegó al poder en contra de Rojas Pinilla, a quien yo seguía. El padre Giraldo decía que él nombraba el gobierno de Pastrana pues los ministros habían sido sus alumnos.

Chocaba la generación de estos sacerdotes viejos con una gente joven rebelde insurgente, como el propio sobrino del rector. Actualmente tiene un tono social que no tenía hace cincuenta años.

Tuve profesores españoles que nos brindaron una educación poco rigurosa, leían sentados sus fichas, pero nos llevaban a museos. Se oían las voces de la revolución y yo ya venía picado por los temas de la injusticia social.

Hice mi transición a la izquierda a través de la ANAPO. Por un tiempo viví con los indígenas de los Llanos y fundé escuelas sindicales. Esto fue así cuando me di cuenta de que la Iglesia se oponía a los cambios y que había atacado a Camilo Torres. Entonces giré hacia una visión social del mundo.

Al seminario religioso le debo la disciplina de estudio por la filosofía, a la Javeriana la posibilidad de cambiar el mundo desde las discusiones en asambleas contra el padre Giraldo y mi pasión por la historia, la misma que no he dejado de estudiar.

Cuando me di cuenta de que no sabía economía, que es la que maneja el mundo, y que no podría pretender tener impacto sin conocerla, decidí estudiarla en la Nacional.

UNIVERSIDAD NACIONAL

Estudié economía en la Universidad Nacional desde el año 72 al 79 cuando su rector era Luis Duque Gómez, arqueólogo pastranista. Para lograrlo viví en residencias estudiantiles mientras dictaba clases nocturnas en la Jiménez con décima a adultos mayores para preparación del ICFES, también en colegios de secundaria a diez pesos la hora donde enseñé geografía y lenguaje.

Viví en Boulevard Niza, trabajé en el INEM de Kennedy y estudié en la Universidad desplazándome en transporte público.

En la Nacional llegué al mundo de las marchas, de las asambleas, de las protestas, de lo social. Estuvo cerrada veinticinco meses en tres años. Viví esta experiencia de manera muy intensa, pero nunca fui líder porque he preferido ser el instigador, el asesor, el que opina, el que empuja gente, el que consultan.

Finalmente encontré mi labor como docente de Economía a la que me he dedicado desde entonces.

EXPERIENCIA DOCENTE

Fui echado de cinco universidades en calidad de docente. De la Gran Colombia por apoyar un sindicato que denunciaba, con nombres y evidencia contundente, el abuso sexual de maestros a cambio de calificación. De la Central cuando un profesor pidió aumento y lo hirieron con un teléfono, porque fui a defenderlo. De la Tadeo cuando me llamó el decano para que reprobara a un estudiante que era el mejor de la clase, argumentando que había hecho una huelga; le dije que lo echara por eso sin rajarlo. Le puse cinco y me echaron a mí.

Se trata del hijo de Apolinar Díaz Callejas, primo de Wilson Borja, quien luego fue ministro de Salud de Barco, secretario de Salud de Lucho Garzón en Bogotá, jefe de sustitución de cultivos ilícitos del presidente Juan Manuel Santos. Y no lo graduaron. Porque preferí siempre que me echaran, a ser arbitrario. Este es mi aporte a la sociedad.

UNIVERSIDAD EXTERNADO DE COLOMBIA

Estaba en el asfalto en el año 77 cuando recibí una llamada del Externado para invitarme a enseñar Historia en la Facultad de Hotelería. Cuando les dije que la gente no iba a querer leer, me respondieron que eso dependía de mi método. Me sentí retado.

Luego enseñé en la Facultad de Economía y fui cofundador de la Facultad de Finanzas. Hoy cuento cuarenta y cuatro años de vinculación.

EL ACADÉMICO

Lo más importante para mí no han sido mis viajes ni mis conferencias ni mis títulos, sino la cantidad de gente que me consulta, mi calidad de docente.

Quienes me conocen dicen que yo vivo más de ser profesor, quien comunica diferente, y no como el economista que sabe de su materia. Uso el tablero, hago chistes, canto canciones, hago mapas visuales, todo esto gracias a la experiencia de socializar que tuve desde niño acompañando a mi tía.

PREMIO AL MEJOR MAESTRO

Fui postulado por la Universidad Nacional a mejor maestro universitario. Al momento de recibirlo leí que estaba inscrito el nombre de la Universidad Nacional omitiendo el de la Universidad Externado, entonces manifesté que no podía aceptarlo, que me daba por ganador y que buscaran a otro maestro.

Les expliqué que había sido maestro de la Nacional después de haberlo sido del Externado. Fernando Hinestrosa me aceptó como profesor cuando fui despedido de la Universidad Jorge Tadeo Lozano por negarme a reprobar al alumno Eduardo Díaz Uribe, hijo de Apolinar Díaz Callejas.

En el Externado respetaron siempre mis ideas y no me dijeron nunca qué tenía que enseñar. Y porque pude trabajar en la Nacional gracias a mi experiencia y vinculación precisamente con el Externado. Entonces inscribieron el nombre de la Universidad, cosa que Hinestrosa siempre me reconoció como una muestra de lealtad.

Recuerdo que entré a la encuesta de la gente que opinó. Me encontré con que nadie dijo que yo sabía economía, quizás creen que yo no sé o no les importa. Tampoco nadie dijo que yo enseñara bien, quizás creen que enseño mal o no les importa. Lo que sí dijeron fue que yo respondo correos, corrijo textos, presto libros, motivo a leer y a escribir, aconsejo en cómo tratar a la gente y en cómo hablar en público.

Hice un sondeo en la Nacional en el que pregunté a los alumnos si creían que los profesores realmente leían los trabajos y el 80% coincidió en que recibe una calificación sin que el profesor lea siquiera, mucho menos comenta o recomienda algo.

En mi caso, ayudo a escoger el tema, hago una recomendación y presto mis libros así el 10% no los devuelva. Porque llegaba a clase con dos maletas llenas de libros de mi biblioteca, las ponía en la mesa y les permitía escoger de acuerdo con su tema.

También he preguntado cuántos profesores se dedican a leer láminas en clase. Yo me sirvo de algunos mapas, pero usualmente construyo las gráficas delante de los alumnos y sin apoyo alguno. Porque me preparo, me esfuerzo, me entrego a la clase.

Así mismo he preguntado si les ha pasado que el profesor les califica bien si repiten lo de clase, mal si critican y reprueba a quien se rebela. Ya conocemos la respuesta.

Me gusta ayudar en la construcción del proyecto de vida de otros, a diferencia de lo que viví con maestros que hablaban de sí mismos, que obligaban a pensar como ellos, que no dejaban preguntar. Me esforcé por hacer lo contrario y los alumnos dirán si ha sido útil o no.

Me he servido del color para transmitir mi mensaje. Uso los marcadores sobre el tablero blanco para representar todo cuanto necesito. Lo aprendí en la formación de líderes católicos que tuve con los sacerdotes. En filosofía aprendí a visualizar los conocimientos para que queden grabados, que el movimiento y los conjuntos son muy importantes.

Esto me valió el que alguna vez el profesor Jorge Bula, decano de la Facultad de Ciencias Económicas de la Nacional, me propuso que grabáramos mis clases como profesor referente antes de mi jubilación para futuros alumnos.

Podría decirse que es la competencia “diagramal” que me ha sido muy útil dado que no vocalizo bien y hablo muy rápido. El poder visualizar la idea me obliga a ir lento y a plasmar en gráficas el mensaje que es complejo y que de otra forma no se podría transmitir.

Estando en Washington en un evento del Banco Mundial del que sería expositor, se me acercó quien sería mi traductora, una rusa. Me pidió que hablara despacio, entonces hablé lo más lento que pude. En la pausa del café me insistió en lo mismo cuando yo había hecho el intento, me sentí miserable, descalificado. Entonces le respondí: “Sabe qué, señora, es que yo hablo como pienso”. Me contestó: “¿Cómo, enredado?”.

De modo que, ante la dificultad para modular bien, he desarrollado la habilidad de contar fábulas, anécdotas, citar la biblia al lado de Marx, recontar las historias de mis innumerables viajes por el mundo.

Han pasado sesenta y cinco años desde que mi amigo del colegio, José Vicente López, negoció su refrigerio por la tarea, y me siguen buscando para algo. Por consejo, para que les preste libros, por opinión, por plata, para ayudarles a tomar decisiones de estudio, de viajes, de oportunidad, por cartas de recomendación, para ser asistentes de clase.

He afrontado casos dramáticos. Algún día me llamó un alumno para decirme que se iba a suicidar porque había llegado a la casa y encontrado a la esposa con uno de sus amigos en la cama. Le pedí que me esperara, me puse un abrigo encima de la pijama, manejé hasta su casa y lo acompañé toda la noche. Cuando amaneció, fue al psicólogo y no se mató.

Hace dos años, me dijo un joven de Santa Marta que cuidaba mi apartamento que tenía líos con su esposa. Pensé que era una pelea más, pero se quitó la vida.

También he aconsejado políticos como Claudia López, Iván Duque, Felipe Córdoba, al ministro Sergio Díaz Granados, a la canciller María Consuelo Araújo. No me importa cuál sea su partido ni su ideología política, a todos los atiendo, lo que no significa que todos sigan mi consejo.

LA CÁRCEL

Estuve preso por un día. En el año 79, participé de un comité de derechos humanos con el maestro Gerardo Molina, Apolinar Díaz Callejas, Diego Montaña Cuéllar, un grupo de ancianos.

Este comité decidió apoyar un proceso en Nicaragua donde viajé a alfabetizar. En un segundo viaje programé visitar también Cuba y otros países del Caribe con gobiernos de derecha y de izquierda. Me recomendaron tramitar otro pasaporte y viajar con dos distintos pues había conflictos políticos.

Cuando llegué al aeropuerto, en inmigración revisaron listados y datos hasta decidir llevarme a una oficina. En ese momento se presentó un alumno que trabajaba en el DAS que me recomendó entregarle mis cosas para que no me enredaran.

Fui interrogado por horas. En el momento en que el funcionario se retiró por unos minutos revisé el libro y me di cuenta de que estaba en una lista enviada por el cónsul de Nicaragua en Colombia.

Al día siguiente hice unas llamadas y los miembros del comité se movilizaron hasta lograr liberarme. De inmediato fui a la casa del cónsul, no me recibió. A los pocos días desertó, pues si bien era diplomático del gobierno sandinista, trabajaba de manera camuflada con la contrarrevolución y al ser descubierto desertó y huyó a España.

POSDOCTORADO EN COLUMBIA

Con el tiempo sentí que me estaba rezagando académicamente. A mis treinta y cuatro años no tenía maestría, entonces viajé a México del 84 al 86. Regresé al país para trabajar como docente por los siguientes diez años. Cuando observé que tenía monitores con doctorado, sentí la obligación de adelantar uno porque la competencia pedagógica funciona con títulos, publicaciones y estándares muy precisos.

Viajé a Paris donde adelanté estudios políticos que culminé a mis cincuenta y cuatro años en el 2002. Con los cambios que se han dado en temas económicos como el surgimiento de las criptomonedas, decidí concentrarme en este estudio y su impacto en Latinoamérica como tema de mi posdoctorado en Columbia.

PERSONAJES EN SU VIDA

Soy el asesor laboral y sindical que ha dedicado su vida solo a defender ese bando y nunca a un gobierno ni a los empresarios, pese a interactuar con ellos.

JAIME GARZÓN

Jaime Garzón, mi alumno, es de lejos el personaje con el que más me identifico en lo social.

Llegó a mi clase a imitar voces y gestos, porque se burlaba de las personas y no del establecimiento, criticaba a los individuos y no a la sociedad, ridiculizaba los defectos de la gente y no los sistemas opresivos.

En mi clase entendió que había injusticias sistémicas, falta de democracia y se convirtió en un actor social muy relevante con una crítica muy fuerte. Por supuesto, no solo lo influí yo. Formulaba preguntas geniales, lo acompañaron siempre la ironía y la burla.

Conformamos el grupo Rotundo Vagabundo, Jaime Garzón, Juan Tokatlian, Francesco Ambrossi y su esposa María Teresa Penazzo, Hernando Corral periodista de El Tiempo, Semana y Alternativa, Myriam Bautista, Humberto Vergara Portela y su esposa Irma, Alonso Ojeda Awad, embajador en Hungría, y su esposa Gloria Amparo Acosta, Alberto Rodríguez y Laura Vitale, Carlos Londoño mi paisano y su esposa Gladys Becerra, sus hijos Nicola, Paola, Daniela, Juana, Laura, Pedro y Tata. En ese grupo Jaime Garzón no era el centro pues estaba muy jovencito: de Tokatlian, Ambrossi y de mí no se burlaba.

Algún día me llamó a consultarme: “Me han ofrecido quitarme la caja de dientes para hacer de lustrabotas”. Y no lo vas a hacer, te verías horrible, además eres abogado, le dije. Decidió hacerlo para burlarse de los militares y de los políticos, llamar corruptos a los parlamentarios y, cuando lustraba los zapatos de un senador, le preguntaba si no le daba miedo que lo robaran en el Senado.

Pero también me llamó a despedirse: “Me van a matar mañana”. Le dije: “Asílate”. Me contestó: “No lo voy a hacer. Compré una camisa blanca para recibir mi muerte”. Al día siguiente fui con su esposa por el cadáver.

Sabía que lo iban a matar porque Piedad Córdoba, cuando estuvo secuestrada por Carlos Castaño se enteró que tenía una grabación de todo lo que se hablaba en su casa, y le contó. Él invitaba a Serrano, al embajador Myles Frechette, a Noemí, a Navarro, para hablar de paz mientras fingía cocinar y mientras eran grabados.

El argumento que presentaron muchos fue que molestó al prestarse a llevar cartas y medicinas a los secuestrados, también plata, y traía a los liberados. Esta, consideraban, era una acción funcional que alimentaba el secuestro.

Es una forma de verlo respetable, pero infame. Jaime era una persona absolutamente generosa. Un periodista publicó en Semana que él cobraba por hacer esto, y miente. Es posible que se equivocara porque, en vez de ser mensajero, pudo combatir el secuestro, pero no hizo de esta misión humanitaria un negocio.

En un programa de RCN dejó claro que consideraba al secuestro una infamia. La guerrilla pervirtió su mensaje y su lucha al usar métodos como el secuestro, reclutar menores, volar oleoductos. Y Garzón se los dijo como nunca nadie antes lo había hecho, ni tampoco después. Se burlaba de la gente de derecha, pero también de izquierda, y lo vendieron como un guerrillero sin serlo.

Si bien lo hizo con un sentido absolutamente humanitario, el problema radica en que estábamos viviendo una época muy difícil de la historia del país. Creo que cometió un error de valoración al pensar que la fama lo protegería contra la muerte, quizás calculó que ese prestigio lo haría intocable como le ocurrió también a Rafael Orozco, del Binomio de Oro. La infamia no tiene límites.

Cuando murió, los lustrabotas se sintieron dolidos sin que él fuera uno de ellos, pero se identificaban.

En la televisión colombiana uno solo encuentra, en Sábados Felices, al profesor Salustiano interpretado por el papá de Néstor Humberto Martínez, Humberto Martínez Salcedo, quien usualmente hacía burlas a los políticos corruptos. Pero Jaime fue demoledor en temas de derechos humanos.

Tampoco soportó ciertos comportamientos sociales de gente amiga del poder. Así, cuando imitaba a Darío Arismendi o a Plinio Apuleyo Mendoza, o a ineptos como Noemí Sanín, lo hacía con tal deseo de dejarlos en ridículo que los ponía en caricatura. Se burló de Samper y de Gaviria, de Pastrana y de Serpa. De todos sin excepción. Porque no fue un humorista al servicio de un partido político pues para todos había crítica, pero el establecimiento no estaba preparado para eso.

CLAUDIA LÓPEZ

Quién se imagina tener a una alumna como Claudia López hace treinta años en seis materias de la Universidad y siendo militante del M – 19. Para ese momento estaba comprometida con el movimiento de jóvenes que impulsaban la Séptima Papeleta que condujo a la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente.

Era una bomba explosiva permanente. Tenía tal combatividad, ya había estado en las listas de una papeleta, con una garra y un coraje muy grande, quizás un poco desaforado.

Todo lo que hace y dice tiene la impronta de su origen. Porque nació en Ciudad Bolívar e hizo un PHD en Chicago. Porque Claudia tiene maestría en Columbia de Nueva York y doctorado en Chicago. Ese periplo tiene un inmenso mérito y todo el derecho a reivindicarla por más que moleste a tantos.

Al no tener una figura paterna, ha encontrado muchas en el camino. Ha dicho en modo simbólico, en forma de discurso, en broma que me considera una figura paterna. La he acompañado en sus cumpleaños, ha cocinado para mí en Navidad, como símbolo de un tutor, un protector. Quizás Mockus en algún momento ha ejercido ese papel también.

Ha tenido una posición muy crítica. Alguna vez en clase me dijo delante de todos: “Beethoven, ese chiste ya lo contó, no lo repita”. Se refirió así a mí, un viejito regañón, un anciano de la tribu considerado patriarca.

Nunca le impedí expresarse y me veía en ella como en un espejo, pues ya había pagado ese precio, entonces la defendí siempre que pude. Pero ella no requiere defensa.

Como yo, Claudia hace uso del tablero y los marcadores, ahora también de la tecnología, para explicarse en las entrevistas, como la que le ofreció a Yamid Amat en su programa. Demuestra que entiende los temas, que no usa telepronter y lo hace con mucha suficiencia.

He de decir que se pasa cuando regaña en público al jefe de seguridad del Distrito, cuando inaugura el alumbrado navideño con tanta gente, también se le fue la lengua con los venezolanos. Considero una ligereza de juicio el tomar la decisión de irse de vacaciones cuando llegaba el segundo pico de la pandemia, lo cual fe muy criticado y tuvo que interrumpir sus vacaciones y regresar a enfrentar la difícil situación. Pero seres perfectos no hay, sí con mucho mérito como el que tiene ella.

VIAJES

Recuerdo que cuando ordeñaba vacas soñaba con viajar, y lo he logrado.

Acababa de llegar a México y, al cruzar la calle, escuché una voz que me dijo: “Beethoven, ¿qué hace aquí?”. Entre veinte millones de personas me encontré a Gerardo Castillo a quien había conocido en la Fundación Friedrich Ebert de Alemania – Fescol en Colombia, ILDIS en Costa Rica. Este encuentro me llevó a viajar por treinta y cinco países asesorando sindicatos.

La emoción más fuerte que sentí al salir del país fue el ver que un día el sol llegara a las once de la mañana y se fuera a las cuatro de la tarde. O como en San Petersburgo la noche en que el sol no se ocultó y todo se refleja blanco. Aún hoy no lo asimilo porque mi sol sale a las seis de la mañana y se oculta a las seis de la tarde, sin falta, a diario.

Ver la caída de un copo de nieve en una Navidad en Nueva York, contemplarlo, recogerlo, disfrutarlo. Pero cuando fui a caminar, la nieve se había consolidado y no pude hacerlo, me caí tantas veces que fue frustrante. Terminé gateando en la Casa Blanca. Por esto prefiero ir a Suramérica en diciembre y subir en junio.

La gastronomía me ha impactado. Ver servir iguana en la Costa Caribe, tortuga en la Guajira, perro en Corea y culebra en China.

Alguna vez en un almuerzo en París me sirvieron tanto vino que me fue imposible dictar la clase que venía a continuación. En una pizzería en Florencia pedí una Hawaiana y me sacaron del lugar. En la Plaza San Marcos de Venecia busqué lo más barato, una piza de mil liras; cuando fui a pagar me cobraron cinco mil por haber usado cubiertos y por haberme sentado a la mesa.

Hacer una inmersión en tantas culturas tan distintas tiene su ciencia.

MOMENTO ACTUAL

Actualmente hago mi rutina de meditación, ejercicio, deporte para luego sentarme a trabajar en el computador. Paso parte importante de mi tiempo en la Costa donde interactúo con gente del Caribe con otra lógica de la vida, que es sin prisa: la gente puede quedarse todo el domingo en la cama o hacer fiestas de tres días seguidos.

POESÍA DANZA TEATRO

A los seis años mi papá me enfrentó a un público para declamar con lo que aprendí control emocional, manejo de la voz y a ejercitar la memoria.

A mis diez años vi un circo que presentaba obras de teatro, lo que llamó poderosamente mi atención. Me acerqué a la tarima, corrí el telón y vi el caos al interior, lo que me dio una dimensión distinta de las cosas. Decidí que me dedicaría a mostrar esta mirada en mis libros, en mis artículos y en mis conferencias.

También hice parte de un grupo de danza que me ayudó a aprender sobre el manejo del cuerpo y a dominar el escenario.

TRABAJO SOCIAL

Con mi papá y con mi tía aprendí a descubrir la importancia por ayudar al prójimo. Desde niño me llevó a visitar la cárcel, el ancianato y otros lugares a los que llevábamos comida a los enfermos.

El haber enseñado a campesinos, sacerdotes, monjas, me ha dado interlocución entre grupos de oposición.

PRENSA

Por una razón simplemente casual terminé vinculado al periódico económico Portafolio, cuando nació como un semanario.

Silverio Gómez Carmona, actual director de la oficina de Procolombia en Madrid, además de ser mi paisano fue mi colega en la Universidad Nacional en la carrera de economía e hicimos juntos una tesis de grado sobre el café, dirigida por el gran profesor Absalón Machado.

Hace ya mas de un cuarto de siglo, Silverio me invitó a conversar y me mostró los bocetos del diseño que pensaban darle al nuevo periódico: yo, que no tenía ninguna experiencia en prensa, le dí algunas opiniones desde la perspectiva económica y pedagógica y luego fui invitado a participar como columnista, honrosa actividad que desempeño hasta este momento.

Como yo no tenía ninguna formación en periodismo, la primera columna que envié tenía siete páginas, por lo cual no cabía en el espacio asignado por el periódico. De modo que, poco a poco y aprendiendo sobre la marcha, me fui ocupando sobre todo de temas internacionales pues en ese entonces era un área poco atendida en los medios de comunicación masiva.

He buscado abordar temas diferentes, que no suelen ser atendidos por el resto de columnistas, he procurado darle un contexto histórico y un fondo teórico a cada uno de mis artículos muy a pesar de las obvias limitaciones del espacio en prensa.

En general, los lectores me han tratado con consideración salvo en un caso en que un dirigente gremial protestó por mis opiniones acerca de su gestión y la corrección de un lector cuando cometí un error técnico al abordar el tema de los biocombustibles.

El compromiso de escribir cada semana, la búsqueda de un tema nuevo e interesante y el rigor para brindar el soporte empírico a cada afirmación, han exigido una férrea disciplina, la cual me ha obligado a estar permanentemente con la mirada atenta a los procesos de Colombia y el mundo.

RADIO

Cuando la Universidad Nacional abrió su emisora creó espacios para que diversos profesores e investigadores, de todas las facultades y centros de investigación, presentaran sus trabajos en un ambiente de alto rigor intelectual, sin las limitaciones de tiempo que operan en las emisoras comerciales y con el compromiso de mantener un rigor del máximo nivel, pues se sabe con certeza que se está hablando a un público de altas calidades intelectuales y gran sentido crítico.

Recientemente he sido invitado cordialmente por la periodista Diana Calderón al programa Hora 20 de Caracol Radio, para participar en debates muy animados sobre temas de actualidad, siempre al lado de dirigentes gremiales, dirigentes políticos, funcionarios públicos y legisladores.

Dada la alta calificación y la calidad de enfoques, se requiere el máximo rigor en medio de la premura que exige el tiempo al aire y dada la amplia audiencia que escucha este programa. Se trata de transmitir ideas complejas en un lenguaje sencillo, por ello ha sido un verdadero reto, por cierto, muy motivante y atractivo.

MUNDO SINDICAL

Mi trabajo en el mundo laboral.

Con el interés de aplicar mi experiencia pedagógica a la formación de líderes sindicales y sociales, desde muy joven promoví talleres, seminarios y cursillos con campesinos, indígenas, empleados y maestros; y todo ello culminó en la creación de la Escuela Nacional Sindical. Con el paso del tiempo dicha escuela sindical se convirtió en el principal referente en la realización de estudios, asesoramiento a los sindicatos en la negociación colectiva, inclusive es hoy conocido como un referente consultado desde el exterior.

Gracias a esa experiencia laboral, trabajé largo tiempo como consultor externo y después como funcionario de planta de la Organización Internacional del Trabajo: el ejercicio de concertación tripartita y de elaboración consensuada de documentos, ha sido sin duda alguna una experiencia difícil y aleccionadora.

ACADEMIA COLOMBIANA DE CIENCIAS ECONÓMICAS

Tras ser admitido como Miembro Correspondiente y haber sido promovido luego a Miembro de Número por la Academia Colombiana de Ciencias Económicas ACCE, llegué a ejercer la presidencia en el año 2019 tras la renuncia del académico Julio Silva Colmenares.

El desempeño esa alta responsabilidad, buscando garantizar el respeto a la diversidad de opiniones, una gestión organizativa responsable y la representación de dicha entidad en el Colegio Máxima de las Academias, ha sido, sin duda alguna, la más alta responsabilidad que la vida me ha conferido.

AGREMIACIONES DE ECONOMÍA

Las facultades de economía de Colombia están agremiadas en la asociación Afadeco y por encargo de dicha entidad tuve la honrosa tarea de coordinar el diseño del Examen de Calidad para la Educación Superior – Ecaes, el cual debe presentar todo estudiante que aspire a graduarse como profesional, y actualmente es conocida como exámen Saber-Pro.

Respecto de la teoría y la política económica existen corrientes, unas más favorables a la liberación del mercado y otras que reconocen la necesidad de la acción reguladora del Estado para garantizar la competencia, proteger la sostenibilidad ambiental, la calidad de los servicios públicos y su suficiente cobertura.

Con el paso de los tiempos los profesionales y los docentes se han ido alinderando en unas sectas o iglesias que tienen dogmas indiscutibles, profetas y la descalificación a priori de quienes piensan diferente. Por esa razón, la conducción de un proceso como el diseño de las pruebas Ecaes que involucró profesores de todo el país, implicó una práctica de la tolerancia, un ejercicio de moderación, con un resultado muy positivo.

Por su parte, los estudiantes de economía crearon hace más de tres décadas su federación, FENADECO, la cual organiza anualmente olimpiadas de conocimiento, concurso de ponencias y congresos nacionales de gran cobertura. Haber sido designado miembro honorario de dicha Federación ha sido algo muy honroso, muestra la importancia que tiene para los profesores la interacción con los jóvenes.

De otra parte, en el proceso de aseguramiento de la calidad de la educación superior en Colombia se ha establecido el registro calificado de los programas y la acreditación de carreras e instituciones universitarias.

El Consejo Nacional de Acreditación – CNA ha elaborado los protocolos y realiza las visitas a las universidades. Haber sido designado como par evaluador en los procesos de acreditación de las carreras de economía en las universidades Javeriana de Cali, Libre de Pereira, Antioquia, EAFIT y Bolivariana de Medellín y Jorge Tadeo de Bogotá, ha sido un ejercicio muy exigente de interlocución garantizando el respeto a la identidad de cada universidad y a su vez brindando apoyo.

CARGOS PÚBLICOS

Quisiera morirme virgen de la participación en cargos públicos, pero tengo grandes amigos y otros conocidos que respeto profundamente que sí han pasado por ellos, como Antonio Hernández Gamarra, Carlos Caballero Argáez; el presidente Iván Duque Márquez, el contralor general de la República Carlos Felipe Córdoba, ministros como Sergio Díaz Granados, Ángela María Orozco, Jonathan Malagón; el director Nacional de Planeación Luis Alberto Rodríguez Ospino; parlamentarios como David Barguil, David Racero, Alfredo de Luque, Wilson Arias;  y múltiples gobernadores, alcaldes, diputados y demás. Prefiero hacer parte de la tertulia de interlocución samaria que tenemos hace ya varios años y que nos enriquece.

ASESOR ENTIDADES DEL ESTADO

Durante su gestión como gobernador de Cundinamarca, fui invitado por Andrés González Díaz, para apoyar la elaboración y acompañamiento en proyectos productivos en el departamento y eso me permitió acercarme a un mejor conocimiento de las realidades económicas de dicho departamento.

Al llegar a la alcaldía de la capital de la República, Claudia López me pidió hacer parte de la Misión de Educación de la capital que busca elaborar propuestas para los jóvenes más vulnerables.

Por invitación del contralor General de la República, Edgardo Maya Villazón, y confirmada por el nuevo contralor, Carlos Felipe Córdoba Larrarte, formo parte del Consejo Editorial de la revista Economía Colombiana de esta institución, que define los temas para abordar en cada número y propone los columnistas invitados.

He tenido la fortuna de compartir con los exministros Antonio Hernández Gamarra y Jorge Humberto Botero, con los dirigentes gremiales Santiago Montenegro, Margarita Henao y Javier Díaz Molina, con los decanos de economía Jorge Armando Rodríguez, Mauricio Pérez Salazar, Julián Arévalo, Juan Camilo Cárdenas y Marcela Eslava.

En esa instancia hemos contado con la conducción de los vicecontralores Ricardo Rodríguez Yee y Julián Mauricio Ruíz Rodríguez y la participación de la directora de comunicaciones de la Contraloría General, Rossana Payares, y los aportes de los periodistas Javier Ayala y Oscar Alarcón.

No cabe duda de que, por tratarse de la revista especializada en economía mas tradicional del país, pertenecer constituye, además de un gran honor, una inmensa responsabilidad.

REFLEXIONES
  • ¿Qué lo define?

Soy demoledor en el debate. Soy cicuta, porque tengo la ironía. Me encanta la controversia. Pero también declamo un poema, canto un vallenato, hablo de historia.

  • ¿Qué sentimientos se generan al hacer este recorrido por su existencia?

Reconozco que nada me fue regalado. No tengo ni el apellido ni el nombre ni la sangre ni el capital para que nadie me señale por eso. Soy hijo de mi trabajo y del ejemplo de mis padres.

  • ¿Es de convicciones?

Sí. Tengo la convicción de que en mi vida las cosas más importantes no las decidí, sino que ocurrieron. Tengo un sentido, no fatalista, sino providencial. Me ocurren cosas de una felicidad inaudita sin haberlas trabajado.

  • ¿En qué confía?

Mi papá me enseñó a no confiar en la suerte, sino en mi trabajo. Nunca tuve un contrato público, tampoco una empresa, no me he ganado la lotería pues nunca la compro. Y en mi confían los sindicatos, los campesinos, los indígenas porque saben que en una mesa de negociaciones nunca les voy a fallar.

  • A usted lo consulta mucha gente. Pero usted, ¿a quién consulta?

Dependiendo del tema. En economía confío en Kalmanovitz y en Antonio Hernández Gamarra. Hacemos tertulias privadas de amigos para explicarnos cosas. En derecho a Roberto Insignares, mi abogado de cabecera. En inversiones y finanzas a mis hermanos mayores. En pedagogía a Julián de Zubiría. En política los escucho a todos. Consulto sobre viajes, porque quiero saber cómo llegar a los destinos que no he visitado.

  • ¿Cómo es su vida ahora?

Vivo tranquilo, sin escoltas, porque no le debo nada a nadie. Pero me han matado tres mil amigos sindicalistas. He hecho lo que he creído buscando no hacerle daño a nadie. Uno hace daño sin querer, pero hasta ahí.

  • Ha materializado sus sueños como ocurrió con los viajes.

Ver fútbol parecía un imposible, pero disfruté viendo jugar a Pelé en el mundial de México del año 70 y a otras figuras. También a Maradona.

El sentimiento que experimenté en la tribuna futbolística fue media vida para mí. Vivir la explosión de un gol, rabiar contra uno en contra, celebrar con desconocidos, sufrir el dolor de la derrota, fue impresionante. El ritual del estadio para mí fue único.

No fui buen jugador, lo que me hizo entender lo que se siente ser descartado, ser suplente, ser descalificado, ser el emergente, el que tiene que esperar. Esto me enseñó humildad, aceptación y consideración.

  • ¿Qué sueño no se le ha cumplido?

Hablar inglés fluidamente porque escogí vivir con indígenas en vez de irme de intercambio.

  • ¿Qué proyectos tiene?

Viajar Quito, Lima, Antofagasta, Santiago, por el Pacífico en tierra, y subir por Montevideo, Río, Manaos por el Atlántico. Tampoco he ido a Hawai y Alaska.

  • ¿Cuál es su sentido de la existencia?

Hacer lo que a uno le nace, lo que uno quiere compartiendo el tiempo, el conocimiento y las posesiones.

  • ¿Cuál debería ser su epitafio?

Compartió todo.