Belisario Betancur

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Las Memorias conversadas de Belisario Betancur son historias de vida escritas en primera persona por Isa López Giraldo.

Belisario Betancur por David Manzur

Cómo se conocen

Conocí a Belisario a través de una amiga en común quien me dijo:

— Belisario Betancur, un amigo que tiene mucho de poeta, te quiere conocer.

— Con mucho gusto. Dile que venga (respondí).

Nos encontramos como si fuéramos viejos amigos. Somos de pueblos muy parecidos y estrechamente relacionados pues yo nací en Neira – Caldas y él en Amagá – Antioquia. Los dos coincidimos en muchas inquietudes desde el punto de vista cultural.

Nos veíamos cada vez que sus actividades políticas se lo permitían. Él venía a mi casa donde hacíamos una comida íntima con nuestros amigos comunes como Hernán Díaz, Enrique Grau entre otros, y por lo general a las diez de la noche se iba para su casa hasta que un día le dije:

— ¿Por qué no traes a Rosa Helena?

— Rosa Helena es muy tímida y muy de la casa. A ella no le gusta salir (me contestó).

Belisario Presidente

Como todos saben Belisario hizo varias campañas hasta que finalmente en el año 82 llegó a la Presidencia y soy un convencido de que esta, en la Historia de Colombia, va ser muy recordada porque tiene mucho que ver con la cultura y las artes en especial.

Me consta el interés de Belisario por todo lo referido a las artes en general, por ejemplo la música y qué decir de la poesía, porque en el fondo, él era en realidad un poeta. Recuerdo que Mario Rivero, poeta y amigo común, decía:

— Belisario es un poeta al que se le atravesó la Presidencia.

Viví muy de cerca a Belisario como Presidente en el aspecto cultural. Lo primero que hizo fue convertir la Casa de Nariño en un museo de arte con el limitante de que no se podía tener un comité de recepción que calificara la capacidad conceptual de cada obra y lo menciono porque él, en su generosidad y respeto para con todos, aceptaba cualquier cosa aun sabiendo qué era bueno y qué no tanto.

La Casa de Nariño se llenó de obras de artistas de primera plana como Botero, Grau, Obregón, Negret, Olga de Amaral, Jim Amaral y otros. Por ser Belisario mi amigo, decidí no regalarle obra pero el doctor Pedro Gómez sí le prestó un cuadro mío para que dispusiera de él. Unas personas, a quienes no puedo dejar de mencionar y que jugaron un papel muy importante en lo cultural durante su gobierno, fueron Gloria Zea, Aura Lucia Mera y Amparo Sinisterra de Carvajal.

Belisario, los viernes, hacía actos culturales en los que había música, recitales maravillosos con la participación de Martha Senn y Carmiña Gallo en algunos casos. Recibía a todos los artistas sin diferencias de clases ni de estatus, se encontraba uno con las personas más encumbradas como con las más humildes y todos disfrutando del sonido de una guitarra, oyendo cantar, recitar o hablando de arte.

Cada vez que hacía un viaje protocolario llevaba una obra de artistas colombianos:  Negret muy cercano a la Casa de Nariño, Eduardo Ramírez Villamizar y también de Obregón. Al Presidente Lusinchi de Venezuela le regaló uno de mis cuadros. Él decía:

— Yo no les estoy pidiendo. Ustedes al donar su obra están de alguna forma pagando impuestos.

Lo hacíamos con gusto y era para nosotros un inmenso honor.

Un tiempo antes de la llegada del Papa Juan Pablo II, Belisario me dijo que le hiciera un cuadro como presente. Con su enorme conocimiento de la escolástica española me sugirió la transverberación de Santa Teresa como tema; él sabía que el Papa había aprendido español estudiando estos temas.

Tuvo la buena visión de ubicar becas para los artistas que con talento lo requirieran, a otros los mandó a Europa, siempre buscó que les permitieran lucirse.

Belisario tuvo tres problemas grandes en la Presidencia como fueron el Terremoto de Popayán, el Palacio de Justicia y Armero que tanto le dolió. Soy testigo de su preocupación que fue enorme, se sintió como si se le hubiera muerto la familia. Ahí me di cuenta de que ser Presidente no es tener todo a la mano cómo se cree, al contrario. La gente piensa que ser amigo del Presidente es haberse ganado la lotería y por el contrario lo que hay que hacer es ayudarle y no pedirle nada, asi me decía.

A él le aprendí cosas como que hay dos tipos de políticos, el que tiene una mentalidad de Estado y el que solo piensa en cuatro años de Gobierno. Y él tenía la primera, una visión más allá de un período de cuatro años y menos alineada con una ideología, además global porque su principio político no estaba limitado por las fronteras. Lo cierto es que casi nunca abordamos estos temas en nuestras conversaciones.

Belisario ex Presidente

Pasó el tiempo y con él la Presidencia; su señora Rosa Helena, una clásica matrona antioqueña muy adorable, murió unos años después. No volví a verlo hasta que una tarde se me apareció en mi estudio de Rosales y me dijo;

— Quiero dibujar, quiero pintar.

— ¡Magnífico! (le respondí).

Con su cultura, sensibilidad y lucidez y además con su brillante memoria y claridad para tomar decisiones yo estaba seguro de que habría resultados garantizados. Nunca le enseñé porque el arte no se enseña, lo que hice fue informarle.

Vino entonces a  trabajar conmigo cuando pintaba un cuadro enorme con un tema de San Sebastián y él se convirtió en mi ayudante ideal, pero además comenzó a dibujar y nos sorprendió a todos por su habilidad increíble con el lápiz. Para mí fue una tragedia que él no se tuviera confianza para eso y yo lo entendía en el sentido de que una persona a la que un país entero le sigue los pasos puede sentirse extraña. Le decía:

— Tú eres un cobarde porque te da miedo enfrentarte al mundo del Arte.

Pero él me eludía, me embolataba, como se dice en Antioquia. La verdad es que dio muestras de un gran y mejor trabajo. Fue pasando el tiempo y él hacía cada vez más su inmersión en el arte, ayudándome y subiéndose conmigo al andamio. Yo pinto con un espejo para poder duplicar la distancia y ver de lejos el cuadro pero, ante semejante cuadro tan grande, Belisario fue mi espejo a ocho metros de distancia y desde allá me decía si iba bien o mal. Era exacto y preciso, después de ayudarme él seguía en su caballete.

Una tarde lo invité a que se quedara más tiempo porque venía una amiga pero le dije:

— Solo hasta las 10 de la noche porque tanto tú tienes que ir a la casa como yo tengo que madrugar.

Esa amiga era Dalita Navarro que llegó para quedarse para siempre y para cambiarle la vida a Belisario pues parecía un quinceañero en alegría. En ocasiones viajé con ellos a distintos lugares y realmente parecía un novio de veinte años. Un día me dijo:

— Estoy tragado.

— Ese no es lenguaje de un hombre que ha sido Presidente (le contesté).

Se puso bravo y me dijo:

— ¡Estoy tragado!

La llegada de Dalita a la vida de Belisario nos llevó a Barichara lo que cambió la mía por completo y de manera importante porque yo nunca habia tenido un lugar y un estudio tan maravilloso. Barichara revivió los pueblos españoles donde me crié, los de Castilla. Pude y puedo trabajar como en ninguna otra parte del mundo donde he vivido, asi mismo se sintió Belisario en Barichara.

Aunque no alcanzó a producir mucho por ser un hombre tan ocupado, estoy convencido de que algún día se verá su obra y se reconocerá su talento. Él le dio ademas mucha importancia a su trabajo en la Fundación Santillana donde hizo una gran labor de difusión cultural ayudando a gente joven. Yo le decía:

— Belisario ven y quédate aquí del todo en Barichara.

— No. Porque soy un tipo que tiene que seguir trabajando y lo haré toda la vida.

Felipe Achury, un amigo muy ligado a mi carrera y que conoció a Belisario logrando con él una gran amistad a pesar de la diferencia generacional de los dos, me acompañó a visitarlo el 16 de noviembre de 2018. Pasamos un rato largo recordando muchos momentos y amigos comunes y nos recitó versos de Machado“Yo voy soñando caminos de la tarde”

Convinimos en vernos la siguiente vez en Barichara. Le dimos un abrazo cuando ya eran las seis de la tarde. Fue así como nos dijimos adiós pero lo recuerdo con gran alegría y sigue vivo en mi pensamiento: “Yo voy soñando caminos de la tarde…”

Belisario Betancur por Elsa Kopel

Es muy bello caminar los senderos de la existencia para descubrir seres humanos tan distintos como magníficos, íntegros, de luz que con su calidez hacen de la vida una experiencia enriquecida y muy profunda. Conocer a Belisario Betancur es ejemplo de ello.

Fue en mi relación de matrimonio con Augusto Ramírez cuando me acerco a él por primera vez, en una vida comprometida con el servicio público y muy sensible a los temas sociales. También mi suegro se identificaba, de manera muy sentida, con quien con los años llegara a ocupar la Casa de Nariño.

Así pues que mi vida matrimonial me permitió dedicarme a mi vocación con deleite, de manera muy consciente y acompañando muy de cerca y desde diferentes frentes al Presidente Betancur.

Me habita un gusto por la política que viene de familia. Mi bisabuelo fue Presidente de la República, Jorge Holguín Mallarino, como su hermano Carlos y mi tío abuelo materno, Roberto Urdaneta Arbeláez, quienes también asumieron esa responsabilidad.

En los espacios familiares y sociales tratamos siempre sobre los temas país para retroalimentarnos y afinar proyectos. Ha sido uno de nuestros pilares el respeto por el otro y por las instituciones, lo que coincidió plenamente con el estilo de vida de Betancur, quien era muy consciente de la importancia de estos dos valores y los ejercía en cada paso del proceso de crecimiento como persona y en todos los escenarios de su vida. Esta conciencia imprime un carácter distinto que a él lo hizo el humanista que todos reconocemos y al que siempre respetamos.

Lo percibí como una persona muy fuerte en sus convicciones, impecablemente recto y muy reservado especialmente en lo que tenía que ver con su historia personal. Durante su infancia tejió lazos poderosamente estrechos y de amor profundo hacia su abuela a quien consideró siempre su mamá. Para él la familia fue muy importante, era muy considerado y amoroso especialmente con sus hijos y sus nietos dándole toda la prioridad en relación con sus afectos. Recuerdo una pequeña mesita dispuesta para sus nietos junto al comedor principal porque como abuelo fue muy consentidor y detallista.

Como amigo fue excepcional. En las reuniones se mostraba alegre, le gustaba el baile y disfrutaba de la música en general incluidas mis interpretaciones de tiple, acordeón o guitarra.

Es de resaltar la forma como Belisario se abrió espacio en una sociedad cerrada, con unos partidos políticos tan marcados, en la época del tren y del tranvía. Trabajó como periodista en el Nuevo Siglo (el Santo Siglo como lo llamaban) mientras en el país político ocurrían hechos que hicieron historia. Era un conservador muy activo y jugó un rol que fue adquiriendo cada vez mayor protagonismo en la vida nacional.

A Laureano Gómez lo eligieron Presidente, por razones de salud se retira del cargo y asume la presidencia Roberto Urdaneta. Un tiempo después Laureano resuelve reasumir la presidencia, se lo comunica a Urdaneta. Sin embargo luego del anuncio inexplicablemente Laureano se desaparece. En ese momento que recuerdo se reunieron todos los grandes dirigentes políticos con Urdaneta pidiéndole que se quedara. Mi tío Roberto dijo “no me quedo, Laureano asumió nuevamente la presidencia y yo no doy un golpe de estado”. El general Rojas Pinilla, en ese momento comandante de las Fuerzas Militares, quien estaba presente en dicha reunión terminó asumiendo la presidencia.

Mariano Ospina Pérez, Carlos Lleras, Alberto Lleras, Misael Pastrana hicieron un acuerdo para nombrar un gobierno no militar de tres años para luego consolidar lo que se conoció como el Frente Nacional.

Posterior a estos hechos Belisario fue candidato a la Presidencia por primera vez y mi suegro Augusto Ramirez Moreno su Jefe de Campaña. Más tarde perdimos frente a la candidatura de Julio Cesar Turbay Ayala en el 78 pero tuvo una capacidad de resiliencia impresionante pues Augusto, mi esposo, le comunicó la noticia de la derrota y él muy en calma le dijo: “entonces vámonos y empezamos nuevamente campaña mañana”.

Sus campañas fueron muy serias y se daban en medio de un absoluto respeto y consideración por todos, y resultaron muy enriquecedoras pues despertaron en todos gran sensibilidad al conocer de primera mano la realidad de los temas. Fue una época muy linda, de gran optimismo gracias a la manera de ser del Presidente. Recuerdo que no pocas veces nos quedábamos en alguna finca de Antioquia a orillas del río San Jorge adornada por naranjales – lo que le daba un toque de encanto – y él disfrutaba de la piscina un rato en las noches antes de revisar lo ocurrido durante la jornada y de preparar todo para el día siguiente.

Belisario enseñó con su ejemplo de intachable conducta y decencia. Fue un hombre que no adoctrinó ni juzgó a nadie.

Uno de los lemas de campaña giró alrededor de la “casa sin cuota inicial”. López decía que eso no era posible y que la “Universidad Abierta y a Distancia” tampoco. Belisario comprometido con la educación y siendo embajador en España decidió entrar a estudiar todo lo concerniente a la Universidad abierta y a distancia, para poderla implementar si algún día llegaba a ser Presidente. Pero para López nada se podía. Llegamos a Cartagena y la gente empezó a gritar:

— ¡Sí se puede!

Frase que implementamos y con la que ganamos en el año 82 cuando Belisario ya contaba con una trayectoria política importante pues había sido ministro de dos presidentes, congresista y periodista.

Rosa Helena, su primera esposa, fue una persona muy importante en la vida de Belisario, una mujer muy bella, inteligentísima, un poco tímida y muy perceptiva. Trabajamos juntas en las diferentes campañas y en el gobierno, acompañando todos los momentos difíciles que afrontó Belisario como el del Palacio de Justicia, la tragedia de Armero, el terremoto de Popayán y el gravísimo accidente en Chingaza. Belisario fue un feminista a fondo lo que quedó demostrado cuando nombró diez viceministras.

El gobierno a Belisario lo retó de una manera muy extrema y reforzó su personalidad reservada porque una vez cumplido su período, optó por una vida de completa inmersión en lo cultural y afianzó aún más su carácter humanista.

Muy cerca de salir del gobierno ocurrió la muerte del general Gustavo Matamoros D’Acosta, su ministro de defensa. Me invitó Belisario a hacer parte de la Fundación que creó en su honor para atender la rehabilitación de los soldados y a las familias de los caídos en combate. También me invitó para que hiciera parte de la Fundación Rafael Pombo que con los años fue adoptada por la Fundación Minuto de Dios gracias al Padre Diego y para su tranquilidad.

El Gobierno del Presidente Betancur sirvió de ejemplo y guía para que fuera posible el proceso de Paz que firmó el Presidente Juan Manuel Santos. Si bien Belisario fue siempre muy prudente y no intervino en el trabajo de sus sucesores, sí brindó asesoría tantas veces como fue consultado.

Y fue alrededor de un delicioso café como nos despedimos rodeados de obras de arte y libros, de su atril, sus óleos, sus pinceles y su lienzo en el que pasaba horas pintando.

Belisario Betancur por Guillermo Londoño Durana

Belisario Betancur, el amigo, pintor.

Fue David Manzur quien me presentó por primera vez al ex presidente Belisario Betancur hace treinta años. Lo conocí unos días después de mi  exposición en la galería Diners de Bogotá.

Esta relación se concretó con una serie de invitaciones que hacía David  a un grupo de amigos, para ver y oír  ópera en su apartamento de Rosales y recuerdo que estrenaba lo último en tecnología, un Betamax con parlantes de alta fidelidad. Gloria Zea, con su adorado esposo Giorgio, había  traído de regalo de su último viaje a Italia una película de Betamax con la ópera de Macbeth presentada en la misma Scala de Milan.

En esa reunión Belisario le preguntó a David por una  Virgen colonial de madera, de aproximadamente un metro con cincuenta y con una peculiaridad, en vez de rostro, tenía  clavados unos puntillones  de ferrocarril en un corte plano donde estuvo alguna vez pegada la cara  perdida de la virgen.  Esta imagen que podría verse sacrílega, a los ojos de un conservador católico como Belisario, resultó para él de gran belleza, entendiéndola como una escultura contemporánea.  ¡Qué es esta maravilla de Virgen! Exclamó el Presidente. David le contó que  era el resultado de unos tragos de demás del gran Alejandro Obregón, quien en una fiesta  en su casa tuvo la inspiración de transformarla.

El “Pre” (apodo que le daba con todo el amor su señora Dalita Navarro, y que a él le resultaba encantador), era  un paisa de pura cepa, con acento de las montañas de Antioquia y una forma de hablar pausada, directa y brillante. No era ni alto ni bajito, su figura denotaba su amor a la buena mesa y Dalita le ayudaba con su magia en la cocina. Era fuerte, de manos grandes, sonrisa generosa, y anteojos gruesos (ganados por haberse dedicado a  la lectura desde los cuatro años).

Tuvo una memoria excepcional que evidenciaban sus siempre interesantes relatos. Y también contó con un extraordinario sentido del humor. Acompañaba su sinceridad con frases elogiosas y cariñosas para con el otro, situándose en un estatus de igual a igual. Él producía  ganas de abrazarlo, como sucede con los peluches y con los abuelos, porque era acogedor pero también inspiraba ese gran respeto heredado del arriero y por ningún motivo recibía nada diferente de un fuerte estrechón de manos mientras miraba a los ojos. Belisario tenía entre muchos dones, el de ser una persona sencilla, sin protagonismos, saludaba por el nombre sin dificultad.

Recuerdo oírlo hablar de su profesora de primaria en primera persona con nombre y apellido. El Pre fue estudiante de escuela pública y becado por méritos. Abogado, periodista, político, y amante de la historia y del arte.

Belisario fue una persona tan coherente con su sencillez que cambió su apellido en notaría, pues el Betancourt no le sonaba tan criollo. Le gustaba pasar desapercibido, hablaba de todo menos de él y cuando lo tenía que hacer, narraba su historia en segunda persona como refiriéndose a un personaje al que el conoció”. Decía: Cuando Betancur tal cosa o cuando Betancur tal otra.

Yo había vivido su gobierno muy joven fuera del país y no me tocaron en carne propia tantas dificultades y desgracias ocurridas: el temblor de Popayán, la tragedia de Armero y la toma del Palacio de Justicia por parte del  M-19.  Me mordía los labios por preguntarle anécdotas secretas, pero sabía que si lo hacía, él contestaría que las dejaría narradas en su libro post mortem y que el tema con él era el presente, Dalita, política, arte, literatura y poesía, que lo llenaban hasta la médula.

Mis recuerdos con Belisario están divididos en dos etapas. La primera fue en esa época de óperas con Gloria Zea, y David Manzur, en donde al mismo tiempo, Andrés Pastrana era el candidato presidencial y su sede quedaba a pocas cuadras de la Galería Diners donde yo exponía. Un buen día fui invitado, por Pastrana, que buscaba un cuadro para su oficina y por eso, quería pasar a ver la exposición, cuadramos una fecha y allí lo esperé. El director de la galería era en ese momento, Alberto Casas. Seis meses después, Pastrana fue elegido Presidente y Casas, ministro de Cultura.

Pastrana recibió un gobierno quebrado por el UPAC, por la administración Samper y el proceso 8000, que dejaron la banca en ruinas. Esta era sin duda la crisis económica más fuerte que la gente recordará después de la recesión mundial.  Era un país sin mayor interés por el coleccionismo de arte, sin galerías y sin cultura, pero el ministro Casas impulsó clavar un IVA del 16% al comercio del arte, lo que significaba un total despropósito, pues con esto lograría la evasión o que fuese asumido directamente por el artista.

Belisario, un defensor de causas justas, no lo pudo aceptar y concentró su energía en exponer frente al Congreso el error garrafal que promovía Casas. David Manzur y yo éramos unos de los orgullos invitados del Pre para con esta lucha. Grabé de ese día cada palabra que dijo en defensa de los pintores y escultores Colombianos, se presentó con su voz pausada, melodiosa y poética, y sonriente saludó con respeto y amabilidad, miró al frente y tomando el atrio con sus dos manos dijo: 

   Señores del Congreso, si Dios creó la tierra con todas sus  maravillas, Dios es un artista, y si los artistas hacen arte, tienen que ser también pequeños dioses.Como Congreso y como sociedad, tenemos que proteger lo más valioso de nuestro país, lo que nos identificará en 50 o 500 años y lo que contará quiénes fuimos.

   Señora Fanny, señores congresistas,  ¿alguien me puede  dar el nombre de un director de impuestos o de un ministro del renacimiento italiano en época de Ludovico Sforza? Bueno (miró sutilmente y, ante los ojos gachos de la audiencia, hizo una pausa), no esperaba respuesta. (La sala quedó en total silencio).

   Les contaré la historia de un joven artista que llegó al taller de Andrea del Verrocchio hace 500 años. Este joven pintor, dice la historia, logró terminar unos ángeles del afamado maestro y con ello superó a su profesor para convertirse en el más importante artista de todos los tiempos. Ese joven artista fue Leonado Da Vinci, símbolo del renacimiento.

   Los políticos podremos ser olvidados en unos años, y no podemos lastimar a  nuestros Leonardo´s, a nuestros pequeños dioses, con leyes y con Iva´s que desfavorezcan a la creatividad, y dificulten la ya difícil carrera de ser un creador  en nuestra querida Colombia contemporánea.

Perdimos esa batalla porque hoy el arte en Colombia paga IVA y no hay ningún estímulo tributario para fomentar la compra o las colecciones, pero este suceso nos unió de por vida.

Segunda etapa: Dalita.

Dalita, artista venezolana, diplomática, y entrañable amiga,  fue fulminantemente conquistada y enamorada por Belisario.

Muy recién casados, Dalita y Belisario visitaron por una semana Berlín donde residíamos en ese momento con mi señora, Diana Drews. Fui su guía y su asesor en la compra de materiales para pintar, pues enamorados, Belisario también quería ser pintor.

Belisario y Dalita, como niños se aferraban a los lápices, a los papeles en algodón, a las acuarelas y a los óleos, como si se prepararan para una nueva conquista de vida. Tomaron clases con el mejor profesor posible, su amigo David Manzur. Con él nació esa fraternidad y su amor por Barichara donde lograron hacer de un pueblo lejano y desconocido, un paraíso rico en cultura y floreciente en turismo y belleza. Crearon en cabeza de Dalita, una galería y un centro cultural donde se enseña cocina, costura, y se educa para un mejor turismo, y detrás de este proyecto, vino el cine, los restaurantes y los hoteles boutique. 

Recuerdo que pasamos Semana Santa del 2018 en casa de Dalita en Barichara. Agradezco esa invitación y su generosidad, pues siempre pensé que Belisario sería inmortal y que viviría físicamente para siempre, pues no lo vi envejecer, al contrario, se llenaba de vida con los años.

Esa semana Belisario contó historias que me acercaron a su niñez,  historias narradas en pijamas, la de su profesora de primaria, la de su abuelo campesino, la de haber tenido que ser padre de sus hermanos cuando quedaron huérfanos de padre y madre. Siempre tuvo que exigirse y exigir a sus hermanos el ser los mejores en la academia, en el emprendimiento y en la amistad, porque al mejor, como a él, se le abren las puertas del mundo.

Aunque estudió becado, los curas lo quisieron echar de la universidad desde el primer semestre, pero no lo lograron. Belisario se anticipaba a las clases dado su amor por aprender, lo que no soportaban los profesores al verse superados y corregidos.

Orgulloso de su origen campesino, de la alpargata y de haber llegado a ser presidente de Colombia, buscó fortalecer la educación rural y brindarle a Colombia la paz, lo hizo de manera incansable y comprometida, entendiendo que la paz de Colombia no tenía partido político, que su valor  era la base  para el desarrollo de una sociedad más justa y equitativa. Trabajó en función de la paz como un pacto por la vida.

Llegué a su taller de pintor, sin haber sido invitado, mientras en su escritorio, El Pre, escribía una presentación y la vociferaba en voz alta. Un discurso que se escuchaba mientras bajaba por unas escaleras en piedra que conducían a jardín de cactus.

El sendero me fue llevando hasta llegar a un garaje pequeño, abierto y escondido. Me asomé a su capilla, muy íntima, vi dos caballetes, uno con un cuadro en proceso con un paisaje en colores naranjas y amarillos que me recordaron los colores de Munch y el otro esperando a ser usado; también tenía unos pinceles bien lavados, en orden pero usados, un frasco en vidrio de disolvente, tal vez una trementina que quedó abierta y que la  cálida brisa de Barichara  evaporó.

Pensé en la fortuna que mi querido amigo había encontrado en su segundo amor de su vida, el de Dalita la Maracucha, quien lo hizo tan feliz, que logró vivir sus últimos años, escribiendo, haciendo de orador, poeta, político y con un lápiz y un pincel también en la mano.

Belisario Betancur por Rubén Darío Lizarralde

VÍNCULO DE RUBÉN DARÍO LIZARRALDE CON BELISARIO BETANCUR

La familia de mi mamá es de Amagá y conocía a la del presidente Betancur. Especialmente tenían una relación muy estrecha con Jaime, abogado y consejero de Estado, y con Belisario.

Contaba ella que en esa época iban a la plaza de mercado los fines de semana donde Belisario ayudaba a traer el ganado para que se vendiera. Con los años, estando en reuniones de pocos amigos, el presidente me decía que él miraba con muy buenos ojos a mi mamá. Esto era algo que sacaba a relucir y con lo que se moría de la risa.

Pese a la diferencia de edad, siendo él muy mayor a mí, fui muy amigo de Jaime Betancur quien conmigo fue muy deferente y especial. Recuerdo que me invitaba a que nos tomáramos unos aguardientes encima de unos costales de café en Amagá.  Mi abuela, a raíz de la muerte de mi abuelo, se fue a vivir al Valle del Cauca, y Jaime mantuvo el contacto con ella, la visitó mucho.

CAMPAÑAS

PRIMERA CAMPAÑA PRESIDENCIAL

Al ser yo nieto de Elizabeth Montoya, Belisario fue siempre muy especial conmigo.

Lo conocí estando en el colegio, y como estudiante quise participar trabajando en su campaña. Él era candidato presidencial cuando las elecciones las ganó Misael Pastrana, es decir, todavía estábamos en el Frente Nacional. Mi primer contacto con él fue cuando lo acompañé en un recorrido que hizo desde Cali, donde fui muy activo, luego se quedó a dormir en Buga y continuó hasta Cartago.

Por primera vez una campaña controló cada puesto de votación, uno a uno, municipio por municipio y departamento por departamento. Recuerdo que viajé a Córdoba, donde hice las veces de verificador revisando el conteo. Esto ocurrió en un momento de la historia en que no había celulares, sino teléfonos fijos. Si bien ya había computadores, estos no tenían la tecnología con que se cuenta en la actualidad.

Como anécdota, los últimos que salimos del centro de cómputo esa noche para celebrar la victoria de Belisario en el Tequendama, fuimos Ernesto Samper, presidente de ANIF, con su esposa Jacquin Strouss, y yo. Resulta que el día de las selecciones, el país se había acostado con Belisario como presidente, pero se levantó con Turbay como ganador.

La foto de 1978, tomada en la sede de campaña, muestra el momento en el que Belisario nos dirigió unas palabras después de haber perdido las selecciones. Todos estábamos indignados, en pie de guerra. Airados decíamos que nos habían robado y defraudado las elecciones. Entonces Belisario reunió a todo su equipo de campaña para decirnos: “Señores, perdimos las elecciones. No acepto, por ningún motivo, una posición contraria al resultado que la Registraduría anunció. Preparémonos para ganar las próximas”.

No quiso entrar a discutir ni que se dieran manifestaciones reclamando un resultado diferente. De modo que, de una manera muy tranquila, firme, serena, pero decidida, dijo: “En este momento arranca la campaña. Y fue la que ganó.

SEGUNDA CAMPAÑA PRESIDENCIAL

https://uniandes.edu.co/es/mario-laserna-pinzon-centenarioEn mi calidad de estudiante universitario en Bogotá, participé mucho en los temas académicos del partido con el Centro de Estudios Colombianos. El Centro ofrecía almuerzos, que se volvieron muy famosos, en la cafetería del Banco de Bogotá de la carrera décima con Avenida Jiménez. Por supuesto, uno de los invitados más importantes era Belisario y la gente le pedía que volviera a hacer candidato, a lo que contestaba que ya lo había sido. En este espacio conocí gente que fue muy importante en mi vida, como Alberto Dangond UribeGabriel Melo GuevaraCarlos Holguín SardiMario LasernaRamón de Zubiría, Alfonso Hansen.

Cuando Belisario decidió ser candidato, nombró un equipo muy profesional liderado por Hernán Beltz Peralta. Trabajamos muy de la mano con la Fundación Futuro Colombiano integrada por profesionales quienes querían promover un candidato del Partido Conservador que proyectara una imagen de transparencia y que tuviera una posición diferente, que buscara darle un rumbo completamente nuevo a nuestro país.

Se logró un acercamiento entre Álvaro Gómez Hurtado y Misael Pastrana. Belisario desde antes ya mantenía una posición no sesgada hacia ninguno de los dos, aunque él había sido laureanista en su juventud y en sus inicios como parlamentario. Muerto Laureano Gómez, Belisario tomó una posición diferente.

Se fortalecieron dentro del partido las dos alas, en mi caso, pertenecía a la de Álvaro Gómez estando en el colegio y en la universidad, pero siempre fui belisarista cuando Betancur estuvo de candidato.

Pero Belisario fue más allá cuando hizo un llamado a todos los partidos al considerar que el Conservador no era suficiente para lograr la Presidencia. Buscó él derrotar la política tradicional. Y es cuando adelantó su primera campaña en 1982 de la que fui su director administrativo, también lo fui en la segunda. Pedí una licencia para poderme dedicar, pues yo trabajaba en la Corporación de Ahorro y Vivienda Colmena.

Con Hernán Beltz en la gerencia, manejamos la campaña como una empresa, modelo que repetimos en la segunda campaña con Augusto Ramírez como director político, Rodolfo Segovia tesorero, Enrique Arias director de eventos especiales. Augusto, siendo político y muy amigo de Hernán, aceptó entrar dentro de este esquema que llevó a Belisario a la Presidencia. En la segunda campaña de Belisario, el presidente López aceptó haber sido derrotado por una organización política que funcionaba como una empresa.

En la segunda campaña, el control electoral con toda su organización a nivel nacional, logró controlar con precisión cualquier desviación que se diera en cualquier puesto de votación. Hubo una programación previa para hacerle seguimiento especial a los puestos que registraran votos un 10% mayor o menor de lo que estaba previsto.

En estos cálculos participó Isnardo Ardila. Oscar Lombana estuvo al frente de las encuestas y la interpretación de los datos. También contamos con un ingeniero de sistemas quien manejó la sistematización. Esta fue quizás la campaña mejor organizada que ha habido en el país.

PRESIDENCIA

Yo no participé de su Gobierno. Aunque a mí siempre me ha gustado la política, me sentía atraído por el sector privado. Para su segunda campaña y a mis veintisiete años, ya había sido viceministro de Desarrollo Económico en la Presidencia de Turbay con Gabriel Melo Guevara, mi profesor de economía en la universidad, como ministro. Recuerdo que me retiré del Gobierno para entrar a la campaña.

Ante el triunfo de Belisario, me ofrecieron varias posiciones. Augusto Ramírez me ofreció la gerencia de la Empresa de Teléfonos de Bogotá, pero acepté un cargo en el sector privado como vicepresidente de la Compañía Colombiana Automotriz. Posteriormente trabajé en el Banco Interamericano de Desarrollo – BID.

Estando yo en el BID, lamentablemente para el Gobierno y para el país, ocurrieron los hechos del terremoto en Popayán, la toma del Palacio de Justicia por parte del movimiento guerrillero M – 19, también la tragedia de Armero.

A mi regreso, Belisario ya no era presidente. Lo primero que hice fue visitarlo para decirle: “Todos felicitan a quien gana algo. Pero, cuando se deja de ser presidente, cuando se sale de esos avatares, se queda uno con pocos amigos. Quiero que sepa que estoy aquí”.

EL EXPRESIDENTE

Al estar ya un poco más grande pude consolidar con Belisario una relación que fue muy importante para mí. Años después, gracias a él logré una de las posiciones más importantes que he ocupado desde el punto de vista de las realizaciones, no solo en lo económico, sino también desde lo social.

Un día me llamó desde Paris el presidente Betancur estando de viaje, se dirigía a la casa de Mauricio Rodríguez en Italia cuando trabajaba con Down Química. Me dijo: “Acabo de pasar por París donde me encontré con mi amigo Carlos Haime. Resulta que su empresa Indupalma está en dificultades, se está acabando por los problemas tan graves que se le están presentando con el Ejército de Liberación Nacional – ELN. Él está requiriendo una asesoría porque no está satisfecho con la que está recibiendo. Le dije que tenía la persona y esa persona eres tú”.

Primero fui asesor de la firma. Luego, cuando fui a renunciar al considerar que no estaban haciendo las cosas que debían, Carlos Haime me dijo: “Mire, es que recomendar y asesorar es muy fácil, ejecutar es muy distinto. Si usted cree que es posible hacer lo que propone, entonces, hágalo”.

En ese proceso conté con el consejo sabio del presidente Betancur. Es decir, conversé con él los temas difíciles que se presentaban con la guerrilla o con los paramilitares. En nuestras reuniones le conté lo que yo pensaba, lo que estábamos haciendo, para recibir su retroalimentación. Porque, no solamente tuvimos una cercanía muy grande, sino que siempre recibí su respaldo.

El presidente Betancur participó de las reuniones en que se negoció la liberación de uno de nuestros funcionarios, porque estos grupos armados secuestraron a más de uno de ellos, personas que habían hecho carrera en la empresa. Él se presentó con dos libros, El caballero de la armadura oxidada y El derecho a la ternura. También los abrazó, les habló muy amablemente, comportamiento ejemplar de un liderazgo conciliador. Indupalma no pagó, y el presidente les hizo ver que están sacrificando el futuro de una empresa generadora de empleo y riqueza.

Antes de retirarme de la empresa había logrado propiciar para trescientas familias campesinas, la propiedad de la tierra y el cultivo de la palma. Estoy hablando de más de cuatro mil hectáreas en trescientas familias, tierras avaluadas en más de treinta millones de dólares. Hoy son los negocios El Palmar y El Horizonte, manejados por campesinos que, al comienzo, el 75% de ellos eran analfabetos. Hoy todos han terminado su primaria, la mayoría el bachillerato. Les enseñamos a ser empresarios en un proceso de educación que montamos. Además, sus hijos están yendo a la universidad. Esto es algo que me satisface enormemente.

El día que entregamos los primeros títulos, invité al presidente Pastrana, quien me había ayudado muchísimo en la consolidación de este proyecto. También invité al presidente Uribe porque contribuyó en el segundo proyecto. Pastrana en El Palmar, Uribe en El Horizonte, a través del Plan Colombia.

Nos encontrábamos en el Gobierno Santos, y el presidente asistía, entonces no fue posible lograr que Pastrana y Uribe hicieran presencia. Por supuesto, invité al presidente Betancur, quien tenía ochenta y nueve años. Estuvo presente en la entrega de los títulos de propiedad de la tierra, luego fue al colegio de Indupalma acompañado por María Fernanda Campo quien era ministra de Educación.

. Usamos camisetas que decían: “Sí se puede”. Este fue un día muy especial para él quien hacía mucho tiempo no estaba en un evento de estos, rodeado de niños, en una población como San Alberto en el Magdalena Medio. De alguna manera, este fue un homenaje a él, porque mucho de lo que yo había hecho, había sido inspirado por él.

Su pensamiento era el de que “Nadie deja de ser rico por propiciar que otros salgan de la pobreza”. Distaba mucho de lo que otros planteaban con respecto a la lucha de clases. En las palabras que dirigió a los niños en el colegio, destacó la importancia de la educación, pues él había alcanzado sus logros gracias a esta. Fue un sabio, quien, a pesar de los años, dejaba atónitos a quienes lo oíamos hablar. Era impresionante escucharlo.

Luego me retiré de la empresa para asumir el Ministerio de Agricultura.

FUNDACIONES

Tuve la fortuna de haber recibido la invitación del presidente Belisario Betancur para hacer parte de dos de las tantas fundaciones que él montó. La primera fue la Fundación Rafael Pombo que montó siendo presidente de la República. Alfonso, su secretario general, a quien reemplacé luego de su asesinato por parte de los paramilitares, me invitó a hacer parte del consejo de fundadores de la Fundación Carolina.

Cada reunión era un deleite al escucharlo compartiendo sus anécdotas y sus referencias históricas.

CASOS

No fueron pocos los casos en los que me recomendó profesionalmente. Incluso, compartí oficina con Diego, su hijo, y con Juan Mario Calderón, siendo él también socio. Estaba ubicada en la Avenida Circunvalar en la que había sido su casa cuando ganó la Presidencia.

CIERRE

En síntesis, Belisario Betancur fue una persona muy importante en mi vida en muchísimos aspectos.

Soy muy godo, muy conservador, por lo mismo me gustaba escucharlo, pues su perspectiva era muy diferente a la mía y de esta manera me abría el pensamiento de manera racional.

A diferencia de lo que muchos creían, él no fue débil en los procesos de negociación. Por el contrario, fue fuerte y consecuente. Cuando tomaba una decisión, la defendía. Enseñó que el carácter no tenía relación con el tipo de decisión que se tomara en un momento dado. Hay acercamientos que pueden dar la sensación de debilidad, pero que están acompañados de posiciones extraordinariamente fuertes. Y Belisario no se movía de sus principios.

Fue una persona de grandes calidades humanas. Como lo dijo en su momento el presidente Valencia, así como entró salió de la Presidencia, porque no se hizo rico. Vivió como un ciudadano corriente y en ese sentido fue un ejemplo extraordinario que hay que valorar.

Otra lección clara fue la de que no hay que pelear por lo que ya se perdió, sino que hay que trabajar por lo que se puede ganar.

Así como los hijos siguen a sus padres, también siguen a personas que se admiran. He tenido la oportunidad de estar cerca de personas intelectualmente muy inquietas, lo que ha sido muy importante en mi desarrollo. Por supuesto, uno de ellos fue Belisario Betancur. Él lo recreaba a uno con recorridos por la historia del país, del mundo, de la humanidad. Contagiaba con su interés cultural, que irradió también desde la Fundación Santillana y la Fundación Silva.

No fue indiferente al momento en que mi familia política compró una casa en Barichara. Pero también nos recomendó detenernos en una estación de servicio de unos parientes suyos a quienes les mandó muchos saludos. Porque así era él.

La última vez que hablamos, fue un mes antes de su fallecimiento. Me encontraba en la casa de su hijo Diego y, cuando se comunicaron por teléfono, el presidente le manifestó que quería hablar conmigo. Me dijo que estaba siguiendo muy de cerca mi campaña, que lo había llevado a recordar las suyas. Fue una conversación muy grata, simpática y divertida. Él acababa de salir de una gripa fuerte que luego le repitió comprometiendo su vida.

Belisario Betancur por Mauricio Rodríguez

LAZOS

Mi historia con Belisario Betancur parte de la amistad de él con mis padres, Jorge Rodríguez y Cecilia Múnera. Pero tiene una raíz primaria, la cercanía a mi tío Mario Múnera: fueron compañeros en la facultad de derecho de la Pontificia Bolivariana en Medellín.

A través de Mario, Belisario conoció a mi abuelo José Urbano Múnera (político, periodista, intelectual y académico prominente, director de La Defensa -diario conservador-, miembro de la Asamblea de Antioquia y muy amigo de Mariano Ospina Pérez). Mi abuelo quedó encantado con Belisario, un joven estudiante que lo impresionó con su inteligencia, su don de gentes, su simpatía, su carisma, su cultura y con su capacidad de expresarse (tanto de forma oral como escrita) razones suficientes para vincularlo al periódico lo que le significaba una importante ayuda económica dada su condición de ese momento (todos sabemos que, en una época, a Belisario le tocó dormir en las bancas del Parque Berrío).

Belisario comenzó a frecuentar la casa de la familia de mis abuelos (hace más de setenta años) haciéndose muy amigo de mi mamá y de sus hermanos. Más tarde mi abuelo se vino a vivir a Bogotá con la familia cuando lo nombraron Consejero de Estado y como Belisario también vino a trabajar (como abogado y periodista), mantuvo el contacto con los Múnera y conoció y estrechó vínculos de amistad, que con los años se hicieron muy fuertes, con mi papá.

Fue tan sólida la amistad que Belisario y Rosa Elena (su primera esposa) fueron mis padrinos de bautizo. La cercanía no era solamente afectiva sino también física, porque Belisario vivió frente a mi casa (en la esquina de la calle 93 con carrera 15 costado sur y nosotros en el costado norte) en una vivienda construida precisamente por mi papá (también construyó su oficina de la Circunvalar, lugar al que los ciclistas que suben a Patios llaman: Donde Belisario).

Además de ser mi padrino de bautizo, lo fue de mi primer matrimonio. Recuerdo que nos hizo una comida de despedida en el Jockey Club para desearnos éxito en el camino que apenas emprendíamos.

EL INTELECTUAL

Mi contacto con Belisario también fue intelectual. Desde que yo era muy niño, él me regalaba libros en todas las fechas especiales. Belisario tuvo siempre, en su casa y en su oficina, unas bibliotecas espectaculares. Hablaba de libros, recitaba poemas y citaba a los intelectuales.

A mí me encantaba y me embelesaba compartir con una persona tan culta y simpática, porque a pesar de su gran erudición, Belisario fue un hombre muy sencillo, amable y coloquial que habló a todos siempre con cariño.

Mi amor, pasión y devoción por los libros se la debo a mi padre (que me compró todos los libros que quise) y a Belisario (que me hablaba de libros, me los regalaba y de la misma forma me tomaba la lección, porque me ponía a hablar sobre ellos como una manera de asegurarse que yo sí los leyera).

A muy temprana edad supe que Belisario era un hombre importante, había sido ministro de trabajo, un líder conservador que había hecho parte del famoso Escuadrón Suicida enfrentado a la dictadura de Rojas Pinilla. Además mi padre hablaba de él y la gente lo saludaba con respeto y admiración.

Despierta Colombia, fue uno de los libros que leí muy joven gracias al regalo que me hiciera Belisario, de la editorial Cuadernos para el Leñador que Sueña (un nombre muy poético como lo fue él).

Belisario fue uno de los fundadores de Tercer Mundo Editores (el sello editorial más prestigioso de las ciencias sociales en Colombia durante muchos años). También lo fueron Luis Carlos Ibáñez (intelectual refugiado de la dictadura de Paragüay), Fabio Lozano Simonelli (otro intelectual reconocido), Bernardo Hoyos y mi papá (Jorge Rodríguez). Yo también me integré (hace más de veinte años) cuando algunos de sus socios murieron y Belisario nos invitó a Jaime Baena, a la familia del ex canciller Ramírez Ocampo y a mí, para que le diéramos un segundo aire.

Ese amor por los libros me llevó a que años más tarde, con mi hijo Federico abriéramos, en el Norte de Bogotá, la librería La Madriguera del Conejo (funcionó cinco o seis años hoy Lerner de la calle 85 con carrera 11).

Cada vez que se cierra una librería debería uno llorar porque muere una fuente, un tesoro inagotable de sabiduría y alegría para mucha gente durante mucho tiempo.

Hasta el final de los días de Belisario, los libros fueron nuestro tema central de conversación. Conservo los que me obsequió con sus dedicatorias y recomendaciones. Cuando ya estaba en la Universidad, Belisario cada vez fue más exigente en el seguimiento que me hacía a las lecturas y en el nivel de los libros que me obsequiaba. Ese aspecto intelectual, siendo yo un enanito pigmeo y él un gigante, es inculcado por mi padre y por Belisario.

Belisario es la mente más privilegiada que he conocido en mi vida (conociendo muchas). Pero va más allá, es una mente y un corazón que conectaron de forma permanente.

Esta es la primera gran huella, profunda, indeleble, eterna, que deja en mi vida.

EL POETA

A Belisario le gustó mucho la poesía. No es tan común encontrar gente que disfrute con ella y a mí me encanta gracias a él. Tengo un libro de poemas de Belisario que publicó para sus amigos, Poemas del Caminante, una edición pequeña. Tradujo a Constantino Cavafis (el famoso poeta griego autor de Ítaca) y que declamó, de una manera muy bella, su nieta Natalia (hija de María Clara) en su entierro en el Gimnasio Moderno.

Tomados de la Revista Arcadia 

https://www.revistaarcadia.com/libros/articulo/cuatro-poemas-de-belisario-betancur/72286

Incienso Gótico

….el vuelo mítico de las apsaras…
(en “El sueño de las escalinatas”).
Jorge Zalamea

Todo es escalinata.
Siempre ascendemos
sobre la piedra reluciente
y sobre el mármol suave y el incienso.
Todo es escalinata.
De pronto sientes
que te derrumbas, te desplomas, sientes
que dejas la estación sin estar yendo
a otro lugar sino en ti mismo.
Pero no has descendido.
Todo es escalinata.
Estás ardiendo.

Benares, enero 20 del 2000

El caminante

Otros dirán por mí quien quise ser,
yo solo sé decir que no lo fui
Pero quiero explicarte,
quise ser el que entraba y salía de las horas
casi siempre de paso, el que cruzaba
del éxtasis al vértigo y aquel
que lo apuraba todo con delirio.
El mismo que exprimía la vendimia,
el jubiloso, en fin, agonizante
cada vez que el terror sobrecogía
un respiro, una flor, un elemento.
Otros dirán por mí. Nunca lo supe.

1979

Señal

Van a cerrar el parque.
En los estanques
nacen de pronto amplias cavernas
en donde un tenue palpitar de hojas
denuncia los árboles en sombra.
Una sangre débil de consistencia,
una savia rosácea,
se ha vertido sin descanso
en ciertos rincones del bosque,
sobre ciertos bancos.
Van a cerrar el parque
y la infancia de días impasibles y asoleados,
se perderá para siempre en la irrescatable tiniebla.
He alzado un brazo para impedirlo;
ahora, más tarde, cuando ya nada puede hacerse.
Intento llamar y una gasa funeral
me ahoga todo sonido
no dejando otra vida
que esta de cada día
usada y ajena
a la tensa vigilia de otros años.

Extravío en Argos

Al fin y al cabo todo es muerte
menos la muerte.

Morimos hacia adentro
según que ardan las brasas y la luna
o vamos desplomándonos
bloque a bloque cayendo
como río que lava el lodo
y echa a rodar el alma:
otra vez sin saberse cuándo, donde,
como avalancha ardiendo
piedras germinando.

Al fin y al cabo todo es muerte
menos la muerte.

El mirto llora un llanto verde
y el olivar aceite y grito
las mujeres del Argos con las manos
abiertas a la luna de Epidaurus.
Y yo me voy huyendo, devorando
las aceitunas del Peloponeso.

Pero conviene precisar.
No es lo mismo
el corazón a la intemperie
aunque no sea en Nauplia ni navegando.
No es lo mismo salirse con la suya
y mostrarles a todos
una muerte sin sueño ni armadura.
Todo el verdor, los médicos,
Esculapio mismo que te arrulla.

Belisario me propuso para ser miembro del Consejo Directivo de la Casa de Poesía Silva y en el Museo de Arte Moderno, con María Mercedes Carranza (su amiga del alma) y con Gloria Zea. Ahí estuve varios años por cuenta de él, para conocer a muchos artistas, poetas e intelectuales.

Recuerdo una anécdota muy curiosa. Estábamos en una junta y llegó alguien diez minutos tarde excusándose:

— ¡Qué pena Presidente! La verdad, no voy a decir que es culpa del trancón sino que se me pegaron las cobijas.

Y Belisario le contestó:

— Tranquilo mi querido Gabriel Jaime. Es más, les voy a hacer una confesión. Yo solamente tengo un arrepentimiento en la vida y es de haber madrugado tanto.

Belisario dormía muy poco. Son famosas sus anécdotas de que llamaba a sus ministros a las cuatro de la mañana y a sus embajadores a horas tempranas.

EL POLÍTICO

La política es otra huella muy profunda que deja Belisario en mi vida y para siempre.

Cuando Belisario hace campaña en forma (después de un intento frustrado años atrás), en el 70 se lanza como independiente compitiendo contra Misael Pastrana (el candidato oficial del Partido Liberal y del Partido Conservador). Era la época del Frente Nacional y existía la alternación del poder al final del Gobierno de Carlos Lleras Restrepo (presidente liberal), que sucedió a Guillermo León Valencia (presidente conservador).

A pesar de que mi papá no fue político sino arquitecto, apoyó a Belisario en sus iniciativas políticas y lo ayudó a financiarse, entre otras, imprimiendo para él afiches. Recuerdo mucho los de esta campaña, azul claro y fondo rosa con la imagen de Belisario de pie apoyado en el espaldar de una silla y con el slogan:

— Belisario es necesario.

También lo ayudó organizando giras para hacerle campaña en Villeta (donde tenemos la finca de toda la vida) y en Charalá (lugar de nacimiento de mi padre). También lo orientaba en el manejo de sus recursos y mientras Belisario estaba dedicado a la política, mi papá le administraba la plata (buscando que le diera un retorno al invertir sus ahorros en las obras de construcción).

El alter ego de Belisario, Bernardo Ramírez (su gran amigo del alma y su ex ministro de comunicaciones), le ayudó como publicista con la campaña del Sí se puede (con la que llegó a la Presidencia). Bernardo termina, muchos años después, casado con mi hermana Rosario.

Belisario siempre creyó en la necesidad de que fuerzas independientes políticas participaran y que no solamente fueran liberales y conservadores los que se repartieran el poder. Porque el Frente Nacional fue una fórmula para acabar la violencia partidista, fue una contribución que al mismo tiempo cerró la posibilidad a muchas otras corrientes y, como decía él: fue una de las expresiones subjetivas que estimularon la violencia. Las objetivas son, como él lo explicaba, la miseria, la desigualdad, la falta de oportunidades y, las subjetivas, la falta de espacio político, la discriminación, el clasismo y la exclusión.

Todo esto lo combatió porque era un hombre realmente del pueblo, proveniente de una familia de arrieros de Amagá que vivió en condiciones de extrema pobreza (tuvo veintidós hermanos).

A mis doce años me metí a fondo en política y de la mano de mi padrino. Le oía sus discursos, lo acompañaba en sus giras y vivía su sufrimiento. El mensaje de fondo (también transmitido por mi padre aunque de una manera muy distinta), fue la pasión por Colombia, el amor por su país con conocimiento profundo, un deseo de transformación genuino, sincero y con mucho arraigo por su música, su gastronomía, sus paisajes y su gente. Le dimos la vuelta varias veces en carro y así supe temprano de la pobreza, de la injusticia y de la desigualdad.

Belisario canalizó ese amor a través de la política. Toda mi vida he estado en ella aunque detrás de bambalinas como asesor de líderes importantes. Me gusta la política como el arte de gobernar, de liderar, lo público para resolver los problemas, amor que me inculcó Belisario quien entendió que lo que siempre me atrajo fue el ejercicio académico.

Además de ser mi padrino, Belisario fue mi mentor intelectual. Recuerdo que estando yo en la Universidad me invitó a ANIF (Asociación Nacional de Instituciones Financieras que él había presidido), para que conociera a Ernesto Samper Pizano que lo sucedió en el cargo (había sido su alumno estrella en la Javeriana, alguien muy inteligente y con gran sensibilidad social). Y como este puente, tendió otros con personalidades para que pudieran enseñarme de muchos temas. También me invitó a eventos culturales, políticos y académicos, a cenas espléndidas en su casa, a cocteles, almuerzos, tertulias y cafés.

Mi forma de verlo fue como un político de gran ingenuidad (lo que lo hizo sufrir), un hombre íntegro, bondadoso, genuino, decente, transparente. Uno puede criticar a Belisario por muchas cosas pero, me atrevo a afirmar, que nunca nadie dudó de su honestidad y de sus buenas intenciones para tomar decisiones.

Ganar la Presidencia fue muy emocionante, toda una euforia. Él muy alegre pero sereno, con un aura especial, muy humilde, austero y sencillo, sin arrogancia. Llegó a la Plaza de Bolívar manejando un Renault 6.

Sin que yo fuera periodista todavía, respondió siempre a todas mis inquietudes, como lo que pasó con el Palacio de Justicia (pero nunca me dijo nada que no saliera publicado en los medios).

El cambio más importante que hizo y su mayor contribución política (que ha sido reconocida de forma reciente), es que fue el primer Presidente que le abrió la puerta a la paz (una gran frustración en su momento). En su discurso de posesión el 7 de agosto de 1982, dijo algo como:

— “Levanto ante el pueblo de Colombia, una amplia y blanca bandera de paz: la levanto ante los oprimidos, la levanto ante los perseguidos, la levanto ante los alzados en armas, levanto la blanca bandera de la paz ante mis compatriotas de todos los partidos y de los sin partido, de todas las regiones, de todas las procedencias. No quiero que se derrame una sola gota más de sangre de los soldados abnegados, ni de los campesinos inocentes, ni de los obcecados, ni una gota más de sangre hermana. ¡Ni una gota más!”

Belisario fue el primero que soltó palomas de la paz, una bandera que recogió Santos para convertirse en el tema que los unió (Belisario un gran ex presidente y Santos haciendo ahora lo propio, además está el vínculo familiar a través de mi hermana Tutina).

Existen cartas privadas donde Belisario anima a Santos a seguir luchando por la paz y a que nunca se desista. Mi participación en ese tema no se da a la luz pública pero siempre influido por Belisario que nos decía:

— Olvídense de los columnistas y de la opinión pública y sigan adelante que están haciendo lo que se debe. No se ofusquen, no se frustren. Cuando uno trabaja por la paz nunca pierde, nunca.

Cuando tenía que dar declaraciones públicas se ratificaba. Estuvo súper jugado por la paz. Esto fue un apoyo emocional muy fuerte para Santos que vivió una soledad impresionante con respecto a este tema y que pasó por un suplicio muy fuerte y absurdo.

En La Pasión de Gobernar, un libro que hizo Carlos Caballero Argáez sobre el Gobierno de Betancur, dice Belisario en su dedicatoria:

— Pasión que se convierte en penitencia.

FUNDACIÓN SANTILLANA

Belisario tuvo una conexión muy fuerte con los españoles. Hacía eventos con frecuencia y me invitaba también a que diera charlas.

Un par de años después del Hay Festival de literatura en Cartagena, mucha gente que no había asistido y quería saber lo ocurrido, tuvo la oportunidad al escucharnos al profesor Jorge Iván Parra y a mí, en un conversatorio en el que les contamos de los libros y de los autores con los que habíamos intercambiado.

En mayo de 1989 se creó la Fundación Santillana para Iberoamérica, con sede en Colombia, presidida por el Dr. Belisario Betancur, ex Presidente de la República de Colombia, con objeto de promover la presencia activa de la Fundación en los países del área iberoamericana. Desde Bogotá, la fundación mantiene fuertes vínculos de colaboración con países vecinos y ha proyectado su presencia como una de las grandes instituciones de Colombia. Tomado de la página de la Fundación Santillana http://www.fundacionsantillana.com/conocenos/historia-y-objetivos/

EL VIAJERO

Belisario me estimuló mucho el gusto por viajar. Recuerdo un viaje que hicimos y que para mí fue maravilloso e inolvidable, sobre el que escribí algunas notas de memoria.

Cuando el Papa Juan Pablo II lo nombró como Alto Consejero del Sumo Pontífice (cargo honorífico del más alto nivel cuando creó una comisión de sabios del mundo), Belisario llegó a mi casa en Milán para de ahí partir hacia Roma en mi carro, durante tres o cuatro días, en los que conversamos por entre los pueblos.

Hicimos un viaje en dos etapas. Una noche dormimos en Florencia y cenamos en el Cavallino en la Plaza de la Señoría una bisteca a la fiorentina.

Ese viaje me hizo mucho más evidente la grandeza de Belisario, lo brillante que era intelectualmente, su buen corazón, alguien absolutamente dulce, se comportaba como un niño que gozaba con todo. Tenía una curiosidad insaciable, preguntaba todo, quería comprar todo (libros especialmente), quería conocer todo. Me decía:

— Ya que estamos acá, entremos a este pueblecito.

Sabía de él cosas que yo no.

— Entremos aquí que hay una iglesia muy linda donde tienen un cuadro de tal pintor.

Y era yo el que vivía en Italia.

Regresé a Colombia y continué muy de su mano en política aunque no siempre de acuerdo en todo pues había controversia, debatíamos de manera amable, muy agradable y con humor.

BARICHARA

Estuve en Barichara con Belisario, lugar que amó y donde tuvo una casa bellísima, también un taller donde hacen papel de fique, una ludoteca y la biblioteca del pueblo a la que apoyó siempre.

A Barichara la hizo su pequeña Colombia, la caminaba saludando a todos, comiendo helado. Recuerdo que me decía:

— En esta esquina venden unos helados buenísimos. Vamos Mauricio a comprar.

Empezaba hablando de helados para seguir con los antiguos romanos, sus inventores. Porque él echaba cuentos, contaba historias.

EL SER HUMANO INTEGRAL

Fue un hombre exquisito de gran sofisticación intelectual.

Siempre y en todo mostró su dulzura, su ternura, su bondad, su gratitud, su amor por los libros y por la educación. Fue la mejor compañía, alguien de conversación magnífica, la persona más cariñosa y sensible que siempre me brindó su afecto y su consejo. Fue un ser humano fuera de serie, un ser excepcional.

Nunca oí a Belisario hablar mal de nadie, nunca descalificó ni fue grosero para referirse a otra persona (ni para nada). Si no estaba de acuerdo con algo lo decía sin irse contra el otro. Nunca lo vi ofuscado ni de mal genio.

Lo que le cambió la vida fue su amor por las letras, sin lugar a dudas. Era devorador de libros y contó con muy buena memoria. Aprendió a leer a sus cuatro años a la luz de la vela y a través de los periódicos con los que amarraban las cargas en los burros de los arrieros para transportar las cosas.

Con él aprendí a manejar la frustración y desarrollé la resiliencia. Uno de los mejores ejemplos lo recibí en su primera campaña en la que sus seguidores éramos nosotros. Con las derrotas no se ponía triste, seguía trabajando y agradeciendo.

Lo vi muy conmovido varias veces. Cuando murió mi padre en el 2017 nos mandó unas cartas muy bonitas a todos en la familia y, en el entierro, estuvo profundamente triste. También lo afectaban los temas país, sus bemoles y dificultades. Le dio muy duro la muerte de Rosa Elena, una mujer maravillosa que lo dejó solo estando él muy vital y por fortuna llegó Dalita, alguien muy alegre, divertida, llena de vida que le inyectó alegría y ganas de seguir.

De su carácter aprendí que el verdadero poder no está en la fama o en el prestigio, tampoco en la capacidad económica, sino en la bondad del corazón. El poder no es la idea de ser duro, fuerte, imponente, sino que está en la capacidad de persuasión, en el diálogo, en la sensibilidad por el otro, en el desarrollo de empatías.

Me enseñó que no hay límites al cariño sin importar a lo que se dedique uno en la vida. Era abrazador. Recuerdo que a mi mamá le decía: La Mona. A mis hijos los cargaba y estimulaba con sus palabras generosas en elogios. Nos dedicaba a todos mucho de su tiempo, disfrutaba como anfitrión en su casa de buenos vinos y buenas viandas, y hasta tarde (porque sus almuerzos eran de tiro largo).

En el libro Lecciones de Vida (que escribí sobre las enseñanzas de 115 personalidades de la vida nacional, Belisario me contestó algo que me resulta muy conmovedor y realmente impactante:

Las tenues vidas

Una montaña al noroeste de Colombia, en el suroeste de Antioquia. En lo alto de la montaña, una escuela perdida en la niebla. Y en la escuela de una sola aula, una única maestra que enseñaba a veinte niños y niñas las cuatro operaciones –sumar, restar, multiplicar y dividir-, y a leer y escribir. Los niños en la mañana y en la tarde las niñas. Había que caminar media legua, falda arriba, por entre los canelones. A lado y lado del camino, cafetales góticos de los que salía el rumor sinfónico de las chapoleras o cogedoras que desgranaban las rubias gajeras entre los tarros de zinc o en los silenciosos canastos de bejucos. Misiá Rosario Rivera tejía de noche y tejía en la madrugada las planas barrocas que habíamos de escribir en nuestros breves cuadernos. Supimos más tarde que en su bondad y en su dulzura, la maestra era llena de gracia como el Avemaría, según cantara el poeta. La principal lección de mi vida, es la tierna pedagogía de aquella maestra rural, soñadora con la grandeza de sus alumnas y alumnos, que llegábamos cada día por entre los canelones y las canciones de las chapoleras, lloviera o tronara, a recibir de sus dulces labios las primeras lecciones de nuestras tenues vidas.

Tuvo una energía vital impresionante. Vivió 95 años y estuvo perfectamente lúcido hasta el último día (asistiendo a charlas y cenas, y viajando). Amó la vida y le sacó hasta la última gota de provecho, se la gozó entera. También lo vi tranquilo con la muerte. Fue un hombre generoso de espíritu. Por eso, creo yo, que la vida le dio tanto porque él le dio mucho a la vida de vuelta.

Fue un referente con el que jamás pude cerrar la brecha, es más, se abrió, porque él cada vez estaba más alto.

Belisario va a estar en mi corazón y en mi mente siempre, en mis libros, en mis reflexiones y en mis ideas.

Belisario Betancur por Víctor G. Ricardo

He tenido la fortuna de haber conocido durante 40 años a Belisario Betancur, presenciar su labor como Ministro y el honor de trabajar de la mano con él, primero en mi condición de Viceministro de Gobierno y, posteriormente, como Secretario General de su Presidencia de la Republica.

Siendo aún un niño, disfrutaba escuchando interesantes anécdotas y conversaciones que él tenía con mis padres durante sus visitas a nuestra casa. Veía en él un hombre culto, con un gran sentido del humor, una capacidad sorprendente de sostener diálogos sobre el acontecer nacional y la política, siempre bajo un análisis crítico. Definitivamente, era un hombre de admirar. De adulto, lo confirmé y lo vi en la competencia política, donde descubrí ese hombre completo y humanista que todos apreciábamos.

Mientras estudiaba en el colegio y encontrándome muy próximo a comenzar la universidad, acostumbraba a acompañar a mi madre, quien entonces era parlamentaria, a los debates en el Congreso, a los que Belisario muchas veces asistía como Ministro de Trabajo. Allí me apasionaba escuchándole y me llamaba la atención su gran capacidad literaria y su inagotable conocimiento de la historia. Sus pronunciamientos no eran tan directos como los que se escuchan hoy en día, eran cargados de análisis histórico y teoría y así los mantuvo, incluso durante su labor como Presidente de la República.

Belisario, además de poeta, político, filósofo, analítico, en su trabajo era serio y exigente, contaba con una gran memoria y con frecuencia recordaba a las personas los trabajos que no habían presentado, las acciones que no se habían llevado a cabo y los compromisos que aún no se habían cumplido. Belisario actuaba en consecuencia en los Consejos de Ministros, que yo personalmente considero el escenario más importante de un Gobierno, en el que se da el intercambio de conocimiento sobre diferentes temas, para el seguimiento de la marcha y la toma de decisiones.

Los Consejos del Presidente Belisario eran diferentes. Él, en medio de su gran sabiduría y cultura, hacía de esas reuniones además de actos de gobierno unas reuniones catedráticas, en las que incluso recordaba eventos de gobiernos pasados u sucesos históricos, que permitieran tomar una decisión . Analizaba muy bien los distintos temas y observaba de manera cuidadosa sus consecuencias. Sus Consejos de Ministros empezaban a las 7 de la mañana, ni un minuto antes ni un minuto más tarde, porque lo que tenía de inteligente y de recto, lo tenía también de cumplido. A la hora fijada, sin saludos protocolarios ni tiempos perdidos, empezaba la sesión.

Pero la jornada laboral de Belisario empezaba mucho antes que eso, porque dormía muy poco, a duras penas entre 11 p.m. y 3 a.m. No obstante, nunca le faltó energía. A partir de esa hora, iniciaba su día llamando a las embajadas en el exterior y cubriendo todos los frentes de su labor. Más cerca a las 5 a.m. llamaba a su equipo para comentar algún hecho o noticia, hacer alguna consulta o dar instrucciones de gobierno. Siendo una época en la que las telecomunicaciones poco se parecían a lo que tenemos hoy en día, desde el Palacio de Nariño salía un repartidor en moto a eso de las 4a.m., con un rollo de télex, comunicándonos las principales noticias y los editoriales de los más importantes periódicos del país. Yo personalmente, madrugaba para no dejarme sorprender por la llamada del Presidente.

Escribiendo estas palabras, solo me vienen recuerdos de un hombre fundamentalmente humanista, que jamás dejó de lado a las comunidades y les daba el espacio que requerían para que fueran escuchadas. Procuraba que no se generaran falsas expectativas sobre obras o acciones que era imposible realizar o que no se atendieran las relaciones con la clase política desde el punto de vista institucional. Belisario era un hombre, pero sobre todo un líder ejemplar. Materializaba carisma, ejemplo mediante la acción, era noble, valiente y lleno de sabiduría. Para mí, fue un gran ejemplo en mi formación como político y como ser humano.

LOS MOMENTOS DIFÍCILES

No todos los momentos fueron color de rosa, atravesamos cosas muy difíciles para la Presidencia y para la historia de Colombia. Tal vez Betancur ha sido uno de los presidentes que ha tenido que enfrentar los hechos más graves de la historia de nuestro país, desde diferentes frentes: el de los fenómenos naturales, el del conflicto y la seguridad nacional y el financiero.
Un Jueves Santo, 31 de marzo de 1983, le tocó asumir la responsabilidad como mandatario frente al lamentable terremoto de Popayán, un desastre natural que dejó a la ciudad semi destruida, teniendo su gobierno que reconstruirla en medio de uno de los momentos fiscales más difíciles del país. Belisario debió enfrentar una compleja situación económica que lo obligó a hacer muchos esfuerzos, como restringir el gasto público y controlar los gastos de los ministerios y las diferentes entidades estatales. Recuerdo que, entre otras cosas, ordenó como Secretario General de la Presidencia que autorizara o denegara los viajes al exterior de los funcionarios y cuidara muy bien que no se hicieran en clase ejecutiva. Además de llevar un control sobre los nacionales.

Un hecho que también marcó su Gobierno fue la toma del Palacio de Justicia por la guerrilla del M-19, el 6 de noviembre de 1985. Un ataque terrorista en el que acabó con las vidas de magistrados de la Sala Plena de la Corte Suprema de Justicia, guerrilleros y muchos ciudadanos. Recuerdo que entonces su hermano, Jaime, era Consejero de Estado y estaba en el Palacio de Justicia cuando se produjo la toma. Ese día en la noche, antes que se vieran las llamas del Palacio, tuvimos en mi despacho una reunión informal del Consejo de Ministros. Estábamos analizando lo ocurrido y examinando el mejor camino a seguir cuando uno de los ministros hizo alusión a que el hermano del presidente estaba en el Palacio de Justicia. En ese momento, el Presidente tomó la palabra e hizo un relato de la cercanía, admiración y amor que le tenía a su hermano y concluyó diciendo que en esos momentos la democracia y las instituciones estaban por encima de ese inmenso amor, y que por lo tanto las decisiones que se tomaran tenían que estar ajenas a esta situación familiar -una actitud honorable y admirable de su parte. Y así lo hizo. Tomó las decisiones que creía eran las mejores para el país y que estaba convencido que serían las más adecuadas para el futuro de Colombia y su democracia. Su actuar en la toma del palacio demostró que, si bien era un hombre de concertación, tenía también el valor de la autoridad. En esos días, quizás los guerrilleros pensaron que él iba a abrirse a la negociación. Inmediatamente dijo que hablaría con ellos pero que no negociaría. La gente no entendió que, así como había abierto las manos a la solución política de un conflicto, también era capaz de tomar decisiones drásticas .

El país, el Presidente y todos sus funcionarios no nos habíamos recuperado de la tragedia del Palacio de Justicia cuando, tan solo unos días después, el 13 de noviembre, ocurrió otra tragedia, la de Armero. Otro desastre natural, resultado de la erupción del volcán Nevado del Ruiz, que dejó más de 25 mil muertos y sepultó en el barro a este municipio del Tolima.

También, durante su gobierno asesinaron al entonces Ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, el 30 de abril de 1984, un hecho que evidenciaba la difícil situación de orden público, la acción de los capos del narcotráfico y los grandes desafíos que enfrentaba Colombia y su gobierno. Asimismo, tuvo que hacerle frente a los distintos movimientos armados irregulares que actuaban en el país como las FARC, el ELN, el M-19, el Quintín Lame, el EPL y algunos otros.

Ante la proliferación de guerrillas y su impacto en la ciudadanía, Betancur se atrevió a iniciar un proceso de paz y lo que hizo fue un ejemplo para poder iniciar los demás diálogos de paz. Por eso, siempre he dicho que la paz perfecta o imperfecta que se haya obtenido no es producto de un gobierno sino de la secuencia de gobiernos y de los acuerdos que se hicieron en el pasado y que abrieron camino para lograr objetivos. Desde el inicio de su gobierno siempre insistió en abrir canales de diálogo.

CONSERVADOR, POETA Y DEMOCRÁTA

Alguna vez, el presidente me comentó que cuando fue Ministro, en los años 60, le pidió cita después de un consejo de ministros al entonces Presidente, Guillermo León Valencia. El Presidente entonces le preguntó si era un asunto urgente porque estaba extremadamente ocupado, a lo que según recuerdo Betancur le respondió que efectivamente le urgía tener una conversación pues quería hablar sobre su salida del gobierno. Sorprendido, Guillermo León Valencia le preguntó sus razones, reconociendo la gran gestión que Betancur había realizado en su labor. Y Betancur, como siempre honesto y transparente, le admitió que debía salirse para poder también ser presidente del país. De la historia, recuerdo a Belisario narrando las palabras de Guillermo León Valencia – “Hay que tener claro que para ser presidente la mejor fórmula en el mundo moderno [de ese momento] no solamente es tener el nivel intelectual, profesional y la experiencia, sino también haber construido un pequeño patrimonio que le dé la capacidad de decir no a las grandes riquezas” y por tanto es importante que su actividad profesional tenga también éxitos que permitan ese objetivo.

Sus palabras fueron una lección para Belisario, y también para mí cuando compartió la anécdota, porque es cierto que uno debe buscar autonomía económica y patrimonio propio, para que cuando se llegue al poder se piense permanentemente en el bien común y en la acción social y no en los problemas económicos y la ambición personal, como se ha presentado, con funcionarios sin valores que se han enriquecido a costa del Estado y, por tanto, de los colombianos.

Logró en política, entre otras cosas, unir distintas fuerzas alrededor de su candidatura a la Presidencia. Su partido, el Conservador, lo postuló para que compitiera con el candidato Alfonso López, quien tenía toda la fuerza del Partido Liberal. Betancur convocó el Movimiento Nacional, la ANAPO -seguidores del general Rojas Pinilla- y de personas de la intelectualidad de distintos partidos e ideologías políticas que lo veían como una opción de cambio.

Una vez lograda la victoria, trabajó en búsqueda de la gobernabilidad, que lo llevó a construir una alianza basada, no en repartición burocrática, sino en acuerdos programáticos, pensando en política de gobierno. Pero, como en todos los países, a medida que pasó el tiempo esas mayorías se fueron debilitando y, para tratar de aliviar la pena nacional que había ante tanta tragedia, el Presidente decidió invitar a Colombia al Papa Juan Pablo II.

Para entonces, Colombia no contaba con el aparato institucional que tiene hoy en día, por varias razones: había menor capacidad presupuestal, la tecnología no era tan avanzada, no existían los recursos adecuados para efectos de inteligencia, el personal en el Ejército y la Policía era mucho menor y éste había sufrido un golpe en el año 50 (como consecuencia del 9 de abril de 1948) cuando la Policía tuvo que pasar al Ministerio de Defensa. En todos los países del mundo, la policía es un cuerpo ciudadano, pero en Colombia, como habíamos vivido una lucha política partidista y dicha policía se criticaba por haberse politizado, ésta fue trasladada al Ministerio de Guerra (como se llamaba entonces el hoy Ministerio de Defensa) y le prohibieron el voto.

La estructura en aquel entonces era muy distinta. El Congreso por su parte, tenía objetivos importantes, estaba compuesto por personas muy preparadas y con mucha tradición en los diferentes campos. Había partidos sólidos institucionalmente hablando, con dirigentes y líderes respetados que, cualquiera que fuera su posición sobre algún asunto, cumplían con su mandato respetando con su filosofía.

De Betancur aprendí que más que mirarse a sí mismo, lo que había que medir era el balance en el resultado de la acción del Estado en lo social. Él se preocupaba por buscar la equidad, sacar de la pobreza a la población, solucionar la falta de educación, trabajar porque todos los días se dieran mayores soluciones de vivienda, todo como base para una paz integral.

En su gobierno, habló de las dos Colombias. Para entenderlo mejor, lo explico. En una época, el país estaba dividido en departamentos, intendencias y comisarías (los jóvenes quizá no lo saben, pero habían entidades territoriales de distintos niveles). Las intendencias y comisarías estaban fundamentalmente en zonas rurales, en los lugares selváticos y menos desarrollados -esto constituía lo que él denominaba la “Otra Colombia”. Belisario hablaba de acercar la “Otra Colombia” a la Colombia desarrollada, queriendo unificar el país en todos los sentidos con el fin de construir una sola Colombia, acercando de alguna forma aquella Colombia marginal y apartada a las ciudades.

Era un demócrata, un conservador de mente abierta, que no le temía a las diferencias porque sabía que era parte de la vida social y política de la Nación. Siendo Presidente de la República, su hijo era miembro del partido de izquierda MOIR. Como secretario general de Presidencia fueron muchas las veces en que recibí información sobre la presencia de su hijo en algún barrio del sur de Bogotá haciendo un discurso contra el gobierno de su papá. En ese entonces, yo no lo podía entender.

Un día Diego llegó a Palacio y lo saludé un poco frío. Poco después el Presidente me dijo que Diego se lo había comentado y me preguntó por el porqué de mi frialdad . Al comentarle yo que le estaba haciendo oposición en los barrios del sur de la capital, él me respondió que “en las democracias uno debe respetar las libertades y la diferencia de pensamientos”. Yo no lo entendía, pues se trataba de su hijo. Sin embargo el profundizó diciendo que cuando realmente se respetan, se hace no solamente con las personas ajenas a uno sino también con las cercanas. Me pidió que recordara que Diego era libre para pensar y opinar y como tal, le respetara como hombre y como su hijo.

El Presidente Betancur también solía decirme “nunca escriba usted algo de lo cual tenga el temor de arrepentirse”. Esa frase ha sido una enseñanza que he usado mucho en mi vida porque en eso tenía razón, porque, “uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que dice, y sobre todo de lo que escribe pues escrito queda”.

Belisario Betancur era un hombre maravilloso y envidiablemente multifacético. Hasta poético en su esencia. En los primeros días de su gobierno, recién me nombró viceministro de gobierno, recuerdo haber dudado de mi capacidad para desempeñar el cargo cuando en una reunión dijo “es que en este país tan lindo, en esta ciudad que con sol es maravillosa, hoy las nubes no dejan ver el verdadero trasfondo del mandato que ideológicamente se vive”. Yo no entendí, pero luego mi madre me hizo ver que era su manera poética de expresar que hacía referencia al régimen conservador, por el azul del cielo. Así fue que comencé a entender lo incomprensible, pude involucrarme en el romanticismo del lenguaje literario, poético y filosófico, que al principio me costó mucho trabajo.

Betancur era un hombre cordial, un caballero y un marido que vivía muy pendiente de su señora. Cuando fui secretario de la Presidencia me dijo:

— Bueno Víctor. Su responsabilidad en el cargo claramente la establece la Constitución y las normas. Usted es el jefe del aparato de la Presidencia de la República, es coordinador de Gobierno, jefe del departamento administrativo de la Presidencia y del Gobierno, pero en tal calidad también le pido el favor que así como mi despacho queda a su derecha, no solamente mire hacia acá y atienda las órdenes que desde aquí se le dan sino que también cuide su izquierda porque mi señora es fundamental.
Me pidió que atendiera a Rosa Elena, que estuviera pendiente de sus políticas y de sus proyectos. Evidentemente así lo hice.

Era un hombre venido de muy abajo, de la base social, sencillo, abierto, claro. Recuerdo que en un discurso ante las Naciones Unidas contó su origen. El Presidente de Colombia, que llegaba representando un país rodeado de seguridades, había nacido en un pequeño pueblo de Antioquia como Amagá, se había educado con alpargatas porque no tenía cómo comprar zapatos; contó cómo su familia lo había ayudado a educarse; cómo trabajaba mientras estudiaba en la Universidad y así se hizo cargo de la imprenta para que le pagaran y pudiera comer; y cómo, a punta de esfuerzo, había llegado a la primera magistratura del Estado. Y en un discurso poético, todas las Naciones Unidas en pleno y los miembros que asistieron, lo aplaudieron y los medios de diferentes partes del mundo registraron ese discurso como el hombre que nació en la pobreza y llegó a dirigir los destinos de un país.

Y luego de dirigir al país, Betancur tomó una decisión que cumpliría hasta los últimos días de su vida:

— Hasta aquí lo público. En adelante, que la historia me califique y me juzgue y yo me dedico a la academia y a la literatura.

Así lo hizo. Y también se convirtió en un embajador cultural de Colombia en el mundo. Nunca quiso polarizar y cuando se escuchaba su voz era un llamado a la concertación, a la unidad, a la paz, pensando en objetivos comunes que hicieran del país una sola Colombia.

Poco tiempo después de salir de la Presidencia, le comenté que quería hacer una convocatoria social a quienes habían sido sus ministros para que compartiéramos un rato. Y él, en ese respeto íntegro que siempre tuvo sobre las ideas ajenas me dijo:

— Mire Víctor. Me parece muy agradable lo que usted está planteando, pero no lo haga porque no quiero que mis colaboradores se sientan atados a mis ideas, a mis posiciones o a mis acciones. Ya me ayudaron y estoy altamente agradecido con ellos. Ahora lo que quiero es que de cada cual fluya una relación, con unos la tengo más que con otros, pero que nadie se sienta obligado.

Días antes de morir, en una cena en su casa con la participación de amigos y algunos embajadores me dijo:

— Víctor, hágale a los asistentes un análisis de lo acontecido en Colombia en materia de orden público y de paz.

Cumplí sus deseos y estuve relatando los distintos hechos, anécdotas y situaciones y cuando finalicé me di cuenta que él me miraba con agrado, como cuando uno mira a su hijo con orgullo. Al final me dijo:

— Víctor quiero decirle que soy un asiduo lector suyo y debo también confesarle que en la mayoría de las veces me identifico con usted, pero no en otras.

Belisario Betancur por Víctor Hugo Malagón

Tengo recuerdos muy vivos de mi infancia alrededor de Belisario Betancur como Presidente de la República, hechos históricos complejos de la vida política y social de nuestro país entre 1982 y 1986, pero de forma particular recuerdo a ese Presidente de la República que invitó al Santo Padre a Colombia, una semana blanca, una semana de esperanza para nuestro país con, el hoy Santo, Juan Pablo II con quien además el Presidente Betancur forjó una relación muy especial de amistad y cercanía, y que se profundizó en el tiempo llevándolo incluso a ser miembro destacadísimo de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales en el Vaticano. Esta visita transformó al país devolviéndole la esperanza y la alegría en momentos tan difíciles.

En el 2001, tuve el privilegio de conversar con el Presidente Betancur, en el marco de una cena muy especial en el Casino de Madrid, convocada por miembros del patronato y directivos de la Fundación Carolina en España. Son inolvidables para mí sus anécdotas, relatos e historias. Aproveché para referirme a mis primeros recuerdos de su mandato y muy especialmente a la creación del instituto de estudios sociales presidido por él mismo en memoria del Papa que se dedica a estudiar la doctrina social de la iglesia.

Hacer esta referencia lo animó a contar la historia de por qué se creó este instituto conocido como Instituto Fiel, mencionó entonces que él acompañó al Papa en su recorrido por el país y en el último escenario, Barranquilla, se acercó a su Santidad para agradecerle su visita a Colombia y le dijo que como Presidente de la República quería darle un regalo. El Papa Juan Pablo II, en medio de su humildad, le dijo que no aceptaría ningún regalo pero el Presidente Betancur insistió, a lo que el Papa le contestó:

— Bueno, entonces cree un instituto de pensamiento social de la iglesia y promueva la aplicación de la doctrina para el bien de la sociedad.

— Vamos a hacerlo y llevará su nombre.

— No puede ser, no lo autorizo – respondió Su Santidad –

— Como esto que usted me está diciendo Su Santidad no es ex cáthedra, yo no me veo obligado a acatarlo, por lo tanto crearemos el centro con su nombre.

Ese fue entonces el regalo en honor a Su Santidad. Actualmente el Instituto Juan Pablo II – Fiel, continúa activamente desarrollando su función, bajo la dirección del Dr. Jorge Cárdenas Gutierrez. Dieciséis años después de aquella entrañable conversación en Madrid, el Presidente Betancur, el Consejo Directivo y el Director Ejecutivo del Instituto me hicieron el enorme honor de elegirme como miembro del Consejo Directivo.

Luego vienen una serie de hechos que convierten a Belisario Betancur, digo yo abusivamente, en mi mentor, en mi referente, en mi profesor y en mi amigo.

Años más tarde y después de haber sido becario y asesor de la Fundación Carolina en España, me llamó para que regresara al país y asumiera la secretaría general de la Fundación Carolina en Colombia. Esta nueva aventura, bajo su tutela, ha determinado mi vida para siempre. En compañía de S.M. el Rey de España, el Presidente del Gobierno Español, varios de sus ministros, los presidentes de las empresas españolas más representativas, otros expresidentes y exprimeros ministros destacados de Iberoamérica, el Presidente Bentancur era miembro fundador del Patronato de la Fundación Carolina en España y era también Presidente de la misma en Colombia acompañado del embajador de España en nuestro país, el expresidente Andrés Pastrana y los más ilustres y destacados empresarios comprometidos con la educación y el desarrollo del país.

Su liderazgo y su compromiso cierto e ineludible con la tarea de la Fundación Carolina, ha permitido impactar la vida de miles de ciudadanos colombianos y latinoamericanos que hemos tenido la oportunidad de cursar maestrías y doctorados del más alto nivel a través de becas iberoamericanas que resultan ser la mejor, más visionaria y mayormente remuneradora de las inversiones: la inversión en educación para nuestro talento humano, o lo que los economistas preferimos llamar Capital Humano.

Él era un profesor permanentemente, en cada conversación daba una lección de vida sin que se lo propusiera. Más allá de las oportunidades de crecimiento personal que brindaba, se convirtió en un mentor y como tal, son muchos los momentos de intimidad y de conversación en los que siempre hubo una palabra de aliento, una enseñanza, una anécdota todas llenas de sabiduría.

Recuerdo muy especialmente aquella contada por él, en sus primeros años como estudiante muy aventajado del seminario de Yarumal. Hijo de campesinos humildes y habiendo aprendido a leer a los tres años en las montañas de Antioquia, ingresó al Seminario donde el rector era Don Aníbal Muñoz Duque y Don Belisario, muy precoz, muy crítico y retador, sabía más griego y latín que sus maestros y los puso varias veces en aprietos hasta ser expulsado. Muchos años después se encontraron en casa del Nuncio Apostólico siendo él Presidente de la República y Don Aníbal Muñoz Duque el Cardenal y Arzobispo Mayor de Bogotá: entre risas y amistad se quejaba el Presidente Betancur de aquel Rector que lo había expulsado del Seminario y se quejaba el Cardenal de aquel estudiante del seminario que lo puso en tantos aprietos.

También recuerdo que nos contaba, con mucho entusiasmo, aquella historia sobre cómo conoció al gran botánico, conservacionista y científico Richard Evans Schultes, “el gringo” – como lo llamaban las comunidades, habitantes y colonos- que dedicó su vida al estudio y conocimiento de la enorme riqueza amazónica. Fue en 1953 en una Maloca después de una larga travesía por el Río Apaporis en compañía de Enrique Gómez Hurtado y en medio de una investigación periodística para el periódico El Siglo, encargada por el presidente Laureano Gómez a los dos jóvenes periodistas (Betancur y Gómez) sobre biodiversidad y cuidado del medio ambiente. Desde ese encuentro en 1953, magistralmente registrado en el libro “El Río” del profesor Wade Davis, el Presidente Betancur iniciaría una maravillosa amistad con Schultes, que aún seguía recordando en el marco de importantes iniciativas como la Comisión Mutis, en la que nos contaba, por ejemplo, que gracias a Schultes existe en la Universidad de Harvard un Museo de Orquídeas del Amazonas diseñado y fabricado en cristal de Bohemia patrocinado por empresarios europeos seguidores de la obra del conservacionista.

Todo esto suma a las evidencias que señalan que Belisario Betancur no sólo fue un político, pensador, escritor, poeta y librero, sino un profundo enamorado de lo ambiental y muy comprometido con su cuidado. Mencioné a la Comisión Mutis, un grupo conformado por ilustres rectores, académicos, científicos y personas de Universidad liderados por él, que nos reunimos en una comisión que promueve la vida y obra del muy admirado gaditano José Celestino Mutis. En su vida pública, Bentancur defendió y promovió siempre la idea de una segunda expedición Botánica, fue un defensor acérrimo del patrimonio que suponen las láminas de esa expedición, fue un ferviente estudioso de su legado y gran artífice como presidente, político, periodista, ambientalista y hasta librero, de una compleja negociación internacional entre los gobiernos de España y de Colombia, mediada por el entonces Director General de la UNESCO, el senegalés Amadou-Mahtar M’Bow, para la impresión conjunta en editoriales colombianas y españolas de las láminas de la Real Expedición Botánica de José Celestino Mutis, un proyecto editorial aún no terminado.

Muchas son las historias, las anécdotas, las vivencias y aprendizajes alrededor de una figura superior de la historia reciente de Colombia: sus múltiples campañas presidenciales, su liderazgo en el valiente y famoso “Escuadrón Suicida” de jóvenes políticos demócratas que lucharon contra la dictadura militar, sus historias como Embajador de Colombia en España, período en el que obtuvo una curiosa fama entre el cuerpo diplomático por haber sido el último que presentó credenciales ante el general Francisco Franco y haber vivido de primera mano, e incluso como protagonista, la transición de España hacia la democracia, fue amigo del Rey Juan Carlos I e incluso profesor del Rey Felipe IV de España. La historia no reconoce suficientemente, a mi modo de ver, su papel protagónico y decisivo en los procesos de paz de Centroamérica.

En el gran acto de conmemoración de los diez años de la muerte de Álvaro Gómez Hurtado, el Presidente Betancur era un invitado de honor, pero no pudo asistir al evento en el que participaban todos los ex Presidentes de la República, pues se encontraba en una reunión del Club de Madrid en Portugal. Entonces le envió una carta al Dr. Enrique Gómez Hurtado, excusando su presencia y diciéndole que su representación estaría en cabeza de Víctor Hugo Malagón, entonces columnista del Nuevo Siglo y profesor de la Universidad Sergio Arboleda. Fue un honor intimidante y desafiante para mí. Llegué al evento pero los equipos de protocolo, decidieron que, a pesar de la delegación, yo no tendría el uso de la palabra. Durante todo el evento no hice otra cosa que pensar en cómo contarle al Presidente Betancur, a su regreso, que no pude cumplir con la delegación encomendada.

El evento transcurrió según la decisión de protocolo, sin embargo al cierre del mismo y después del discurso del entonces Presidente de la República Dr. Alvaro Uribe Vélez, él regresa a la mesa principal y se le acercan rápidamente los doctores Enrique Gómez Hurtado y Carlos Holguín Sardi y le dicen algo al oído. Inmediatamente el Presidente Uribe interrumpe el acto – que estaba ya finalizando- hace llamar al presentador y de la unas indicaciones. El presentador vuelve a tomar la palabra y anuncia que el delegado del Expresidente Betancur tendrá el uso de la palabra y, antes de llamarme al atril, da lectura a la carta del Presidente Betancur. Con algo de sorpresa y algo de insubordinación, hice uso de la palabra con absoluta calma, sin prisa alguna y dando lectura adecuada y merecida a las palabras del Presidente Betancur, asumiendo con toda dignidad el encargo honroso y atrevido.

Mi última conversación con él se dio de manera reciente, fue especial y diferente a todas las demás, de varias horas. Quizás fue la más clara que puede tener un maestro con su discípulo, de consejos ciertos y profundos, y de agradecimiento.

De los consejos recibidos mencionaría como los más relevantes aquellos referidos a la condición humana frente a muchas situaciones sociales, especialmente frente a las tentaciones y espejismos del poder. En sus últimos días me hizo unas reflexiones sobre los riesgos del ejercicio del poder (con minúscula): el que obnubila, el que quita claridad mental, el que envilece, el que genera una serie de deidades que en el largo plazo y en el fondo no necesariamente construyen a la persona y a su dignidad.

Siempre hizo reflexiones sobre su vida en positivo y bajo una extrema prudencia de la que aprendí tanto. Vivió la humildad real y cierta hasta el final de sus días, basta con apreciar sus últimas disposiciones sobre su propio funeral.

Su hija Beatriz, a quien aprecio profundamente, en la academia colombiana de la lengua española, lugar de su velación me dijo:

— Fuiste su consentido, siempre hablaba de ti y pensaba en ti. Te quiso muchísimo.

Así me sentí siempre, sin embargo, la relación que tuvimos fue muy formal y profesional (pensó siempre que yo era abogado pues me hablaba de temas jurídicos siendo yo economista).

Fue un hombre protocolario que aplicó siempre la decencia y fue muy riguroso en el buen trato hacia los demás. Nunca lo oí hablando mal de nadie, nunca buscó destruir ni hacerle daño. Valoré siempre el interés legítimo que sintió por el bien de todos. Sus mensajes eran manuscritos con una letra perfecta e inspirados desde el fondo de su corazón. Hizo uso de la palabra adecuada, precisa, dio un manejo maravilloso del discurso, tuvo mucho sentido de elegancia, de dignidad, de la altura que merecen todas las instituciones y las personas.

Recuerdo con enorme gratitud que por, su propia iniciativa, y con absoluta generosidad, convocó y fue el anfitrión en el lanzamiento de mi libro “Ética y Responsabilidad, el Nuevo Reto de Generación de Valor en las Organizaciones” y que se realizó en la querida casa de la Fundación Santillana como último acto público antes de que cambiara de sede. Allí me enseñó también a valorar el esfuerzo propio, que no hace falta tener grandes apellidos ni abolengos para entregarle a la sociedad un trabajo bien hecho.

Fue activo hasta su último aliento. Quince días antes de ingresar a la Fundación Santa Fe (un martes 27 de noviembre antes de su muerte), envió un manuscrito excusándose de participar en el Consejo Directivo de la Fundación Carolina lo que nos sorprendió a todos que pensamos que sus razones tenían que ser muy fuertes porque no era usual este tipo de situaciones.

Rendirle homenajes en vida fue para mí muy importante, por eso rescato el trabajo que hicimos para que se le otorgara uno de los grandes honores de la Universidad del Rosario como el de ser Colegial Honorario, tal como lo fue el gran José Celestino Mutis. Él como Presidente fue Patrono del Colegio Mayor y uno muy activo por cierto pues valoró mucho al Rosario con generosidad y entrega.

Seguirá vivo en mí en el permanente ejercicio de procurar decidir correctamente, con prudencia, con humildad y, sobre todo, sin negociar principios. Estas son las grandes lecciones que me dejó y que son aliciente en la toma cada vez más compleja de decisiones profesionales e institucionales, porque fue intacto en sus principios, en sus convicciones y en su inspiración. Como su alumno intentaré hacer lo mismo que él hizo como joven “paisa” cuando vino a Bogotá: “a buscar destino”.

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